Navidades, Dioses, Gulas
Se acerca reptando la navidad al cortinglés y a los platos de cada hogar español. Los mensajes de amor florecen, las buenas intenciones, la profesional y manoseada prejuraci'on, juración y perjuración de enmendarse. La ciudadanita de a pie deja pistolas y canana en la mesita de noche para salir a la calle con flores decapitadas en el ojal, luciendo, transgresora, entre semana la sonrisa reservada al sábado. Maravilloso. Entrañable ( después se especifica hasta qué punto ). Ojalá fuera navidad cada lunes, cada día a las tres y veinticinco y a las cinco en punto, cada vez que se decreta la invasión de un país petrolífero, cada vez que el fundamentalismo católico apaliza a una pareja de homosexuales por ir cogidas de la mano. Ojalá fuera navidad cada vez que el violador sale a la calle, con los testículos llenos y el corazón vacío, buscando una mujer aislada en la noche, ojalá fuera navidad cada vez que las gentes de blanco pactan ponerse la caperuza con las tres kas bordadas y ahorcar unas negras. Ojalá no fuera navidad cada vez que la ciudadanita de a pie señala el cuerpo despellejado del cordero lechal a través de la vidriera de la carnicería del mercado, cuyo empaquetamiento condenará a otro a sustituirle. Ojalá no fuera navidad cuando la sociedad tradicional católica, apostólica y romana condena a morir a millones de niñas de otras especies para celebrar el nacimiento del grande, de la raza y el sexo y la especie elegida. Ojalá hubiera sido navidad cuando abraham decidió indultar a su hijo isaac para degollar al cordero lechal. Porque para celebrar el advenimiento del bebé dios, otros bebés serán ofrecidos en holocausto a la liturgia de la gula, en prolongados ofícios pantagruélicos, y serán degollados, horadados, rellenados, horneados, para hacer las delícias de comensalas zampabollos, algunas de las cuales morirán ( es la cara B de la alegría, los daños colaterales ), en la sección de urgencias de su hospital de guardia más cercano, con las venas colapsadas y grumosos restos de pringue todavía en la tráquea. Pero que serán atendidas con la premura que la masificación permita, mediante medicinas y métodos experimentados en animales minuciosamente torturados, minuciosamente inútiles.
Las comerciantes se restriegan las manos, pero la ciudadaníta superviviente no verá nada, no oirá ni olerá, ni palpará ni dirá, porque estará concentrada en triturar el cartílago rebelde, en mascar la carne melosa de las infantes, carroña que llegó a su plato por obra y magia de Santa Pagadoble. Ahí, en el nicho ovalado de una fuente, yacerá, carbonizado, el cuerpo del lechón que en vida jamás pudo correr siquiera cincuenta pasos por un herbazal, la anatomía gratinada de un cabrito casi recién nacido que trastabillaba incapaz de sostenerse en pie cuando se ahogó en su propia sangre sobre el cadáver aún caliente de su compañero de corral, o el puzzle incompleto de una ternera que no supo lo que era el sol hasta que la llevaron al matadero, y que asustada lamió acaso la mano izquierda de su verduga, porque la derecha trabajaba, cuchillo en mano, su garganta. Animalitos inocentes que no sabían qué cosa era la navidad, en qué consistía la solemne grandeza del amor humano, el humanitarismo que las mataba, la podredumbre de la raza que de ellos disponía.
í‰poca la navidad, como decía, de amor fraternal, filial, socioeconómico y, si me apuran, cósmico y metafísico. Algo así como la sonrisa de cajera de supermercado en las fechas que advienen: fictícia la mayoría de las ocasiones, porque la joden con sueldos ridículos y la obligan a ser, además de diligentes para descongestionar colas, amables con la clientela. Y cito Mercadona por no citar todos.
El amor navideño a este dios se esmera en la depredación, es un amor pedófilo, cruel, apocalíptico. Es una amor sórdido, sádico, con dos intenciones opuestas... O acaso no sea el amor de dios quien mata, sino dios mismo, porque nada se mueve en el universo sin su voluntad. Y su voluntad es la muerte masiva, la crueldad infinita, la tortura, los golpes de estado, los asesinatos.. Quizás.
