Tengo que reconocer que fui a ver Ferdinand con cierta cautela. No me quería hacer ilusiones, porque cuando la expectativa es alta luego la decepción también lo es. Pero tras verla lo tengo claro: todo el mundo que es cómplice de una manera u otra del maltrato animal por diversión, debería ver esta película.

Toros somos Ferdinand

Tengo que reconocer que fui a ver Ferdinand con cierta cautela. No me quería hacer ilusiones, porque cuando la expectativa es alta luego la decepción también lo es. Pero tras verla lo tengo claro: todo el mundo que es cómplice de una manera u otra del maltrato animal por diversión, debería ver esta película.

"Olé: el viaje de Ferdinand", habla claramente sobre la crueldad de la tauromaquia, sobre la crueldad de someter a un animal a un trato que no desea, un trato del que huiría si pudiera. Parece mentira que su autor, Munro Leaf, escribiera la obra en la que está basada este film en 1936, y que a las puertas del 2018 todavía existan personas cabezonas que persistan en seguir divirtiéndose a costa de los animales, a pesar de su sufrimiento. Un dato relevante: la obra fue prohibida y manipulada por su pacifismo durante el franquismo. Y a Hitler tampoco le hizo mucha gracia, pues ordenó que se quemaran todos los ejemplares porque consideraba que era "degenerada propaganda cultural democrática". Cuando el líder nazi fue derribado, los aliados distribuyeron gratuitamente 30.000 copias del libro para promover el pacifismo entre la población alemana.

He leído las críticas en medios taurinos como La Razón, y de la película sólo rescatan la belleza de los pueblos andaluces, los molinos de viento de La Mancha y la majestuosa Plaza de Toros de Las Ventas. No pueden apreciar nada más, pues el film es un claro clamor a la paz y al respeto a todos los animales. 

Como si lo viera, los taurinos verán en Ferdinand una manipulación de la realidad fuera de lugar. Acusarán al autor de lo mismo de lo que se nos acusa a quienes defendemos a los animales: de antropomorfizarlos, atribuyéndoles sentimientos hasta ahora solo reconocidos a los humanos. ¿Pero quién los humaniza más? ¿A caso no son los taurinos quienes defienden “la nobleza” del toro? Los taurinos se empeñan en querer que el toro sea algo que no es: un animal fiero. ¿Dejarán algún día de atribuir al toro esa supuesta bravura, ese supuesto deseo de luchar antes de morir? 

Ferdinand es un film absolutamente realista. Nos cuenta la historia de un toro familiar y hogareño, que ama la vida, las flores y corretear. De una niña que siente devoción por los animales y lo único que quiere es quererlos y abrazarlos. Respetarlos por encima de todo. También su padre. Y de unos toros que, por desconocimiento y miedo, no ven más alternativa a su futuro que luchar, pero que en cuanto ven que otro mundo es posible no dudan en escapar del lugar donde nacieron. “El toro nunca gana”, les cuenta Ferdinand cuando descubre la verdad. ¿Y quienes son los villanos de la película? Pues como en la vida misma: el “Maestro”, un torero matador arrogante, prepotente, despiadado...y el dueño de la ganadería, un hombre chapado a la antigua que tiende a pagar sus frustraciones con los empleados. Aunque al final parece que tiene en el fondo cierto cariño a sus animales. Pero demasiado en el fondo.

Espero de corazón, que todos los taurinos del mundo vayan a ver esta película, y lleven a sus hijos. ¿Es Ferdinand un toro diferente a los demás? ¿Los toros prefieren embestir capotes en vez de oler claveles?

Solo una cosa en la película es fantasiosa: la plaza de Las Ventas de Madrid, llena.

#TorosSomosFerdinand



Corto original prohibido en España por Franco, ganador del Oscar a mejor animación en 1938

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