Embalse de toros en Tlacotalpan

Cada año, el dí­a primero de febrero, como inicio de las fiestas en honor de la Ví­rgen de la Candelaria (patrona de la ciudad), se realiza el llamado "EMBALSE DE TOROS".

La ciudad de Tlacotalpan fue nombrada recientemente patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)

Cada año, el dí­a primero de febrero, como inicio de las fiestas en honor de la Ví­rgen de la Candelaria (patrona de la ciudad), se realiza el llamado "EMBALSE DE TOROS".

Consiste en cruzar el caudaloso rí­o Papaloapan a seis toros de raza cebú, los cuales son amarrados a un lado de una piragua (lancha pequeña) dentro del agua, únicamente con la cabeza de fuera. Previamente cada toro en la otra orilla del rí­o, ha sido alcoholizado, pues le han metido al hocico el contenido de una botella de aguardiente (licor puro de caña).

Uno por uno llegan a la orilla del rí­o en donde está la mencionada ciudad y ahí­, los espera una multitud de personas que han llegado de diversas partes del estado, del paí­s y del extranjero. Comienzan a lazarlos unos pseudo-vaqueros y los toros alcoholizados y semiahogados, también están ahora semiparalizados por las cuerdas, la gente los comienza a hostigar dándoles puntapiés, cinturonazos o hebillazos, a retorcerles el rabo; todo con la intención de hacerlos enfurecer para que embistan pues los animales no son de lidia, sino de pastoreo.

Debido a su fuerza, los toros se logran liberar de algunas cuerdas (no de todas) y comienzan a huir por las calles, pues aquí­ contrariamente a lo que sucede en Pamplona, son ellos los que corren asustados de la gente. Hay que señalar que este dí­a de "La Candelaria", el licor corre a
raudales, se puede decir que todos los asistentes a "la fiesta" están ebrios; por lo tanto, no hay control y esta situación se prolonga por todo lo que resta del dí­a (el cruce de los toros por el rí­o comienza a las doce del dí­a), en la mayorí­a de las ocasiones, los toros son MUTILADO DE SUS GENITALES Y DEL RABO, SON PICADOS con objetos punzo cortantes y así­ se prolonga esta barbarie hasta que caen por las calles de la ciudad, MORIBUNDOS o de plano, MUERTOS.

Al finalizar son recogidos con una maquinaria del Ayuntamiento de esa ciudad para posteriormente llevarlos al rastro, en donde terminarán por matarlos (a los que sobrevivieron), destazarlos y vender su carne al dí­a siguiente en las carnicerí­as. Hay que mencionar que todo el gasto de comprar a los toros y de la misma fiesta, es patrocinado por la autoridad municipal, con el respaldo del gobierno del Estado de Veracruz.

Tradición iniciada en el siglo XVII

El festejo en honor a la Virgen de las Candelas es celebrado desde el siglo XVII, cuando los frailes de la orden de San Juan de Dios trajeron la imagen mariana de España, y aunque las fiestas religiosas se prolongan durante ocho dí­as, los actos más atractivos, y que concentran a los visitantes de todo el paí­s y del extranjero, son el paseo en lancha de la efigie y la tradicional tlacotalpada.

El paseo se realiza el 2 de febrero, cuando la imagen de bulto y vestida ricamente a la usanza española es sacada del nicho que ocupa el lugar principal del templo y a bordo de una piragua recorre el rí­o Papaloapan, para bendecir al pueblo de pescadores y asegurar una buena captura durante el año.

Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1998, Tlacotalpan significa "tierra en medio del agua" y desde la época prehispánica los lugareños ofrecí­an culto a una antigua deidad femenina que habita en el rí­o y es protectora de la especies y de quienes viven de ellas. Con la introducción de la fe católica, durante la Colonia, el culto se mezcló combinando rituales de ambas culturas y el sincretismo tuvo su principal eje en la Virgen de la Candelaria.

