Muchos Dolores

De aquí­ a unos dí­as -el 10 de febrero para más calendario-, a las cuatro de la tarde (16 h.) en el matadero portátil instalado en Vélez Málaga se acribillarán a seis toros (6) en el nombre de la Cobardí­a de Nuestra Señora de los Dolores... La Iglesia C

 

"€œMirad cómo las aves de cielo no siembran ni siegan ni encierran en graneros y vuestro padre celestial las alimenta. No valéis vosotros más que ellas".

Mateo. Capí­tulo 6.Versí­culo 25

"Una india enferma, viendo que no podí­a huir de los perros, que no la hiciesen pedazos como hací­an a los otros, tomó una soga y atóse al pie un niño que tení­a de un año y ahorcóse de una viga, e no lo hizo tan presto que no llegaran los perros y despedazaron al niño, aunque antes que acabase de morir lo baptizó un fraile".

Breve relación de la destrucción de las Indias. Bartolomé de las Casas

MUCHOS DOLORES

 

De aquí­ a unos dí­as -el 10 de febrero para más calendario-, a las cuatro de la tarde (16 h.) en el matadero portátil instalado en Vélez Málaga se acribillarán a seis toros (6) en el nombre de la Cobardí­a de Nuestra Señora de los Dolores. En el nombre del amor de madre y otras cutrerí­as, se va a ajusticiar a seis bovinos (6) de la forma más cruel que existe hoy dí­a en Ejpaña: a la tauromatací­a en plaza.

Se puede matar un conejo desnucándolo violentamente, o se le pueden agujerear los ojos con una aguja para que se desangre lentí­sima y agónicamente. Se le puede meter un tiro en la cabeza a una muchacha de Juárez, o se le puede rajar la garganta y dejar que se vaya ahogando en su propia sangre. Se puede sacrificar a un toro de una balazo de pistola compresora, o se le puede torturar desde dí­as antes de su debut en plaza, negarle alimento y agua, ofrecerle laxantes, clavarle agujas en los testí­culos, limarle en vivo los cuernos, untarle vaselina en los ojos, ponerle periódicos mojados en los oí­dos, meterle estopa o algodón en la garganta y orificios nasales, hacerle cortes en las patas y salpicárselas con disolventes quí­micos, golpearle los riñones con sacos de arena, clavarle un puñalito de divisa con los colores de la ganaderí­a en los omoplatos, meterle una lanza desde un caballo y partirle todos los músculos del cuello, hundirle varios arpones de colores que le desgarren el tejido muscular y lo conviertan en una fuente de sangre y, finalmente clavarle las veces que haga falta una espada en el interior de su cuerpo para romperle el corazón, la tráquea, los pulmones y que vomite de una vez por todas su alma, su fe en la vida, la más mí­nima confianza en nuestra raza y la sangre que le quede, para morir como un guiñapo sobre la sagrada arena redentora.

Ninguna de las dos opciones me interesa ni le interesa al ser humano del siglo XXI. La muerte es el fin; la muerte por mano propia es, además, pecado, señoras de la Cobardí­a de los Dolores.

Por otro lado ¿para quién mejor que para los Dolores se causa dolor?. Ejjjpaña gasta para sus ví­rgenes y santos nombres agónicos, la martirización es nuestra identidad. Desconsuelo, martí­rio, soledad, agoní­a, penitencia... así­ es el amor de Dios en Ejjjpaña. Una mierda de amor, sin mis disculpas. Una mierda de amor. Porque si al toro se le aplicara una religión de amor, en lugar de la de dolor que la Iglesia Católica guarda para sus acólitas y victimas, se practicarí­a con él la abrazoterapia o, mejor que mejor, se le dejarí­a en paz, suelto en sus ecosistemas, como al lince, como al lobo, como al quebrantahuesos. Y velando por no alterar esos territorios, claro.

