El sufrimiento como mecanismo de defensa

Se ha comprobado en multitud de experimentos que las plantas son capaces de reaccionar ante estí­mulos externos, como pueden ser la intensidad de luz, la cantidad de agua o la presencia de algunas sustancias en los alrededores. Incluso se ha llegado a dem

El sufrimiento como mecanismo de defensa

Se ha comprobado en multitud de experimentos que las plantas son capaces de reaccionar ante estí­mulos externos, como pueden ser la intensidad de luz, la cantidad de agua o la presencia de algunas sustancias en los alrededores. Incluso se ha llegado a demostrar la existencia de un tipo de comunicación entre individuos cercanos de una misma especie. El individuo que capta una agresión, emite unas sustancias al aire con la intención de avisar a sus congéneres para que tomen las medidas de protección oportunas.

 

Aunque en realidad no hay ninguna intencionalidad en todo esto. Las plantas poseen un patrón de conducta lineal, según el cual actúan de forma directa ante cualquier estí­mulo. La agresión que sufre la planta desencadena una serie de reacciones quí­micas por las que se liberan unas sustancias al aire. Cuando la concentración de dichas sustancias en el aire alcanza un valor umbral, se activan los mecanismos de defensa de los individuos de los alrededores.

 

Se suele confundir esta capacidad de percibir que tienen las plantas con la capacidad de sufrir de los animales. De hecho, no son pocos los que afirman que las plantas son capaces de sufrir porque hay experimentos que lo confirman. Sin embargo, lo único que confirman dichos experimentos es la capacidad de percibir y reaccionar ante estí­mulos externos. La postura de aquellos que, por el contrario, afirman que las plantas no pueden sufrir porque carecen de sistema nervioso, es igualmente errónea (a pesar de parecer más lógica que la anterior). De hecho, nadie puede asegurar que no existe ningún tipo de célula, además de las nerviosas, que pueda producir la capacidad de sufrir.

 

La única forma de saber si las plantas sufren o no es ver el sufrimiento como un mecanismo de defensa desarrollado por ciertos organismos a lo largo de la evolución.

 

Hace unos 540 millones de años, durante la explosión evolutiva del Cámbrico, algunos animales desarrollaron sistemas defensivos con el único objetivo de sobrevivir ante los ataques de los demás animales. Uno de esos sistemas defensivos era la capacidad de sufrir. Los animales dotados con dicha capacidad sentí­an una sensación desagradable cada vez que se encontraban ante una agresión por lo que aprendieron a alejarse rápidamente del peligro. Por el contrario, los animales que carecí­an de dicha capacidad sucumbí­an fácilmente ante los depredadores, por lo que no se reproducí­an con tanto éxito como los anteriores. Esta es la causa de que, en la actualidad, prácticamente todos los animales posean unos sistemas de defensa adecuados a su estilo de vida.

 

Las plantas, sin embargo, carecen de la movilidad caracterí­stica de los animales. Las plantas no pueden alejarse cada vez que perciben algún peligro, por lo que la capacidad de sufrir no les valdrí­a para nada. Es más, semejante capacidad serí­a perjudicial para ellas, dado que no solo no podrí­an alejarse del peligro, sino que sentirí­an dolor cada vez que fueran ví­ctimas de alguna agresión.

 

Debo aclarar que, si bien el hecho de que las plantas no pueden sufrir constituye una especie de aval ético para todas aquellas personas que llevan una dieta vegana, son igualmente válidas y respetables todas aquellas dietas que excluyen alimentos de origen animal, como es el caso del frutivorismo.

 

David Estellés

davide@animanaturalis.com