Amar es Proteger

La Asoc. Gastronómica "La Xicoia de Sort" organizó una gran cena cuyo plato principal era el burro -ejemplar en peligro de extinción...

 "El tabú es una prohibición muy antigua, impuesta desde el exterior (por una autoridad) y dirigida contra los deseos más intensos del hombre.

La tendencia a transgredirla persiste en lo inconsciente”.

Tótem y Tabú. Sigmund Freud

AMAR ES PROTEGER

EFE - SORT  31/1/2007 13:06 h PALLARS SOBIRí€-Catalunya-Spain

La asociación gastronómica La Xicoia de Sort (Pallars Sobirí ), ha organizado una cena para el próximo sábado en el municipio en la que el plato principal será el estofado de burro catalán con el objetivo de "promocionar su consumo".

Dentro de estas palabras se desata algo más que una mera noticia la cual no podrí­a catalogar yo muy bien si de carácter económico, gastronómico, proteccionista, nacionalista o, simplemente, falaz. Sí­, creo que optaré por falaz. Y que conste que soy comedida y cauta con el calificativo. Citando a Ecologistas en Acción la noticia es esperpéntica.

Las gentes organizadoras del evento, por boca del vicepresidente Jaume Mora, odre de grueso calibre, es de desprender, pretenden que la mejor manera de salvar los trescientos burros catalanes que quedan es la pública organización de un comité de panzudas tragonas para ingerirlos y, ya de paso, sentirse más catalanas que nadie. El consumo debe ser poco a poco, en grupos de dos porque quizás indigestan, y a las 400 personas que acudieron a este carnaval no sabrí­a muy bien cómo denominarlas, quizás heroí­nas, quizás nacionalistas de quitaypon -o de quitayquita-, quizás... El tragoncete Mora por su parte añade en un alarde intelectual que no se siente identificado con el asno, quizás como leridano con el caracol, al cual también se come, y (es de desprender), a todo bicho viviente y muriente que a su alcance se le ponga.

La Xicoia, que parecen ser simples panzudas con el barniz de pseudoconservacionismo y buen rollito, organizan además para estos dí­as la matanza del “tocino i del corder”, porque ya se sabe que aquí­ vale todo. Al “ruc catalí ” sin embargo se le aplica el toque exótico -amén de la honda raigadumbre catalana-, de comerse un animal en peligro de extinción. Así­ puedo imaginar qué sintió aquella persona que se comió al último dodo, la que estimulará su lí­bido con los polvos hechos a base del último tigre siberiano, o cualesquiera de aquellas bocas ciegas que devoran el mundo poquito a poquito, con la minuciosa gula que nos caracteriza. En la página web de esta organización sectaria hablan de si mismas como una sociedad joven, aunque su juventud se ve atacada por la enorme vetustez de sus métodos, la asquerosa vejez de sus cerebros, esa vejez al borde de la fermentación que continua desvirtuando las palabras como antaño y confundiendo las prioridades éticas con los deseos intestinales o, como procede en el mundo civilizado, cargándose cualquier atisbo de inteligencia y sensibilidad. Tienen al presentador televisivo Boris Izaguirre en sus retratos de familia, no digo más. Todo un ejemplo de cultura universal. Hay quien tiene el cerebro en el aparato reproductor, hay quien lo tiene en el esófago y hay quien no parece tener.

Existen, cada dí­a menos y con más dificultad, unas cuantas tribus indí­genas no contactadas en el mundo. En la Amazoní­a vive una, los Yanomami, que cuenta con pocas individuas y se halla realmente en peligro de desaparición. Las brasileñas no son especialmente cuidadosas con su Amazoní­a (blablabla, la coyuntura economica, la realidad social...), pero aún no he constatado que ningún restaurante del Estado de Roraima haya decidido incluir en sus menús la carne “dulce y sabrosa” (como la del ruc catalí ) de las indias yanomamis con objeto de promover su consumo... y así­ salvarlas de la acelerada desaparición a que las fuerzan las industrias maderera y alimentaria. Pero este comentario enseguida será tildado de descontextualizador, porque ya sabemos que no es lo mismo comerse un animal que un ser humano... al menos eso reza el manual antropocéntrico en el cual fuimos aleccionados desde impúberes. En vano redundo, mi opinión es diametralmente la opuesta.

No es lo mismo, pero es lo mismo en su esencia, porque si grita o siente dolor, si ama la vida y lucha por vivir, entonces la forma del ser acribillado es testimonial.

El evento ha sido respaldado por la Caixa (recordemos, entidad bancaria que no vaciló en meter su hocico en la sangrienta e inconclusa invasión a Irak, a ver qué podí­a pillar de la masacre), la Caixa de Catalunya (otra que tal baila) y la muy ilustre Generalitat de Catalunya, el gobierno autónomo catalán. De las dos primeras usureras entiendo perfectamente su conducta pues el pillaje y la depredación son, al fin y al cabo, los apellidos de los bancos. Lo que no entiendo es que una entidad también financiera (aunque polí­tica y cultural, pero ello es secundario) como la que gestiona lo relacionado con seis millones de personas, el orden social y el garante de la perpetuación en un territorio, decida que el asesinato de especies protegidas posee algún ví­nculo directo con su programa de defensa de la naturaleza. A bien seguro que la respuesta de esta entidad es elí­ptica y contiene una elemento aclaratorio brillante que, mediante otro camino, justifica y apoya el cariz conservacionista que todo asesinato lleva en si incrustado. Algo así­ como hacer pasar las limpiezas mortí­feras de muchachas sin hogar y delincuentes forzadas de las calles de grandes ciudades brasileñas como una estrategia de potenciación del turismo. Si vuelvo a descontextualizar permí­tanme recordar que no hace demasiado tiempo las mujeres y las negras eran consideradas animales, de consumo y usufructo, como hoy en dí­a en ciertos ámbitos anéticos.

La Xicoia de Sort (Catalunya-Ejjjpaña), demuestran no ser más que un hatajo de gargantas las cuales, al igual que las paramilitares, las cazadoras o las nazis -cada una en sus contextos-, ha decidido no importarles si sus actuaciones son o no morales, evolutivas o armónicas con la sensibilidad que debiera caracterizar a la raza humana porque tienen el apoyo de la diosa gastronomí­a, ciega ella, sorda ella y tremendamente ella llena de bocas. Mudas bocas ellas debido al chascar de la atiborración, la incapacidad de frenar su gula y el fragor de su masticación. Vidas vací­as al servicio de su aparato digestivo.

Xavier Bayle