Más maltrato en Mas de Barberans

Una parte de mi tenía miedo de volver al mismo lugar, pero otra parte gritaba bien fuerte ‘Los toros te necesitan, no podemos mirar hacia otro lugar’.

Más maltrato en Mas de Barberans

Ya han pasado dos años desde la agresión que sufrimos en Mas de Barberans, cuando documentábamos festejos con toros que se celebran cada año en ese pueblo. No hace falta volver a recordar esas terribles imágenes, aunque para mí sea algo inevitable.

El año pasado, decidimos no ir a grabar ya que no hacían el toro embolado. Pero este año, ha sido diferente y decidieron volver a realizarlo. Frente al maltrato no podemos quedarnos de brazos cruzados, así que decidimos regresar al pueblo.

Una parte de mi tenía miedo de volver al mismo lugar, pero otra parte de mi gritaba bien fuerte ‘Los toros te necesitan, no podemos mirar hacia otro lugar’. El camino hacia el pueblo se hizo largo, pero por todos los animales que sufren tanto en estas mal llamadas “fiestas” populares necesitamos hacerlo.

Al llegar al pueblo fui reconocida al momento, y eso que aún no habíamos bajado del coche. Aparcamos y caminamos buscando la plaza. Nos guiamos por la música, esa música que suena en todas las plazas y hace que se nos pongan los pelos de punta. La encontramos, y allí estaba esperando un policía local y el alcalde del pueblo. Nos comentó que podíamos sentarnos al lado de la banda, que nos cedían un espacio si queríamos, pero preferí sentarnos en un mejor sitio para documentar, menos seguro, pero mejores imágenes.

Así que entramos a la plaza, bajo la atenta miradas y susurros de los allí presentes. Fue extraño, ya que normalmente nos insultan, pero imagino que el alcalde les dijo algo y no querían volver a marchar la imagen del pueblo. Así que buscamos el mejor sitio para documentar, que eso significaba sentarse con la gente del pueblo.

Nos sentamos, y están haciendo los toros a la plaza. Les obligan a correr y a subir obstáculos, normalmente hacen movimientos para que el animal se de golpes contra las maderas y los barrotes. Eso les divierte. Mientras observo y grabo, me pregunto una y otra vez ¿que diversión tiene esto? son sólo tres personas las que dan ‘juego’ al animal, y normalmente estas personas son gente que cobra por ello, ya que nadie quiere hacerlo.

La gente del pueblo se esconde detrás de las vallas, y le buscan para que vaya corriendo y se de golpes contra la misma, en esos momentos, ellos le dan patadas y golpes de puño. Se sienten muy machitos detrás de esa barrera de seguridad, mientras el solo quiere defenderse. Está nervioso y sediento, pero la gente solo se ríe de él y le grita ‘eh toro, ven aquí’...

Mientras soy testigo de esto, veo una cara conocida: es una de las personas que nos agredió y robó la camara. Al verlo pensé que sentiría miedo, pero no fue así, sentí más fuerza que nunca y recordé mirando al animal sufriendo porque estaba allí.  Evidentemente, observé cada movimiento que hizo. No termino de fiarme de él y quiero saber dónde se encuentra en todo momento.

De golpe noto una mirada penetrante desde abajo de las gradas. Miro y me encuentro al padre de él, el otro agresor que sin dudarlo ni un sólo segundo decidió pegar duramente a mi compañera Aïda, para después arrebatarle la cámara y quitarle la tarjeta donde se podía ver toda la agresión.

Le observo y le miro con fuerza. Que nos pegara no significa que pueda ejercer miedo. No permitiremos que la agresión gane frente a la realidad que estamos mostrando al mundo. La misma realidad que mostramos y ellos se niegan a que ni nosotras ni la propia prensa documentemos. Así que después de mirarme con esa furia contenida, se marchó e instaló en otro lugar..

Esperamos casi dos horas para que comenzara el espectáculo donde más sufren los toros: O como aquí le llaman ‘bou embolat’, donde al animal le atan al pilón y le ponen dos bolas de fuego en los cuernos.

Estamos sentados en el mejor sitio para grabar, escuchamos los fuertes golpes que realiza el toro dentro del camión, imaginamos que se está resistiendo con todas sus fuerzas. Cuando ya lo tienen con las cuerdas atado dentro del camión, vemos como la plaza se llena de gente, mucha gente, quieren evitar que grabemos el momento que el toro es embolado.

Sale el animal corriendo y con la cuerda que le guía hacia el pilón donde será embolado, se niega pero entre todos lo arrastran con fuerza al lugar. Siente miedo, pánico, brama, no sabe que está sucediendo. Encima toda la gente se pone alrededor de él para evitar que grabemos como sucede todo. Se niegan a que el mundo pueda ser testigo de una práctica que según ellos el toro no sufre.

Pero aunque lo intentan conseguimos grabar muy bien ese momento, y vemos como el animal tiene sangre en el morro y un cuerno le está chorreando sangre. A ellos esto le es indiferente, y con esta terrible escena lo embolan. Encienden el fuego y con ese cuchillo gigante, cortan la soga que lo tiene inmóvil. El sale corriendo, intenta quitarse el fuego que le cae en la cara y en la herida abierta, pero es inútil. La gente le provoca, le incitan para que se de golpes contra los barrotes, corre desesperado de un lado a otro. Pero ellos solo se ríen de él y no les importa la sangre en su boca y cuerno. Corre, está sediento y el pánico corre por su cuerpo, se para observa y con esa mirada imposible de olvidar, busca entre sus agresores un cómplice que le ayude. No lo encuentra… Sigue sangrando, y corriendo desesperado. Nadie le ayuda hasta que finalmente comienza a llover, y por tres gotas la gente sale corriendo de la plaza. Me quedo sorprendida ya que no es habitual que por un poco de agua la gente se vaya, pero así hacen. Así que podemos documentar aún mejor al animal.

Solo han pasado unos 20 minutos y deciden llevarlo al camión.

Una vez más pudimos documentar el horror de estas fiestas de pueblo, donde se maltrata impunemente a los animales, bajo la atenta mirada de todo el mundo.

No es fácil grabar, no es divertido, pero es necesario mostrar al mundo la realidad de estas fiestas, donde los únicos que se divierten son unos pocos humanos.

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