120 conejos fueron liberados el 1 de mayo

La víspera al día del trabajador, fueron liberados 120 conejos que permanecían hacinados en las jaulas de una antigua granja de visones, donde iban a ser asesinados para servir de comida. Vivían 5 en cada jaula en la cual no podían ni darse la vuelta, donde no veían la luz del día. Al sacarlos al prado no corrían, tenían los músculos atrofiados de no poder moverse ni hacer el más mínimo ejercicio desde el mismo día de su nacimiento.

La víspera al día del trabajador, fueron liberados 120 conejos que permanecían hacinados en las jaulas de una antigua granja de visones, donde iban a ser asesinados para servir de comida. Vivían 5 en cada jaula en la cual no podían ni darse la vuelta, donde no veían la luz del día. Al sacarlos al prado no corrían, tenían los músculos atrofiados de no poder moverse ni hacer el más mínimo ejercicio desde el mismo día de su nacimiento.

No es intención aburriros con otro relato de un/a preso cualquiera, escribimos estas líneas con la esperanza de que alguien nos ayude. Como nosotros hay millones en todo el mundo y sois pocos los que os prestáis a echarnos una mano, nunca mejor dicho una mano que nos ayude a escapar de nuestra mísera rutina, que nos permita por primera vez ver la luz. Animaros hermanos , recordar que mañana podéis ser vosotros los que os veáis privados de vuestra libertad, si fuera así ¿Desearíais estar tan olvidados como nos tenéis a nosotros?.

Desde una cárcel cualquiera

Mi mirada distante en la nada da comienzo a otro día de mi triste vida. Siento mi espalda húmeda por la orina de uno de mis compañeros que dormía apilado encima de ella, bajo mis pies siento unos fríos barrotes metálicos, exactamente iguales a los del techo y a los de las paredes. Tengo los músculos entumecidos, nunca he podido hacer el mas mínimo ejercicio, ni tan siquiera andar mas de dos pasos seguidos, en la misma situación que yo están mis otros cuatro compañeros de prisión. Juntos nos apoyamos el uno al otro, abrazando nuestros cuerpos en un rincón de la mísera celda que es lo único que hemos conocido en nuestra triste existencia. Transcurren las horas sin nada que hacer, no puedo buscar mi comida, no, no soy yo quien decide lo que debo comer. Tampoco me puedo preparar mi hogar, no puedo hacer nada de lo que haría si fuese libre, mi cuerpo está preparado, y necesita llevar una forma de vida completamente distinta a la que lleva aquí. Mi carcelero decide por mí. La noche, fría como el aire que se cuela entre los gélidos barrotes, llega mientras oigo los gemidos de todos y cada uno de los presos que se encuentran hacinados en esta inmunda prisión.

Ahora cierra los ojos e imagina que soy un conejo.

Ahí fuera, somos conscientes de que las personas saben nuestras condiciones, pero sabemos la mayoría apoya nuestra esclavitud, y son tan solo unos pocos los que están dispuestos a ayudarnos. ¿Eres tú uno de ellos? Si es así cuando estemos libres, te lo agradeceremos...

120 conejos liberados el 1 de mayo

La granja estaba protegida por un perro que pasaba todo el día encadenado, y solo por la noche se le permitía andar alrededor de las celdas de sus hermanos. Alrededor de la granja había matorrales en los que el dueño de tan cruel negocio acostumbraba a dejar colgando los cadáveres de algunos de los prisioneros que tras un inimaginable sufrimiento habían fallecido.

Dedicamos esta acción a todos los conejos, ciervos, cerdos, monos, vacas... a todos nuestros hermanos y hermanas oprimidos injustamente por los seres humanos. Esperamos que este relato haga pensar a todos aquellos que dicen estar en contra de de la opresión, del abuso de poder, de la explotación, de la tortura, del asesinato innecesario, de las jerarquías y que no sabemos por qué reproducen esas mismas actitudes contra las que luchan diariamente, en su alimentación, en su plato.

María García

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