Peces en tanques ¡No Gracias!

Los frágiles peces tropicales, que nacieron para habitar en las majestuosas aguas de los océanos y buscar entre brillantes y coloridos arrecifes de corales, sufren miserablemente cuando son forzados a pasar sus vidas en peceras. La misma verdad se cumple

Peces en tanques ¡No Gracias!

Los frágiles peces tropicales, que nacieron para habitar en las majestuosas aguas de los océanos y buscar entre brillantes y coloridos arrecifes de corales, sufren miserablemente cuando son forzados a pasar sus vidas en peceras. La misma verdad se cumple para los peces de rí­o. Robados de su hábitat natural, se ven forzados a nadar en unos pocos centí­metros cúbicos de la misma agua una y otra vez, negándoles su habilidad de viajar libremente.

¿De dónde vienen realmente los peces?

La popularidad de tener peces tropicales ha creado una industria virtualmente no regulada que atrapa y reproduce la mayor cantidad posible de peces, con poco respeto por los animales mismos. Aunque muchas especies de corales están protegidas bajo “La Convención en el Tratado Internacional de Especies en Extinción”, la mayorí­a de los peces que terminan en tanques no lo están (1).

Aproximadamente el 95% de peces de mar que son vendidos en tiendas de mascotas provienen en su mayorí­a de las aguas alrededor de Indonesia, Filipinas, Fiji y otras islas del Pací­fico (2). Los recolectores rocí­an los arrecifes de corales con cianuro, el cual es ingerido por los peces que viven ahí­ y, tal como lo reportan en la Publicación Cientí­fica Americana: "La asfixia resultante atonta a algunos peces y a otros les produce espasmos, lo que los hace fáciles de agarrar con redes o a mano" (3). La mitad de los peces afectados muere en los arrecifes, y 40% de aquellos que sobreviven inicialmente al envenenamiento, mueren antes de llegar a las peceras (4). El cianuro también mata a los arrecifes de corales y biólogos marinos lo califican como uno de los grandes peligros en las aguas del sureste asiático (5).

El Goldfish (pez dorado) es criado generalmente en tubos gigantes en piscigranjas que crí­an hasta 250 millones de peces por año (6). Estos animales son vendidos a zoológicos, tiendas de mascotas y en tiendas que venden cebo, muchos son condenados a vivir en bolsas plásticas o esferas de vidrio, ninguno de los cuales provee el suficiente espacio ni oxí­geno que el Goldfish necesita. En el año 2004 en Italia, en la ciudad de Monza, prohibieron tener Goldfish en esferas debido a que éstas no cumplen con las necesidades del animal y, como señaló un representante de la ley, las esferas les da a los peces "una visión distorsionada de la realidad" (7).

Algunas piscigranjas están buscando nuevos nichos de mercado creando especies de peces que no ocurrirí­an en la naturaleza, tratando a los peces más como ornamentos que como seres vivos. Algunos criadores incluso "pintan" los peces inyectándoles tintes fluorescentes en el cuerpo o alterando la genética de su coloración natural para hacerlos más atractivos a los compradores (8).

Los peces pueden pensar, hablar y hacer herramientas

Los peces tienen habilidades cognitivas que igualan y a veces sobrepasan a las de los primates no humanos. Pueden reconocer individuos, usar herramientas y mantener relaciones sociales complejas (9). Biólogos escribieron en Fish and Fisheries (Las industrias pesqueras y los peces) que los peces "tienen muy desarrollada la inteligencia social, utilizando estrategias maquiavélicas de manipulación, castigo y reconciliación,  exhibiendo tradiciones culturales estables y cooperando para examinar predadores y capturar comida" (10).

Los peces se comunican entre ellos a través de sonidos -en los rangos de baja frecuencia- desde ruiditos y zumbidos hasta gemidos y sollozos. Esos sonidos audibles para los humanos sólo mediante instrumentos especiales, comunican estados emocionales como alerta o placer y ayudan en el cortejo (11).

Las bombas y filtros necesarios en muchos peceras caseras pueden interferir con esta comunicación. "A lo menos estamos perturbando su comunicación; en el peor de los casos, los estamos volviendo locos" dice el Ictiólogo Philip Lobel (12).