Hace unos dí­as, en una charla que balbuceé sobre las corridas de toros en una ciudad polaca, un creyente de base, alucinado ante el horror que las imágenes que verificaban mis palabras -y ante lo que no se veí­a pero podí­a desprender-, me preguntó, entre otras cosas, que cuál era la postura de la Iglesia Católica ante tal brutalidad, ante esta masacre taurófoba, guarra, inmoral..., ya que existí­a la bula de Pio V de 1567 contra la tauromafia. Le respondí­ que seguí­a vigente esa propuesta pero que, como existen curas pederastas, existen curas aspirantes a toreros. Asesinas activas, otras, con crucifijo de oro pendiendo del cuello, como las que matan toros en el mundo taurófobo, como las que degollan niñas en Colombia, como las que torturan a partisanas chechenas o independentistas vascas, como las que hicieron desaparecer a miles de personas en Chile o Argentina, desprecian a las negras, oprimen a las mujeres, las usan y las matan, como las que.... congratulan el amor de dios traducido a los muchos idiomas de mi especie. Abnegadas católicas que asesinan, católicas asesinas, a millones, que pueblan la historia... y que genuflexan en el confesionario purgando sus faltas el domingo y dias de guardar, para que otro asesina pasiva con sotana le absuelva, porque el trabajo del clero es condonar y condonar y condonar.... y rechazar el condón.

La Iglesia Católica, cuyo lider habla mucho del amor pero no hace nada más que invertir en empresas que producen desertización, esclavización, hambre, muerte y dolor, tiene también su cara clara. La cara clara de la Iglesia católica son, por ejemplo, los mencionados curas pederastas, los curas toreros, los curas fascistas, los obispos megalómanos... (auténticas vacas sagradas del negocio de la ostia y el cáliz), la criminalización de la vida y la glorificación de la muerte, la sangre como un camino... Esa es la cara diáfana. La otra es más turbia y la vamos sabiendo a medida que se sabe más de su polí­tica de gestión.

Como propuesta del orden del dí­a, entonces, me da por mencionar la apostasí­a. Existe información reveladora en la web www.apostasí­a.es, a la cual invito cordialmente a visitar para apostatar de inmediato. Una organización que comercia con el amor, que trata a sus fieles como cosas rentables, que trata a las mujeres como coños productivos de potenciales inversores en el negocio del amor, no merece nuestro consentimiento ni nuestro silencio. Apostatemos. Ni se nos desprenderán los brazos, ni nos quemará el aire como si azufre fuera, ni dejaremos de ir al cielo prometido en el contrato evangélico. En el infierno arderán (si queda petróleo para ello), la casi totalidad de los cargos eclesiásticos. La pirámide secular, desde el segundo eslabón, está condenada. Y digo desde el segundo porque no me cabe duda de que existen cristianas de base de buenas intenciones, misioneras, monjas y párrocos que no han sido tocados por la mano divina del concepto de amor legislado en las cláusulas católicas. Aunque no quiera hablar de ellas, su labor les congratula. De las demás, que trepan a la pirámide jerárquica desesperadamente, sólo aplicarles el refrán "cuanto más sube el mono más se le ve el culo".

En el nombre de la ví­rgen (porque alguna tiene que joderse y serlo), se mata, se mata, se desangra, se mortifica, se destruye a personas y a animales, como esos seis toros seis que serán convertidos en pulpa y nada, el próximo diez de febrero en Vélez Málaga, en el nombre del "amor", de la "caridad", de la "piedad", amor, caridad y piedad, traducido por una manada de mentecatas. Amor, piedad y caridad, como apunté, de mierda. La Ejjjpaña cañí­, oscura, angosta, semisubnormal, la Ejjjpaña primitiva, informe, gárrula que tanto nos desgarra y entorpece el paso de la civilización: la Ejjjpaña que retrasa -porque está formada por retrasadas-, el camino hacia el equilibrio y la paz, hacia la comprensión de nuestro lugar en la tierra y el estado de gracia con sus habitantes, en aquella otra Ejjjpaña por construir, donde no hayan animales nacidos para ser matados y torturados en plazas, en las calles, en las perreras, en los safaris, en los circos, en los mataderos y parques zoológicos, en los laboratorios, en las peleas ilegales, en las fábricas de dolor, en los bloques once que este paí­s construye y alimenta con vidas como si no hubieran transcurrido los últimos trescientos mil años sobre los continentes y sus criaturas. Como si no hubiera un camino claro de amor (al cual se refirió el mismo Jesucristo), y de verdad, de pureza y de paz para sustituir este de lodo y de sangre, de mierda y de manipulación. De catolicismo al uso, en definitiva.


Xavier Bayle