LAS FALSAS JUSTIFICACIONES
El prestigioso "Courrier International" se hace eco con perplejidad de las declaraciones del director del Departamento de Psicología Animal de la Universidad de Madrid, Juan Carlos Illera, en las que afirma que el toro no sufre en la corrida. Afirma además que el toro está más estresado en el transporte que durante la propia corrida.
Decir semejante barbaridad es entrar en un juego sin salida, acorralado ante la falta de argumentos y a la falta de ética más universal, es entrar en un terreno de no tener evidencias para defender lo que ya de por si es indefendible. Si un insecto se posa en un toro, éste lo espanta inmediatamente demostrando así la extremada sensibilidad de su piel. La pica o puya acaba en una punta de acero de unos 14 cm. de largo que debe penetrar "sólo" 3 cm. a la altura de la cruz. En la práctica, los picadores aumentan la penetración que puede llegar hasta 9 cm. llegando a perforar el pulmón lo cual provoca una hemorragia que limita la capacidad del toro. Las banderillas son afilados arpones de 6 cm. a 8 cm. que los banderilleros clavan, en número de 4 a 6, cerca o dentro de las heridas hechas por los picadores. Estos arpones tienen la facultad de actuar como palanca a cada movimiento del toro horadando y desgarrando todos los músculos del cuello.
Se mata al toro clavándole una espada entre las vértebras del cuello para llegar al corazón y fulminarle. Esto no ocurre prácticamente nunca. El toro malherido en un pulmón, una arteria o el corazón, agoniza gimiendo lastimosamente y vomitando sangre. Debe ser rematado con la puntilla, un puñal corto cuyo destino es seccionar la medula espinal lo cual, supuestamente, acaba con el sufrimiento del animal, que ironía si las "personas" a las cuales les gustan las corridas de toros dicen que el toro no sufre. Eso tampoco ocurre así y el toro queda paralizado pero consciente durante todo el proceso de arrastre y posterior despiece.
Supongo que tiene razón Cloé Madanés, reconocida en Estados Unidos como la mejor especialista en el tratamiento de los conflictos violentos en el seno de la familia, que el violento es un inmaduro, porque es alguien al que desde fuera puedes sacar de sus casillas, no sabe dominarse, es dependiente. Es un ser inferior.
El que esta noticia salga publicada en un medio de tanto calibre nos ha de hacer reflexionar qué país estamos exportando. Si. Porque no sólo se exportan productos o mercancías, también los países deben ser portadores y exportadores de valores y derechos. Y España está a la cola más absoluta a nivel europeo en cuanto a los derechos de los animales. Porque si la España que pretendemos llevar más allá de nuestras fronteras es aquella en la que se tortura y se humilla a un animal por el placer de unos cuantos o esta sociedad está rota o nos hemos metido en la máquina del tiempo y este país sigue siendo el de las palmas y la pandereta. El de la Vergüenza Nacional. Una España bárbara anclada en las tradiciones más sanguinarias y ancestrales.
Javier Montilla Valerio
Periodista y escritor












