Son las 9 a.m. y me ha vuelto a ocurrir. Acudo al llamamiento de AnimaNaturalis para protestar contra el maltrato a los toros en San Fermín y vuelve a sucederme.

Ha vuelto a ocurrir

Son las 9 a.m. y me ha vuelto a ocurrir. Acudo al llamamiento de AnimaNaturalis para protestar contra el maltrato a los toros en San Fermín y vuelve a sucederme. Por un lado, ganas de abrazar a tanta gente valiente y resuelta que acude a Pamplona desde distintos puntos de la península para defender a los “sin voz”, y por otro, la certeza consciente de que, a pocos metros, un grupo de toros esperan su desgarrada condena, lo que me entristece profundamente.

Con este sentimiento agridulce recibo las instrucciones por parte de las responsables de AnimaNaturalis, “vas a portar la bandera” me dicen, y acompañado de decenas de personas despiertas vestidas de negro, comienza un rito maldito de gritos a la espera de ser escuchados, de un ruego convertido en lema…”queremos un San Fermín Sin Sangre”.

Marchamos por ellos, nos encaminamos a la plaza del ayuntamiento con sombras en el semblante, con emoción contenida y de repente…tambores de una guerra en la que no queremos estar, fuego de bengalas, flases y cámaras que enviarán un mensaje al mundo entero.

Se me eriza el pelo y miro a mis compañeros y compañeras, somos un sólo ser, tomamos esa plaza al ritmo de un mismo corazón, porque juntos sostenemos una sincera promesa: la promesa que hemos hecho a esos animales a los que arrancaron de la dehesa rompiéndoles la vida.

Y gritamos, lloramos, suplicamos….porque sabemos por QUIÉNES lo hacemos.

Daríamos nuestra vida por la suya sin dudarlo un segundo.

Y esta será nuestra guerra hasta que lo logremos.

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