Manifiesto de Animanaturalis contra la propuesta de creación de una cátedra de taurologÃÂa en la Universidad de Córdoba
Animanaturalis se ha dirigido, con este manifiesto, al Consejo de propuesta de la cátedra de taurologÃÂa de la Universidad de Córdoba.
Señores,
Les escribo estas palabras para mostrar mi disgusto ante su propuesta de introducir una cátedra de taurologÃÂa en la Universidad Autónoma de Córdoba.
En primer lugar, ustedes saben perfectamente que la aportación que pueda hacer el mundo taurino en la cultura universal es pésima y grosera. Ustedes niegan totalmente esta afirmación, pero por favor presten atención a los siguientes puntos de reflexión:
· El vocablo taurologÃÂa, procede de las palabras griegas toro y ciencia, es decir, deberÃÂa ser la ciencia que se dedicara a estudiar la especie bovina. Aplicar este vocablo al estudio de la lucha contra el toro, desnaturalizando su comportamiento de herbÃÂvoro artiodáctilo, es una grave trasgresión del sentido logos griego.
· Un cátedra de taurologÃÂa significa crear una especialidad en un tipo de tortura aplicada a la especie bos primigenius taurus. Un tortura sin matices. Quienes se puedan dar de expertos en arte taurólogo, tan sólo serán especialistas en evaluar si un animal es torturado aplicando correctamente unas reglas establecidas por quienes consideran lastimar toros un arte (por ejemplo, si la puya y las banderillas se clavan correctamente, si el toro saca la lengua, etc€¦). Y en unos pases que tan sólo responden a la cursilerÃÂa estética para llenar de fiesta y colores la tortura de un ser con un sistema limbito igual al nuestro y vestir de gala al verdugo.
· Las corridas de toros y sus degradantes variantes pueblerinas no se pueden considerar una caracterÃÂstica de la antropologÃÂa cultural ibérica, sino un reducto de barbarie. En toda la Europa preilustrada la tortura era aplicada de forma pública, sin oposición legal. Las peleas entre animales y/o entre animales y personas eran un mero entretenimiento como espectáculo para entretener a los públicos más groseros. En las venerationes del los ludi circenses romanos se entretenÃÂa durante horas a la peble de un Imperio en franca decadencia. Los toros de Hispania fueron introducidos en el Coliseo por Julio Cesar, siendo Karpofóro, un esclavo germano, su principal matador. Sin ir más lejos temporalmente, en la Inglaterra preilustrada del siglo XVIII eran habituales los bull-baitings (peleas entre perros y toros) y los bull-runnigs, torturas callejeras al estilo de Coria. Estas prácticas fueron prohibidas gracias a la ilustración, que como movimiento moral calificó la tortura publica como un espectáculo degradante que acostumbraba al espectador a la sangre y a sentirse indiferente respeto al sufrimiento de una especie que expresa el dolor de una forma que nosotros podemos identificar fácilmente. Europa se limpió de estas groserÃÂas durante el siglo XIX, sin embargo, España permaneció al margen de todo este progreso por culpa de la Inquisión y el fracaso de la revolución liberal. Fernando VII fue quien abrió las puertas a la I Escuela de tauromaquia, el mismo rey que clausuró la Universidad, que abolió la Constitución de 1812 y que restauró el ya caduco sistema absolutista.
La tauromaquia no es una caracterÃÂstica de la antropologÃÂa española, sino un reducto de barbarie que no se suprimió en su momento a causa de unas circunstancias históricas nefastas que han conllevado un gran retraso cultural para este paÃÂs.
· Nuestra libertad es indiscutible pero debe limitarse por la autoridad moral. Es indiscutible que todos tenemos libertades sexuales, pero no podemos violar. El derecho a no ser torturado no merece ningún tipo de excepción. Los conocimientos cientÃÂficos actuales nos han confirmado que los animales sufren, por lo tanto, moralmente es incorrecto hacer un espectáculo a costa del dolor de un ser capacitado para sufrir. Como razonó el filósofo británico Jeremy Benthan, en su obra Los principios de la moral y la legislación, lo moralmente relevante no es si los otros seres pueden hablar o razonar, sino si pueden sufrir.
· Puede que ustedes no valoren los argumentos animalistas, pero cada año las corridas y encierros provocan centenares de lisiados e incluso muertes humanas. Es igual de triste ver que un grupo humano goza de la tortura animal, como ver que este mismo incita a un hombre a actuar de forma temeraria si este no se arrima lo suficiente al toro.
· La inmensa mayorÃÂa de toreros que destacan en la prensa rosa y amarilla es por hechos ajenos y contrarios a la cultura, como infidelidades amorosas, drogadicción e incluso actos delictivos y violentos. El nivel cultural de tales personajes es tan bajo que para nada son un buen referente para la sociedad, ustedes deben conocer bien personajes que ni tan sólo saben hablar correctamente. Por lo tanto, es pintoresco que estos individuos puedan aportar arte en los valores universales.
Una cátedra de taurologÃÂa aumenta todavÃÂa más la vergüenza y la tristeza que sentimos millones de seres humanos cuando se aplica la tortura a los toros en nombre de nuestra cultura e injustamente con el dinero de nuestra contribución. No podemos basarnos en la tradición de torturar toros en estas tierras, para todos los colectivos humanos, abandonar sus tradiciones crueles es tomar el camino hacia la civilización, bien deben saber ustedes que en Madrid se celebraron ejecuciones publicas hasta 1890, y que cuando estas fueron abolidas hubo manifestaciones populares en contra de esta decisión.
Por último, sólo pedirles que se pongan en la piel del toro, ni las condiciones más óptimas de crianza pueden justificar una muerte cruel.

Cordialmente,
Helena Escoda Casas, coordinadora del área de animales usados como entretenimiento & tradiciones crueles. Animanaturalis España
Helenae@animanaturalis.org










