Testimonio de una miembro de AnimaNaturalis, acerca del evento realizado en Valencia ''Por unas Fallas Sin Sangre''.

Desnudamos nuestros corazones

La mañana del sábado día 7 de marzo era el día de la performance Por unas Fallas Sin Sangre. Bajé desde Barcelona junto con otros cuatro activistas para participar en este evento y, a pesar de que ya he participado en muchas otras acciones de este tipo, tenia muchísimos nervios. Tener la responsabilidad de alzar la voz de los animales siempre activa toda mi adrenalina y mis sentidos se multiplican por cien antes, durante y después de realizada la acción.

A la hora indicada por la organización llegamos al punto de encuentro y allí nos juntamos  con el resto de la gente. En total éramos unas 30 personas las que nos pondríamos en la piel del toro, más unas 25 personas que ayudarían en diferentes tareas de organización para que todo saliese a la perfección. Una vez estuvimos todos reunidos, el equipazo de AN nos empezó a explicar con muchísima energía e ilusión todo lo que teníamos que hacer a cada momento. En sus rostros también pude observar nervios por que todo saliera bien.

Cuando cada uno tuvo clara su tarea y los movimientos definidos que deberíamos seguir, comenzamos a prepararnos para salir a escena. Quienes ya hemos participado en otras acciones conocemos a la perfección que la calle es el más duro de los escenarios. Nunca sabes cómo reaccionará la gente o hasta dónde llegará el desarrollo de la performance. Este pensamiento siempre viene a mi mente cuando me estoy preparando para la acción. Una vez desnudos (a excepción de un culot negro para las chicas y unos bóxer para los chicos) nos repartieron el cartel que sostendríamos durante el tiempo que durase la acción.  Un cartel donde se leía "Por unas Fallas sin Sangre". Y, por último, nos 'clavaron' las banderillas por la espalda. Y esta sensación, jamás la olvidaré. A pesar de que no dolió nada, puesto que nos las engancharon con ventosas, cuando me pusieron las banderillas en la espalda no pude evitar estar en silencio, como en duelo, pensando en esos pobres 80 toros que van a ser asesinados durante de la Feria de Fallas. Una sensación de lástima indescriptible, con la piel de gallina...

Entonces llegó el momento de 'salir al ruedo'. Todos nos pusimos en nuestros puestos, tal y como se nos había indicado anteriormente. Nos arrodillamos en el suelo, casi desnudos, con las banderillas en la espalda y esa sangre (ficticia) que nos iba cayendo lentamente por la espalda. Hacía sol, y un cielo azul, como el que sólo las ciudades mediterráneas pueden disfrutar en invierno. Era el centro de Valencia, frente al Ayuntamiento, había mucha gente y yo me sentía pequeña, muy pequeña. Todo el mundo en silencio observándonos. En sus miradas pude apreciar de todo: curiosidad, cuestionamiento, pena...incluso vi a gente llorar. Esperábamos que alguien nos insultase y como ya pasó otros años, pero este año no fue así. Supongo que en el fondo algo esta empezando a cambiar. Mientras divagaba en estos pensamientos y sensaciones Carmen comenzó a leer el texto que ella misma había escrito de su puño y letra. Yo no la veía pero intuía toda la fuerza, dolor y corazón que puso en sus palabras. Fue un manifiesto muy intenso y que nunca olvidaré. Ni yo ni otras muchas personas más, pues cuando terminó su lectura arrancó un inesperado aplauso de todos los allí presentes. Cuando finalizó el acto, llenos del orgullo y satisfacción que nos producía el haber terminado la performace envueltos en un caluroso aplauso, algunos de los activistas decidimos celebrarlo comiendo juntos y dejando atrás todos los nervios y emociones vividas "Por unas Fallas sin sangre". 

De vuelta a Barcelona los 5 estábamos en silencio en el coche, pensativos, repasando de lo que había sucedido hoy. Muchas veces de la adrenalina que generas durante estos actos no te das cuenta de lo vivido hasta que te paras y lo observas todo. No puedes dejar de sentirte impotente ante los asesinatos de miles de inocentes. Ojalá todas las personas que nos vieron, decidan apoyar esta causa y empezar a luchar por los animales. Al final son los más débiles, no nos pueden hablar, pero su mirada lo dice todo. Estas acciones siempre significan un antes y un después en tu vida. Personalmente, recomiendo a todo el mundo vivirlo aunque sea una vez en la vida, porque para poder entender, primero hay que sentir, y ponerse en la piel del otro. No es un simple semidesnudo, es un grandísimo mensaje.

Yasmina Moreno.

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