Preguntas incómodas a Peter Singer

Muchos chicos sienten afecto por los animales, y cuando cobran conciencia de lo que están comiendo, se rebelan. Los padres no deben presionarlos de ninguna manera para que coman animales que no quieren comer.

Preguntas incómodas a Peter Singer

¿Alguien lo tomó en serio cuando por primera vez habló de los derechos de los animales en 1975?

Pocos. La mayorí­a pensó que se trataba de algún tipo de chiste. Ahora estos temas se discuten muy en serio, y hay cierto grado de apoyo sobre las ideas que postulo. Por ejemplo, el hecho de que los animales sienten dolor y tienen cierto grado de conciencia, y por lo tanto son dignos de que los tengamos en cuenta y no les inflijamos sufrimiento innecesario. Hoy ningún cientí­fico se atreverí­a a postular que los animales no sienten dolor. De hecho, hay experimentos en los que el dolor es parte de la premisa: aquellos que exploran cómo los animales reaccionan a los padecimientos fí­sicos psicológicos, por ejemplo. Cuanto más descendemos en la escala evolutiva hay más desacuerdo, pero el consenso es absoluto respecto de los mamí­feros y las aves, y también hay bastante evidencia en ese sentido de los demás vertebrados.

También hay quienes postulan que las plantas sienten...

No existe evidencia confiable en ese sentido. Parece bastante sólido el precepto de que sin un sistema nervioso central, no hay posibilidad de percepción del dolor.

Muchos se oponen al sufrimiento innecesario de los animales, pero admiten matarlos para comer...

Pero comerlos tampoco es necesario. Es un lujo, un placer; no una necesidad. Y no es sólo cuestión de matarlos o no, sino de las condiciones en que se los crí­a para faenarlos, condiciones que no respetan las mí­nimas necesidades de los animales. No podemos justificar estos padecimientos sólo por nuestro goce. Si se tratara de una cuestión de vida o muerte serí­a otro cantar. Pero hoy sabemos que se puede llevar una vida perfectamente saludable sin causar esa clase de sufrimiento. Ya hay tercera y cuarta generación de vegetarianos. Y son más sanos que el resto de la población.

¿Qué opina de la teorí­a de que si tenemos muelas y un intestino apto para digerir carne, es porque como especie estamos destinados a ser carní­voros?

La frase “estamos destinados a” no ayuda mucho. Si aceptamos la teorí­a de la evolución, simplemente evolucionamos en uno u otro sentido, sin destino prefijado. De hecho, nuestra anatomí­a hoy se parece más a la de los animales herví­boros que a los carnivoros, pero es probable que en algún momento de nuestra historia, o prehistoria, cuando era difí­cil hacerse de suficientes calorí­as y proteí­nas, hayamos consumido algo de carne. Pero yo cuestionarí­a la relevancia ética de este argumento. Hoy sabemos que no necesitamos comer carne para conseguir calorí­as y proteí­nas... y sabemos el daño que infligimos a los animales que consumimos.

¿Y en paí­ses como la Argentina, que aún usa básicamente el pastoreo libre del ganado? ¿Es más permisible éticamente consumir vacas que no sufrieron tanto?

Por supuesto que es mejor. Esto ocurre también en Australia, mi paí­s de origen. Pero aunque estos animales no vivan confinados toda su vida, las condiciones en las que se los marca, castra, y se les amputan los cuernos, son terribles. Y también la forma en que se los traslada y se los faena. Tampoco se les ahorran padecimientos.

¿Qué le dirí­a a quien argumenta: “Para qué me voy a sacrificar si nadie más lo hace, y no se logra nada?”

Muchos chicos sienten afecto por los animales, y cuando cobran conciencia de lo que están comiendo, se rebelan. Los padres no deben presionarlos de ninguna manera para que coman animales que no quieren comer. Deben entender que ésta es una verdadera elección moral que sus chicos están haciendo, y si uno quiere que sus hijos se conviertan en adultos éticos, que piensan acerca de estos temas, entonces habrí­a que apoyarlos en estas decisiones.

También se opone a la experimentación con animales. ¿Cree que algún descubrimiento médico justifica que se someta a crueles padecimientos a animales?

Es difí­cil decirlo, porque no se han explorado otras ví­as de investigación. Quizás, si el dinero se hubiera destinado a explorar otras ví­as, se hubiera llegado a los mismos descubrimientos. De todos modos, yo no estoy diciendo que nunca es válido matar a un animal porque tenga derecho a la vida, lo que digo es que está mal someterlo a sufrimiento sin una causa válida.

Una de sus declaraciones más polémicas fue sostener que serí­a más ético experimentar con una persona en un coma irreversible que con un animal consciente. ¿Cómo lo sostiene?

No creo en la santidad de la vida humana como un valor per se. Creo que el valor de la vida humana varí­a. Una persona que no tiene conciencia ni capacidad de sentir está en condiciones desiguales en relación a otro ser que sí­ siente y sí­ quiere vivir. Y no hago distinciones entre humanos y no humanos. No discrimino en base a la especie. Quien diga lo contrario tendrá que justificar por qué es más admisible hacer sufrir a un ser sensible que experimentar con otro que no siente nada.

¿Puede saberse con certeza que un coma es irreversible?

Con los métodos de diagnóstico modernos, en muchos casos se sabe. Podemos ver imágenes del tejido blando del cerebro, y si no hay circulación sanguí­nea, no hay forma de que esa persona vuelva: sus recuerdos, su personalidad, todo lo que fueron se ha perdido.

Aunque usted apoye la eutanasia en tales casos, le huye a la hipocresí­a de llamar a esas personas “clí­nicamente muertas”.

Por supuesto. Sus cerebros están muertos, pero como organismos siguen vivos. Debemos tomar responsabilidad por nuestras acciones, no evadirlas. De hecho, estas decisiones ya se toman en los hospitales todos los dí­as. Lo único que pido es que reflexionemos acerca de cómo las tomamos, de qué valores nos guí­an, y que llamemos a las cosas por su nombre.

¿Y qué pasa si la familia prefiere mantener viva a una persona en esa situación por amor?

Es una decisión válida, si tienen dinero para hacerlo y no están usando fondos públicos. Pero debe quedar claro que es para la familia que se la mantiene viva, no para la persona misma. Aunque también puede haber casos en los que la persona haya expresado anteriormente una preferencia por permanecer viva aún en esa situación, y creo que es válido respetar esa voluntad.

También ha dicho que toda persona que viva cómodamente deberí­a donar un quinto de sus ingresos a los que corren riesgo de morir de hambre, y que de no hacerlo, serí­a en parte responsable de esas muertes...

Digo un quinto porque me parece una cifra razonable, personalmente dono el 30 por ciento de mis ingresos. Pero alcanzarí­a con que todos donaran un décimo para eliminar lo más grueso de la pobreza del mundo. Y sí­, sostengo que no hacerlo conlleva una responsabilidad similar a la del asesino. Una responsabilidad menos guiada por razones maléficas que por egoí­smo y pereza, pero responsabilidad al fin. Ambos tienen en su poder la posibilidad de tomar un camino que permitirá que otras personas sigan viviendo. No hacerlo es causar su muerte por omisión.


Peter Singer
Ira. W. DeCamp, Professor of Bioethics, University Center for Human Values, Princeton University
Viva, 29 de febrero de 2004.

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