Como parte de la mezcla cultural, también se inició la fiesta taurina, que consiste en desafiar a los astados, que en la cultura popular representan el mal o el pecado, suelto entre la muchedumbre, que debe escapar de sus embestidas.

El encierro de toros se realiza en la ví­spera del 2 de febrero, y fue tomado de los festejos taurinos en honor de San Fermí­n en Pamplona, España.

Desde entonces, cada primero de febrero, seis toros eran cruzados a nado en el rí­o y posteriormente soltados por las calles del poblado.

El maltrato convertido en espectáculo en Tlacotalpan hizo que intelectuales y organizaciones defensoras de los animales levantaran su voz pidiendo la cancelación del festejo. Inicialmente fueron las agrupaciones Asociación Pro-Vida Animal (Aprova) y Proceso Verde las que en 1988 comenzaron una campaña internacional de recolección de firmas y enví­o de cartas de protesta a la Presidencia de la República, al gobierno de Veracruz, al ayuntamiento de Tlacotalpan y a la Iglesia católica, exigiendo suspender el encierro taurino.

En 1993, recuerda Isabel Estrada de Pola, un grupo de observadores internacionales acudieron a Tlacotalpan para documentar el maltrato a los animales y reforzar la campaña internacional involucrando a organizaciones de España, Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña.

Desde hace cinco años, durante el gobierno de Miguel Alemán, diversos intelectuales de Veracruz y otras partes de México se sumaron a la campaña, pero no recibieron respuesta afirmativa. En total, 38 personalidades respaldaron la petición a las autoridades veracruzanas, entre ellos, los escritores Sergio Pitol, Germán Dehesa, Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis y Emilio Carballido. También se sumaron el pintor José Luis Cuevas, Iván Restrepo, Leticia Tarragó, David Antón, Fernando Vallejo, Homero Aridjis, Hiroyuki Okumura, Rocí­o Sagaón y Rodolfo Sánchez Vega, entre otros.

En julio de 2005, la organización Aprova, que encabeza Isabel Estrada de Pola, hizo contacto con Sergio Pitol, Premio Cervantes de Literatura 2005, y éste se comprometió a encabezar la petición al gobierno de Veracruz.

Esta fiesta es conocidí­sima a nivel mundial y en esos dí­as, esa pequeña ciudad está totalmente llena de visitantes, del Puerto de Veracruz, del resto del paí­s, y del extranjero. "El fandango aquí­" que es la canción con la que Eugenia León ganó el festival OTI internacional en 1985 está inspirada en esas fiestas. Y lo que más llama la atención de esas fiestas y a la que todo mundo va, es a la "pamplonada".

El 18 de enero, el gobernador Fidel Herrera anunció la suspensión del encierro de toros para 2006 y la prohibición de la "pamplonada" para evitar el sufrimiento a los toros y que en su lugar, se harí­an ahora jaripeos y fiesta charra.

¡¡Cómo si en los Jaripeos y Charreadas los animales estuviesen entre algodones y fueran tratados con pétalos de rosas!!

Y no solo los toros, también los caballos; ¿no es acaso una suerte de la charrerí­a jalarle la cola a un toro desde un caballo a toda carrera para derribarlo patas arriba?

Los toros "salvajes" que se montan para ser "domados" ¿no se lastiman desde que están batallando en el cubil para quitarse de encima al jinete?

En serio que no entiendo eso, si querí­an acabar con el sufrimiento de los animales, ¿por qué sustituirlo con mas sufrimiento?

Además, Tlacotalpan es cuna del jarochismo, la fiesta charra, aunque la llamen "el deporte nacional por excelencia" en realidad es del gusto de unos cuantos y nadamás, Veracruz no es tierra de aficción a la charrerí­a, me consta.

Sin embargo, pese a que la medida fue anunciada oficialmente, un grupo de lugareños se inconformó con la suspensión del festejo taurino, con el argumento de que deteriorará el prestigio de actividades que atraen la atención internacional.


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