Tradiciones bárbaras
En el año 80 d. C. se inauguró el Coliseo Romano, llamado también anfiteatro Flavio. Fue durante el mandato de Tito. La inauguración superó con creces a las de los Juegos OlÃÂmpicos de Barcelona o los recientes de Atenas. Nada menos que cien dÃÂas estuvieron de juerga los 109.000 espectadores que cabÃÂan en el recinto. En el transcurso de esos cien dÃÂas fueron sacrificados 5.000 fieras salvajes y 2.500 gladiadores. Sin duda, un espectáculo divertidÃÂsimo. Mucho más que el Toro de la Vega de Tordesillas, que este año concentró solo a 40.000 personas entusiasmadas para ver cómo se mataba a un toro, que encima era manso. Los lanceros debieron ser unos quinientos, que me parecen muy pocos, si tenemos en cuenta que el toro es una fiera salvaje y, aunque a caballo, el humano siempre tiene miedo, mucho miedo a las alimañas.
Un responsable polÃÂtico fue preguntado qué opinaba sobre esta fiesta tan 'edificante', tan 'moderna' y tan 'europea'. A lo que dijo: «No es gratificante para los ojos, pero hay que respetar la tradición». Yo no creo que sea una cuestión de vista, ni de estómago, que también; es algo que atenta directamente a la razón, lo que precisamente distingue, o deberÃÂa distinguir, a los humanos de los animales. Las imágenes de tanto desaforado siguiendo al Toro de la Vega en Tordesillas me lleva a imaginarme la euforia de aquellos probos romanos, que tanto gustaban del olor dulzón de la sangre. La lucha entre gladiadores -cuya escuela estaba al lado del Coliseo- era hasta morir. En ocasiones, si el público entendido lo reclamaba, y la máxima autoridad lo permitÃÂa, los gladiadores podÃÂan ser indultados tras un gran combate; vamos, igual que los toros cuando son muy buenos.
No entiendo porqué los romanos actuales no siguen con el espectáculo. Solo deberÃÂan restaurar un poco el Coliseo, volver a crear una escuela de gladiadores, organizar una partida de cazadores de leones y tigres y ¿hala!, a recuperar la tradición. Por cierto, serÃÂa mucho más antigua que el Toro de la Vega, que solo tiene raÃÂces medievales. U otras tradiciones llenas de plasticidad y color, como la cabra de Manganeses de la Polvorosa o el toro de fuego de Medinaceli.
Somos un pueblo de bárbaros: vándalos, alanos y hunos, atilas que por donde pasamos no dejamos bicho viviente. Lo que más nos importa es la juerga, aunque sea bruta, y aunque vaya en contra de la razón, de los ojos y del estómago. Lo que más nos preocupa es mantener las tradiciones de nuestros tatarabuelos. Pido que se recuperen algunas tradiciones muy divertidas, como el derecho de pernada, y que se enseñe a los niños a utilizar el tirachinas y las escopetas de perdigones para abatir gorriones y tordos.
Mientras tanto, los polÃÂticos mirando al tendido. Todo por los votos.
Aniano Gago
Director de Canal 29
20.09.2004
Texto original: Norte Castilla










