Nosotros progresamos, vosotros progresaís, ellas no progresan
"El tiempo puede tener partos laboriosos, pero no aborta nunca€
Lao-Tse
Existen multitud de actitudes moralmente reprobables que subsisten en la más reconocida legalidad, asimismo otras muchas de carácter ilegal que, por contra, resultan sumamente saludables y defendibles desde las más elementales posturas éticas. Así pues, algunas veces la legislación en vigor ( en algunos territorios ello resulta más evidente que en otros ), no establece tanta determinación respecto a la bondad de las actitudes o las costumbres de los pueblos del mundo, en definitiva: a la evolución de la civilización. A su progreso real.
Evolucionamos. Fíjense ustedes qué derroche de cultura hizo falta para pergeñar la bomba atómica, qué aplicación genial reconvirtió la electricidad en silla... y creó la silla eléctrica, con qué avanzado y combustible código moral ardían las infieles y herejes en las hogueras redentoras de la civilización. Por no hablar de la infinita gracia de la cámara de gas.... ahhh, sí: evolucionamos. La sociedad evolucionada espera de ustedes que dediquen al mínimo una jornada laboral a producir, sumado a la promesa jurada por escrito de que dedicarán el tiempo libre a consumir los productos fabricados en otras jornadas laborales. La sociedad se basa en la confianza mutua del consumo. La sociedad es una máquina ciega y despiadada que tiene tantos nombres como excusas tiene la guerra.
Si un pollo intenta escapar de la factoría donde son producidos jamás será interceptado por los demás reclusos, ni será insultado, ni humillado ni tratado de cobarde. Es más, será seguido. Si a misma situación ocurre cuando el pollo es un animal humano y la factoría de la que trata de huir es de su compromiso social, no faltarán voces contrarias, chantajes emocionales. Probadlo.
Que no nos dé la gana de otorgarles derechos a los animales ( que su propia condición de seres vivos ya les atribuyó ), no delata sino la estrechez de amplitud de miras de la raza supuestamente destinada a regir el universo conocido y más allá. La misma angosta sordera profunda que arrastramos desde hace cuatro millones de años, cuando decidimos separarnos del mono original para tomar las riendas de poder sobre el entorno, empleando para ello todos los medios a nuestro alcance para someter cuanto veíamos y modificarlo a capricho.
No faltará quien me muestre con sorna el evidente avance moral de la sociedad, el progreso tecnológico, el derecho y lo que hoy hacemos pasar por justícia. Para replicarle sólo se me ocurre que todo ese trabajo se debe exclusivamente a la labor tenaz de grupos de incomprendidas, de personas proclives a los horizontes y a la creación, actividad rara en la raza que menciono, más decantada a la destrucción que al entendimiento. NINGUNO de los avances en materia moral o sobre equidistancia social de que disfrutamos hoy día dejaron de causar, en el momento en que fueron aplicados o propuestos, e incluso después, estupefacción, recelo, o reaccionismo asqueroso, por parte de la mayoría de la población, o por parte de seres todavía con las mentes en edad escolar, primitivas gentes sin visión de futuro razonable. La sociedad avanzó exclusivamente gracias al trabajo arduo de esas personas, una labor de información y difusión de ideas revolucionarias destinadas a irnos sacando del lodo primigenio, destinadas a encomiarnos a pensar y sentir.
El lodo sigue ahí, porque no es fácil desecarlo ni erradicarlo, y en él siguen muchas personas de cuadriculadas y soporíferas mentes, personas que aún detestan a las negras, que obligan a trabajar a las niñas, que piensan que la mujer es un coño que limpia y cocina, que estan convencidas que curas y militares son personas que merecen más respeto que una zapatera o una barrendera, o que rechazan denominar crímen de lesa humanidad a nuestro trato con los animales.
Atribuirle derechos legislativos fundamentales a los animales más antropomorfos ( Proyecto Gran Simio ), es apenas una de las pruebas de que somos capaces de empatizar con el resto de las especies sin emplear el cruel -y aburrido de tanta crueldad-, método sinergético de hacerlas pasar por nuestros tubos digestivos, hacerlas probar el látigo, destruirles la entidad animal para robotizarlas, atropellarlas, torturarlas, matarlas, de un modo sistemático como el que empleamos; sino tratando de buscar el tan apreciado equilibrio con el entorno que sólo las más taradas y brutales ( miles de millones de seres humanos, no se me escapa ), leen como una lucha competitiva por la supervivencia. Imaginándose en sus delírios de ensoñación, un concepto de felicidad colectiva basado en pintar monigotes en las superficies de sus grutas, violar a las hembras de su grupo social, morderse y reventarse entre sí por el mejor puesto en la carroña encontrada, o por el mejor ángulo junto a la hoguera.
