La industria del huevo

Los 245 millones de gallinas criadas para producir huevos, conocidas como gallinas "ponedoras" en el argot aví­cola, sufren una pesadilla que dura varios años, antes de ser enviadas al matadero.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los 245 millones de gallinas criadas para la producción del huevo, y conocidas como "gallinas ponedoras" en el argot aví­cola sufren una pesadilla que dura varios años. Una parte considerable de sus picos es cortada con una navaja ardiendo sin que les suministre analgésicos. Muchas gallinas, incapaces de comer por el dolor que este procedimiento les ocasiona, mueren de deshidratación y por un sistema inmunológico debilitado. Después de sufrir esta mutilación, las gallinas ponedoras son hacinadas en pequeñísimas jaulas conocidas como jaulas en batería. Estas jaulas miden 41 x 46 cm., y en ellas son amontonadas hasta once gallinas. Cada una de estas gallinas necesita como mínimo 74 cm. para expandir sus alas, de modo que ni una sóla de ellas podrán hacerlo, como ocurriría normalmente en su hábitat natural.(1) Aún cuando tengan la suerte de vivir en jaulas "humanitarias", es decir, cinco gallinas por jaula en lugar de 10 ó 11, es importante mencionar que las gallinas ponedoras pasarán todas sus vidas confinadas en un espacio equivalente al tamaño de un cajón de escritorio. Este espacio tan reducido es compartido por las cinco gallinas, haciendo imposible que se muevan cómodamente y que puedan aletear sus alas.(2)

Las jaulas son apiladas unas sobre otras, por lo que los escrementos caen a través de ellas, acumulándose en las jaulas que se encuentran en la parte inferior. El olor a amoníaco y estiércol densifica el ambiente, haciendo muy difícil el respirar. Las condiciones tan poco higiénicas favorecen la propagación de enfermedades en estos gallineros industriales. La palabra que mejor califica estos  lugares es inmundicia.  Muchas gallinas mueren en estas condiciones tan precarias, y las supervivientes son forzadas a vivir con gallinas moribundas y con los cadáveres de las que finalmente sucumbieron. Las gallinas muertas permanecen en las jaulas hasta que se pudren, haciendo aun más tormentosa la vida de las que sobreviven. La luz en estos gallineros industriales es manipulada constantemente; en un intento por maximizar el número de huevos que cada gallina pone, los trabajadores deciden no otorgarle alimento a las gallinas hasta por un periodo de catorce días. Esto ocasiona un choque en el metabolismo de las gallinas que induce un nuevo ciclo de empollamiento. Esta práctica cruel ha sido prohibida en varios países europeos.

Los pollos machos carecen de cualquier valor en la industria del huevo. Debido a esto, cada año millones de pollitos machos son introducidos en bolsas de plástico para que mueran asfixiados. Otros millones son lanzados vivos a trituradores.(3)

Después de dos años de vivir en estas condiciones inhumanas, los cuerpos de las gallinas se han debilitado tanto que no pueden seguir poniendo huevos. Entonces son enviadas al matadero. Allí serán colgadas por las patas en una cinta industrial que las conducirá primero a ser degolladas y luego a ser lanzadas a bidones de agua hirviendo. Cuando las gallinas ponedoras llegan al matadero, han sido tan maltratadas, que el 29%  de ellas tienen huesos fracturados.(4) Sus demacrados cuerpos están tan heridos, con moratones, huesos fracturados, malnutridos, que su carne solamente puede ser destinada a la producción de sopas de pollo o de alimento para perros y gatos.

(1) Compassionate Planet, €œAbout the Animals Who Suffer,€ Compassionate Planet, 2005.

(2) Allison Schiff, €œFowl Call: Treat Egg-Laying Hens Humanely,€ Twin-Boro News, 28 Jul. 2004.

(3) Mench and Siegel.

(4) Knowles and Wilkins.

 

Fuente: GoVeg.com

 

Traducción: Adriana De La Garza


  • Suscrbete

    Recibe todas nuestras alertas y noticias:

En esta sección