Política demográfica y padecimiento animal

Aparte de que la maldad intrí­nseca del sufrimiento da pleno sentido a la defensa de los animales, también sugiere una perspectiva nueva en materia de procreación.

La defensa de los derechos de los animales, el compromiso moral para con ellos, implica un criterio que no ha contado con demasiado respaldo en la historia del pensamiento ético. Se trata de un criterio incompatible con el antropocentrismo ético basado en la racionalidad como requisito de derechos morales.

Para Kant, por ejemplo, sólo el ser racional es un fin en sí­. Naturalmente, hace las suficientes concesiones a las intuiciones como para salvar a los bebés, los dementes e incluso a los animales. Pero, en el caso de los animales, la argumentación resulta ajena a los elementos centrales de su teorí­a, y más bien supone un esfuerzo por limitar sus implicaciones escandalosas. Así­, según Kant, no se debe maltratar a los animales porque el maltrato embrutece al autor y tal vez le haga insensible ante la suerte de los humanos. Los animales son, así­, beneficiarios accidentales de la moralidad humana.

Lo que falla es la idea de Kant según la que el agente moral (el ser racional) por serlo también es el paciente moral, es decir, tiene la dignidad que le hace respetable. Esta reciprocidad entre agente y objeto moral no puede existir para los que piensan que el padecimiento animal también tiene importancia en sí­ mismo.

¿Cuál es, pues, el criterio? No es la racionalidad, no es el "alma" privativa del hombre; es la sensibilidad la que requiere respeto ético. El ser humano pone la posibilidad del comportamiento ético, pero su necesidad está en todo ser sensible. Más exactamente: es el sufrimiento lo que reclama respuesta, esa fuerza coactiva, imperativa, ese mal en sí­ que todos reconocemos como radicalmente indeseable mientras lo experimentamos. Sólo el ser humano puede codeterminar moralmente sus acciones, pero es respetable por sus necesidades, no por sus capacidades intelectuales; y eso es lo que le hermana con otras muchas especies animales. Si nos parece una barbaridad maltratar a un bebé, no resulta demasiado coherente ningunear a los animales por su falta de racionalidad.

Digo, por tanto, que el criterio ético primero es la necesidad de evitar el sufrimiento. Sé que esta afirmación despierta numerosas objeciones.

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