En estas tres últimas semanas se ha hablado mucho sobre si ser vegano es asumible para todo el mundo, económicamente hablando.

El lujo de ser vegano

En estas tres últimas semanas se ha hablado mucho sobre si ser vegano es asumible para todo el mundo, económicamente hablando.

El reportaje Stranger Pigs del programa Salvados, de Jordi Évole, emitido el pasado 4 de febrero, sobre la industria cárnica ha suscitado numerosas opiniones de todo tipo. No cabe duda que ha mostrado fielmente la dura realidad que sufren a diario los animales de granja.  También ha dejado claro la cantidad de antibióticos, hormonas y productos químicos que se inyectan en estos animales, con unas consecuencias nefastas para su salud y, por ende, para la nuestra.

Está claro que Évole ha removido conciencias con la emisión de este programa, destapando lo que se esconde tras las puertas de los mataderos. Miles de personas han criticado las condiciones insalubres de esos animales.  Otras tantas han mostrado su indignación puesto que nunca habrían imaginado que recibían ese trato. Y algunas han decidido dejar de comer carne tras ver el reportaje.

Por otro lado, activistas animalistas, voluntarios de asociaciones y gente vegetariana o vegana se han quedado realmente sorprendidos, no por las duras imágenes que muestran maltrato, mutilaciones o tortura, sino por las razones por la que la mayoría de personas justifican su consumo de carne. Y es que “Ser vegano es caro”,afirman algunos.

Ahora resulta que, tras años llamándonos en tono despectivo perro flautas, come lechugas y muertos de hambre, somos la clase elitista. Vegetarianos y veganos hemos pasado de ser perros pulgosos, según las malas lenguas, a personas con un alto poder adquisitivo. Tras la emisión del programa Salvadosahora somos ricos.

No podemos mostrar más que sorpresa ante tal contundentes argumentos, por llamarlos de alguna manera, que no son más que meras excusas, similares a otras que hemos tenido que escuchar o leer durante años las personas vinculadas al activismo animalista y antiespecista. Por ejemplo, frases tales como  “los animales están para eso” ¿En serio? ¿Los animales están en este mundo para ser torturados, mutilados y asesinados para nuestro consumo? O “el ser humano necesita comer carne”, algo que es totalmente falso puesto que somos seres omnívoros y está más que demostrado que podemos vivir sin comer carne o pescado. Somos muchos los vegetarianos y los veganos que lo hacemos y no nos hemos muerto. “Los veganos tienen severas carencias nutricionales” es otra frase fácil desmontar, salvo que, por “carencias nutricionales” se refieran a que en nuestro organismo no hay restos de toda clase de antibióticos y hormonas que son inyectadas a los animales que mueren en los mataderos. De eso sí tenemos carencia afortunadamente.

De estos argumentos y otros parecidos se ha valido el lobby de la carne para asustar a la población, incluso alertando de los supuestos peligros para la salud al no comer carne. Es la ley de la oferta y demanda, si no se consume no hay oferta. Y si no hubiera oferta, entra en crisis la industria cárnica. Y eso no interesa.

Lo sorprendente es que no se plantee esta pregunta: ¿es peligroso para la salud comer carne muerta? ¿Nadie se ha parado a pensar qué lleva esa carne para no estar llena de los microorganismos propios de la putrefacción?

En ese aspecto, la industria cárnica tiene ganado el partido, de momento. Juega con el desconocimiento y el afán de mirar hacia otro lado por parte de un sector de la población.  Pero, como el número de personas que han dejado de consumir cadáveres de animales aumenta cada día, han puesto en circulación una nueva razón para seguir comiendo su carne de animales torturados. Ser vegetariano o vegano es un lujo.

Y es que hemos pasado de ser pulgosos a ricos y exquisitos. Nos sorprende que haya alguien que pueda creerse que un calabacín, medio kilo de champiñones, dos patatas y dos tomates (mi comida de hoy) cueste más que un solomillo de ternera o de cerdo con acompañamiento. O una lubina. No es cierto que ser vegano sea caro, es sólo otro argumento absurdo de la industria cárnica para seguir fidelizando adeptos.

No obstante, es aceptable que se diga que la comida ecológica es más cara. Cierto. Pero lo es la verdura, los huevos y también la carne. Lo ecológico es más caro, pero a la larga sale barato evitar consumir, cada día, diferentes pesticidas, productos químicos y sustancias innecesarias y perjudiciales para el cuerpo humano.

Así que, señores de la industria cárnica dejen de mentir, ya que no quieren dejar de matar.

El único lujo que hay en ser vegano, es no tener que contribuir al maltrato, tortura y muerte de miles de animales inocentes. Ese es nuestro lujo. No comernos sus vidas. 


Artículo originalmente escrito para los blogs de Público.es

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