Atribuirle derechos a los animales -que sienten dolor, soledad, tristeza, ilusión, planes de futuro, afecto, humor y la mayoría de los sentimiento humanos, en sus distintas gradaciones-, es, tampoco esto se me escapa ( hoy estoy de un perspicaz... ), un principio elemental de deconstrucción del antropocentrismo imperialista que está asolando la tierra y vecindarios, una esperanza para la perpetuación de nuestra raza, la cual de ningún modo podrá sobrevibir en los ámbitos previstos por la depredadora sociedad de consumo ( aún no sé quién consume a quién ), que gozamos jolgoriosas como una guerra sucia y unilateral. La exoneración, por fín, del dogma de nuestra soberanía respecto al resto de las especies es uno de los pasos definitivos en la mejora de nuestro sistema ético, a la altura de la erradicación del machismo, del racismo y del clasismo. La más ilustrativa mejora de nuestras pautas morales, del mismo modo que entendemos que doblegar por la fuerza y la humillación a nuestros semejantes no es sano para el cuerpo social, que burlarse de las disminuídas físicas o psíquicas es embrutecedor, o que despreciar a las pobres del mundo ( su gran mayoría ), nos denigra en caricaturas de nosotras mismas, en deformadas aspirantes a personas.
Que los horrores heredados desde hace demasiado tiempo sigan sucediéndose con más o menos salud no minusvalída estas palabras ni su intención, puesto que lo que ha hecho, hace y hará el grupo social cuando se apelotona en manada -con los abundantes ejemplos que la cotidianeidad nos ofrece-, no hacen sino mostrarnos la extensión de nuestras carencias, la longitud del camino a recorrer, pero también, el hecho de que se considere reprobable, el más lustroso ejemplo de que todo cambia y todo debe cambiar. Que la dimensión de lo que queda por hacer no deba amedrentar de ningún modo a las personas que queramos seguir peleando, proclamando la evolución constante, instando a la raza humana a seguir adelante. Que de eso y de mucho más se trata con otorgar derechos al resto de los animales.
Las más gárrulas seres humanos -es decir, innumerables-, andan todavía anteponiendo el prisma progresista ( económico, porque otros no entienden ), a todos los demás avances de la sociedad. Aunque valga enmendar que la palabra €œprogresión€ sólo se diferencia de €œregresión€ en una sílaba, de tal suerte que no vacila en considerar que se extingan los bosques pluviales si para ello se aumenta el producto interior bruto de paises de dudosa limpieza en la financiación, que se extingan especies animales únicas para la biodiversidad o que se contamine de un modo feroz el aire, el agua y la tierra de todo el planeta hasta extremos que ni se hubieran imaginada tan sólo ochenta años atrás.
La palabra €œprogreso€ según el diccionario de la RAE, viene a significar €œAcción de ir hacia adelante€, y también €œAvance, adelanto, perfeccionamiento€. Me lo expliquen, que no me cuadra, sobretodo en los países más €œprogresistas€. ¿ Progresar es contaminar sin pausa todas las aguas freáticas del globo ?, ¿ extinguir las ballenas y esquilmar los océanos ?, ¿ desertizar la Amazonía ?, ¿ incumplir el protocolo de Kyoto ?, ¿ negarle derechos a los animales ?, ¿ restringir la libertad femenina ?, ¿ segregar por una cuestión de color de piel ?. Porque está sucediendo, y no de un modo ni de lejos aislado, todo esto. No quiero entrar en la multitud de problemas sociales que han surgido de la incapacidad de los gobiernos ante los retos de la evolución, la mecanización del trabajo o la inserción de la fémina al mundo laboral, del estallido de la demografía planetaria, de la indiferencia de mi raza o incluso de la propia corrupción interna de los organismos de gestión. O, para concluir, de la pura y dura codícia de la que no se escapa ni el papa, ni los iconos culturales del último siglo, ni las profetas o grandes personas cuyos monumentos ensucian nuestras calles.
Nos estamos comiendo literalmente el planeta, y lo defecamos en un compuesto de dificil absorción por la tierra a corto plazo. La enorme potencia regeneradora de los océanos no puede ya con nuestros hábitos insaciables, la tolerancia a la saturación de la tierra ya devuelve en forma estéril las espectativas hacia ella vertidas en materia de agricultura y alimentación. Vivimos inmergidas en el axioma de que guardar es de necias y gastar de triunfadoras y esa prometedora maquinaria orgánica que es el cerebro ha sido fagocitada por el hedonismo de los sentidos, a los cuales rendimos culto con más estupidez y suicidio que cualquiera del resto de los animales.
Lo que la pizpireta y cándida humanita de a pie entiende por progreso no es más que la reluciente forma pisoteando al contenido esencial. El insostenible aspecto de una apariencia de orden, estabilidad y lujo, de una sociedad de bienestar... que parasita y vampiriza a los países empobrecidos ( por esa avarícia ), que pudre sus propios territorios, esclaviza a todos los seres que en él sobreviven, bien sea con su consentimiento, o mal mediante chantaje y aplicando la siempre funcional y recurrente fuerza bruta.
Al empezar quería hablar sólo de los derechos animales, pero sucede que a medida que escribía me acudía todo a las mientes, todo se relacionaba, todo lo humano se entrelaza y condiciona cada uno de sus factores. El pasado condiciona el futuro y acaban teniendo significado común conceptos aparentemente distantes. Los derechos animales, el progreso, la supervivencia de la especie en este planeta -hasta que el sol decida dejar de calentarnos o un meteorito despistado nos devuelva al mar-, la igualdad de las razas y las clases y los géneros... Todo forma parte de esta mandala frágil pero inmensa que hacemos existiendo, y a la que cada una debe aplicar su pizca de arena en el mosaico.
No consintamos que nadie se escabulla de su derecho -y su deber- de amar.