Yo, sin ser más religiosa que el ofício encomendado por la plegaria a un roble milenario, quería pensar cándidamente que la máxima expresión del amor universal ( también en lo que a dios respecte ), consistía en maximizar la huella espiritual y minimizar la física, lo cual es justo lo contrario a lo que se practica en las religiones mayoritarias. Pero ya sabemos que las religiones mayoritarias, y efusivamente la católica, han relegado los asuntos del alma para volcarse en la incontinencia de la carne, en el culto al cuerpo. En el culturismo, vamos. Y adoran la carne viva siempre y cuando sea la propia, y adoran la carne muerta, siempre y cuando no pertenezca a nuestro género animal.
El calor de la ilusión navideño y consumista sortea el frío de las ciudades y los pueblos de España para anunciarle al mundo que ahora toca tregua en nuestras contiendas, pero que debemos asimismo aumentar el genocidio animal, para celebrar que durante unos días el mundo intentará llevarse bien. Y se llenarán las iglesias de trajes de domingo, pedos escapados ( a dios gracias los templos son espacioso por arriba ), musitadas oraciones incompletas que ya nadie recuerda porque la asistencia mensual a las misas en Europa ya es de un cuarenta por ciento del feligresado ( caramba, como la democracia....) Pero ese cuyo fiasco de convocatoria que la moral católica ( y el sufragio universal, ya que lo menciono ), pretende con las parroquianas no es relevante a la hora de definirse acólita, porque todas las personas son sentidas adeptas al pilón de agua bendita cuando se trata de zamparse los cádáveres estipulados en las fiestas mágicas que nos aguardan. A la risa grasienta todas se apuntan.
Por este y otros lados no tan extrapolados, a unos pocos miles de kilómetros, las fábricas de cachorros de €œmascotas€ del este de Europa trabajaron a horas extras con la matrices de las hembras productoras de regalos navideños, que viven en tugurios infectos, lamentablemente convertidas en factorías de billetes. Cachorros los cuales serán, crecidos y antes de un año exacto, dormidos en el albergue saturado de turno. A los cuales llegarán, abandonados, esqueléticos, maltratados y comidos por los parásitos, además con una desorientación mayúscula acerca de si todavía deben o no confiar en esta raza bípeda que contabilizó su suerte desde que eran espermatozoide.
Por este y otros lados los furtivos harán el agosto comerciando con piezas exquisitas que agonizaron en cepos durante días para deleite de los menos escrupulosos bolsillos.
Por este y otros lados las deficientes mentales y emocionales engrosarán su ropero con sangre y genocídio de millones de visones, nutrias, perros, zorros, martas, armiños, linces, gatos y la larga lista de las condenadas por su suavidad, bajo el sacrosanto argumento de que pueden permitírselo.
Por este y otros lados ya vienen de camino, desde la otra faz de la tierra, recién hurtadas de sus selvas hogares, las especies exóticas que mentecatas y frustradas sociales, incapaces de vocalizar la frase €œtenencia responsable€, meterán en un terrario minúsculo para mostrar a sus visitas, ante el nada disimulado asco o miedo de sus familiares. Y que quizás se hagan demasiado grandes o molestas y mueran de tristeza, de stress, debido a la incompetencia de sus compradoras, de enfermedades de costosa cura. Mascotas tropicales que acabarán en el contenedor de la basura en los próximos meses, en los próximos años, y que serán convocados con estúpidos nombres a los que jamás harán caso porque fueron y son animales silvestres, puros, espléndidos.
Las colas de los supermercados y pescaderías y carnicerías entorpecerán el paso a las pacíficas veg*anas de la ciudad, auténticas muestras de santa paciencia y tolerancia jobiana. Las que proponen una sociedad realmente nueva, sin reformas estéticas, sino estructurales. Que dicen y hacen sin necesidad de encomendarse a San Silvestre pormetiéndose ser buenas a partir del primero de enero.
Esta navidad... hazte vegetariana, hazte vegana, discrepa los regalos que lleven dolor y muerte, fomenta el diálogo sobre el por qué y el por qué no de los actos. No dejes pasar la muerte a tu lado, no des por supuesta la muerte y el dolor. Y prolonga toda tu vida esa historia de amor.
Xavier Bayle