Lo que puedes hacer

Por favor no apoyes el comercio de peces. No los compres. Si disfrutas admirando peces, considera hacerlo bajando uno de los muchos variados y realistas protectores de pantallas para computadoras disponibles en la web. No apoyes negocios o ferias que regalen peces en promociones o concursos. En el 2004 se presentó un proyecto de ley en el Reino Unido que, de ser aprobado, harí­a legal el hecho de dar peces como "premios" o vender animales a niños menores de 16 años, pero también asegurarí­a que los cuidadores provean un ambiente adecuado para los animales (13). Una ley similar está vigente en Regio Emilia, Italia (14).

El pez siamés peleador (Betta Splenders), que es vendido usualmente como decoración o como regalo en celebraciones, está luchando más por su vida a medida que crece su popularidad. Tiendas de mascotas, supertiendas de descuentos, floristerí­as y hasta catálogos en lí­nea venden el pez siamés peleador en pequeños tazones o floreros a clientes que usualmente no tienen conocimiento sobre el cuidado adecuado del Betta. Mucha gente cree erróneamente que el pez Betta debe estar solo y que puede sobrevivir sin ser alimentado en un supuesto "ecosistema completo" que consiste solamente en un jarrón y una planta. Como resultado, tenemos a peces sentenciados a la monotoní­a y a la soledad en una muerte lenta por hambruna. Estos pequeños recipientes no son apropiados para ningún pez. Así­ como los Betta machos no se llevan bien entre ellos, así­ también son capaces de vivir en comunidad con otras especies de peces.

Los biólogos nos dicen que no hay una manera segura de devolver peces capturados a su hábitat natural -que la mayorí­a de las veces está en un lugar del mundo completamente alejado- por la dificultad de encontrar su lugar y la posibilidad de introducir una enfermedad a los peces que allí­ habitan. Los investigadores han encontrado muchas especies de peces no locales, incluyendo especies predadoras, que viven fuera de las costas de Florida, se atribuyen estas poblaciones a dueños de peceras despreocupados (15). Estos peces presentan una verdadera amenaza a las especies locales. Nunca jales por el inodoro a peces con esperanza de liberarlos, como se ve en la popular pelí­cula "Buscando a Nemo". Aunque el pez sobreviva el impacto de ser puesto en un remolino de agua fresca, morirá inevitablemente en las cañerí­as o en la planta de agua de una muerte dolorosa (16).

Si ya tienes un pez, puedes hacerle la vida más fácil brindandole un ambiente lo más parecido posible a su hábitat natural. Aunque los peces capturados se ven privados de vivir una vida natural, con seguir los siguientes consejos les puedes ayudar a vivir una vida tan feliz como les sea posible:

  • A más espacio tenga, más feliz y saludable estará. Sus necesidades pueden variar, así­ que verifica con un experto o consulta un buen libro de peces para determinar los requerimientos del que tengas. Una guí­a general es que debes poner 12 litros de agua por cada 2.5 centí­metros (17).
  • El agua de caño debes tratarla adecuadamente antes de echarla en el tanque, porque la mayorí­a de esa agua tiene cloro y éste puede matar a los peces. El trato que se le dará al agua depende de la localidad en la que éstes, consultando con el proveedor de peces de tu área.
  • Distintos peces requieren diferentes niveles de pH. Revisa diariamente los niveles de pH durante el primer mes y luego semanalmente.
  • Para quitar las partí­culas quí­micas nocivas es esencial un filtro, las plantas ayudan en esta tarea y proveen oxí­geno, resguardo, escondites y ocasionalmente una fuente de comida.
  • Es imprescindible una buena bomba de aire para proveer oxí­geno.
  • Los peces necesitan una temperatura constante, generalmente entre 20° y 24°, pero de todas formas verifica la temperatura que requiere tu pez (18). Los calentadores automáticos para peceras monitorean la temperatura del agua y prenden y apagan según se necesite. La colocación de un pequeño termómetro ayudará a verificar el correcto funcionamiento del calentador.
  • Los desechos naturales del pez producen amoní­aco que, si se acumula, puede llegar a niveles tóxicos, así­ que hay que limpiar el tanque regularmente, pero nunca vaciar el tanque por completo. Hay que asegurarse de limpiar bien el vidrio con un cepillo o paño para prevenir el crecimiento de algas.
  • Crea lugares para que los peces puedan explorar y ocultarse. Objetos de cerámica, rocas naturales y plantas funcionan bien para esto. Asegúrese de que todos los objetos estén limpios y desinfectados antes de colocarlos en el tanque. No utilice objetos de metal debido a que se oxidarí­an.
  • Sea consciente del ambiente fuera de la pecera. El encender repentinamente una luz brillante en un cuarto oscuro puede asustar a los peces, y vibraciones de un televisor o de una radio pueden alarmarlos y tensionarlos.
  • Mantén todos los productos quí­micos dañinos lejos de la peceras. El humo del cigarrillo, el vapor de pinturas, esmaltes y aerosoles pueden ser tóxicos si se absorben por el agua.
  • Se debe ubicar la pecera en un lugar donde la temperatura y la luz sean constantes incontrolables. Averigua cuánta luz es aconsejable para tu peces. Recuerda que la luz directa del sol y las corrientes de aire provenientes de ventanas y puertas pueden alterar la temperatura del agua. Los vapores de una cocina o un taller pueden dañar a los peces.
  • No darles comida en exceso. El alimento no comido y los desechos naturales del pez se transforman en armoní­aco y nitritos que son tóxicos. Un experto recomienda proporcionar solamente tanto alimento como su pez pueda comer en 30 segundos (19).
  • Si un pez parece enfermo o letárgico llévalo a un veterinario. Los peces pueden ser medicados, inyectados, anestesiados y operados como otros animales. Lleve también una muestra del agua del tanque.
  • Los peces disfrutan de la compañí­a. Si tienes un solo pez, búscale un compañero con tus amigos y vecinos, pero no lo compres en una tienda porque apoyarí­as el   tráfico de peces.

 


 

Referencias

(1) Sarah Simpson, “Fishy Business,” Scientific American, 285 (2001): 82-90.
(2) Jill Barton, “Fish Farms Create Thousands of ‘Nemos,’” Associated Press, 19 Jun. 2003.
(3) Simpson.
(4) Ibid.
(5) Ibid.
(6) Caryn Rousseau, “Goldfish Galore Spawn at Arkansas Farms. Just Don’t Overfeed Them,” Associated Press, 2 Aug. 2004.
(7) Michelle Hainer, “Goldfish Bowl Do’s and Don’ts,” The Washington Post, 8 Aug. 2004.
(8) Andrew Pollack, “So the Fish Glow. But Will They Sell?” The New York Times, 25 Jan. 2004.
(9) Culum Brown, “Not Just a Pretty Face,” New Scientist, 12 Jun. 2004.
(10) “Scientists Highlight Fish ‘Intelligence,’” BBC News, 31 Aug. 2003.
(11) Stephen Budiansky, “What Animals Say to Each Other,” U.S. News & World Report, 5 Jun. 1995.
(12) Ibid.
(13) “Overhaul for Animal Welfare Laws,” BBC News, 14 Jul. 2004.
(14) Bruce Johnston, “Italian Animal Rights Law Puts Lobster off the Menu,” <News.telegraph.co.uk>, 3 Jul. 2004.
(15) Amitabh Avasthi, “Releasing Pet Fish Into the Wrong Ocean Proves a Disaster,” New Scientist, 3 Jul. 2004.
(16) “Fish Flushers Learn Life Does Not Imitate ‘Nemo,’” Los Angeles Times, 26 Jun. 2003.
(17) “Goldfish Bowl Do’s and Don’ts,” The Washington Post, 8 Aug. 2004.
(18) Marianne Kyriakos, “Getting Hooked on Fish,” The Washington Post, 23 Jun. 1989.
(19) Ibid.

Texto original: People for the Ethical Treatment of Animals (PETA)

Traducción: Louis Monnier Macchiavello


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