Carlo, y Saddam, y ...

La costumbre no puede opacar la vida. La rutina nos hace pasivos, autistas, individualistas...

Carlo, y Saddam, y ...

 "Es una locura amar, a menos que se ame con locura."
John Ythier

Es un ser humano, con famí­lia, hijas quizás, residencia estable, sueldo fijo, trabajo garantizado y respeto vecinal. Es un ser humano aceptado por la comunidad, que, entre otras cosas quizás, disparó a bocajarro un tiro en la cabeza de Carlo Giuliani, en la Cumbre del G8, la mañana del 22 de julio del 2001, en Génova, y nos lo mató instantaneamente, casi indoloramente, humanitariamente, como mata la sociedad en la que vivo un cerdo, un pollo, una vaca, once mil niñas cada dí­a, treintainueve mil adultas: limpiamente. Era, además de carabinieri, un ser humano ejemplar, que, como trabaja de policia y Carlo era anarquista, tení­a un derecho no escrito de reventarle el casco craneal y marcar el camino de cómo se solventan las situaciones en las que la Razón tiende a tomar posiciones, cuando un grupo de incontroladas visionarias ( millones ), salen a la calle a decir no en los muchos idiomas que la palabra y el acto han adquirido -legí­timamente, a lo largo de los milenios-, para expresarse, y que fue respondido con un contundente Sí, silabizado por el percutor que accionó la bala mortal y nos dejó sin Carlo (imprescindible, como cada vida). Con ese derecho no escrito que no vacila en usurpar vidas, bajo argumentos no escritos y ciertamente negados -como son el hedonismo, la vanidad, la gula, la pereza, el odio, la crueldad, la deficiencia mental y emocional...-, perpetuando el holocausto animal no-humano y humano que llamamos sociedad moderna.

En otra franja del espacio y del tiempo, aunque dentro del espectro moral, Saddam Hussein, hace unos dí­as, fue ahorcado, según reza el manual de justí­cia humana, al estilo occidental,... que es, por cierto, el oriental cuando las circunstancias lo requieren, porque a veces nos comportamos como salvajes (valga como peyorativo por esta vez), y a veces como personas. Todas estamos muy civilizadas cuando transitamos por la ciudad, pero no hay que ser muy perspicaz para presentir bajo ese delicado y delgado barniz de apariencia, que estamos bastante lejos de comprender y sentir. Saddam Hussein fue un padre modelo -no olvidemos-, un trabajador incansable -no olvidemos-, y un amante de sí­ mismo -no olvidemos-, a pesar de todas esas aparentes ventajas que el mundo interpreta como positivas y populares, ha sido ejecutado. Ejecutado por otras cosas que el mundo, también, practica y conoce. Ha sido ejecutado por oprimir, torturar, matar, encarcelar, vejar, asesinar, aterrorizar.... El mundo acepta que está bien que muera por las descritas razones. Si el mundo acepta que haber cometido esas flagrantes torpezas es motivo para ser ejecutado, entonces el mundo deberí­a aceptar que el género humano, así­, en masa, con pertinentes excepciones muy notables, debe ser ajusticiado de inmediato.

Si el mundo acepta que el sistema judicial ha funcionado bien sobre Saddam Hussein, entonces debemos exterminar practicamente a la raza humana.

Porque ¿cómo sinó con terror se puede domesticar la voluntad de los miles de niñas que trabajan de esclavas recogiendo el café, el cacao y las especias ( productos no esenciales, recordemos ), que el primer mundo consume sin importarle una mierda si están manchadas de sangre y dolor, o como sinó con terror se puede destruir la identidad de un oso o un elefante para machacarlos en un circo de por vida, aumentar la producción de huevos y leche en animales esclavos?. ¿Cómo si no con opresión puede conseguirse someter a los animales como vilipendiamos, acallar las voluntades de los pueblos bajo el estúpido argumento de la democracia de basura que disfrutamos, acotar el libre albedrio de la opción sexual de las disidentes al sistema hetero estipulado, aplastar la igualdad de las mujeres, la equidistancia cualitativa de las razas?. ¿Cómo sinó con tortura se puede hacer hablar a las partisanas irakí­es o chechenas, a las tibetanas, a las independentistas vascas, entubar a un macaco para viviseccionarle, pudrirle los ojos a un conejo para testar un puto maquillaje, masacrar los instintos de un tigre siberiano para que salte por un aro de fuego?. ¿Cómo?. ¿Cómo sinó con muerte se puede pretender empaquetar asepticamente los pedazos de carroña que las comerciantes venden al género humano para su consumo brutal y genocida, o comerciar con los órganos de las niñas de la calle brasileñas, o ganar dinero en las apuestas con las violadas y degolladas muchachas de Juárez -ante una sociedad mexicana incapaz de reaccionar, como todas las sociedades, imbéciles hasta lo profundo-, comerciar con colmillos de elefante y rinoceronte, manos de gorila, pieles para construir abrigos, tambores, zapatos...?. ¿Cómo sinó con encarcelamiento se logra aislar a los errores del sistema, evitar la natural tendencia a la libertad que todo lo animal posee, vulnerar la disidencia intelectual de Mumia Abu-Jamal hoy, Mandela ayer, Unamuno anteayer, y de tantos miles de prisioneras polí­ticas que la sociedad castiga?. ¿Cómo sinó con vejaciones y atropellos se logra silenciar las alternativas que proponen un mundo sostenible y no esperpénticamente humano, o se logra ningunear cualquier opción no mayoritaria-comulgante con la forma de pensar institucional o la fe establecida?, ¿cómo sinó con asesinato pasivo o activo se logra destruir de hambre y enfermedades de fácil curación a cincuenta mil personas cada dí­a, a cien mil millones de animales cada año, estableciendo, además, esto como una normativa más digna de la Edad Media que del siglo XXI?. ¿Cómo?. ¿Con palabras bonitas, con razonamientos estructurados y digeribles, con el abanderamiento de una hipotética evolución...?.

No: todo esto se logra íšNICAMENTE con colaboracionismo, con fuerza bruta, con indiferencia, con ignorancia, con asquerosa incomprensión, con incoherencia, con mentiras, con traición, con fascismo, con criminalidad, con alevosí­a y premeditación, en fin: con humanidad. Por eso cuando hablamos de "humanidad", de trato "humanitario", deberí­amos cagarnos en los pantalones y las faldas, porque es la peor palabra con la cual podemos defender nuestra especie, cuando hablamos de humanidad deberí­amos ser cautas y recordar que la Historia está llena de Mengeles, de Stalins, de Masons, de Rasputines, de Barbarrojas, de Titos, de Husseines, de Bushes y Blaires, de Aznares y de Schroeders, de Pedros Primeros y de Gengis Khanes, de escoria. Nuestra Historia está basada en un lecho de lodo y sangre, de mierda y de detritus, al tiempo que edificamos las estructuras de una sociedad "mejor" sobre "esos" cimientos. Entretanto no sepamos qué, de esa amalgama insalubre, puede ser usado como material de construcción para un nuevo mundo, y qué no es en absoluto válido, seguiremos respetando las figuras que mataron a Carlo Giulianni, a Dian Fossey, a Barry Hornes, a las muchachas acusadas de brujerí­a por Torquemada y sus reformadas actuales acólitas, a cien mil millones de animales, a... todo lo que muere ante nuestra pasividad autista, individualista y patética.

Ya basta de decir que llevamos en el corazón un mundo nuevo, ya basta de palabras, incluso estas sobran. Pongámonos en marcha, desentumezcamos el mundo. Despertemos.

Xavier Bayle


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