La Piel que Hiela

Carta publicada en periódico de La Rioja (España) el 08.02.2007

La piel que hiela

El frí­o nos visita todos los años, con más o menos adecuación al mes que le corresponde. Por eso, en estos dí­as de témpanos, hemos de abrigarnos bien y para ello el mercado nos ofrece un inmenso abanico de prendas para todos los gustos y bolsillos, modernas o clásicas, caras y baratas.

La abundante «pasarela» de abrigos de pieles que observo en Logroño, me hace recapacitar sobre este ¿gusto? tan manifiesto por la utilización del abrigo de los animales. Quiero creer que quien compra estas prendas desconoce que para «lucirlas» es necesario que millones de zorritos, nutrias, visones, linces, etc... pasen su corta vida amontonados en jaulas de apenas medio metro cuadrado. Quizá, tampoco sepan, que el confinamiento al que son sometidos, les lleve a la locura y que desarrollen actitudes de automutilación en la desesperación por salir de la jaula, o deriven en situaciones incluso de canibalismo.

Quizá, estas mujeres desconocen, que a estos seres se les quita la vida mediante electrocución anal o genital (para no dañar la piel) o que en muchos casos, tan sólo se les adormece antes de despellejarlos.Finalmente, mi anhelo es que alguna mujer, al conocer esta realidad, se lo piense y opte por abrigar su cuerpo de otra manera, ya que las pieles sólo son hermosas para el ser vivo al que pertenecen y que si se la arrancamos no nos darán calor, sino que helarán nuestro corazón.

Begoña Sáinz de Murrieta