El asesinato a los animales, es la muerte de los hombres

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Con todo derecho se puede decir que los cotos de caza tienen el objeto de asesinar alevosamente a los animales.
Vida Universal

El asesinato a los animales, es la muerte de los hombres

El asesinato a los animales, es la muerte de los hombres

Un consejo para todos los vegetarianos, y para aquellos que se están haciendo vegetarianos, y que no se cuentan entre los señores feudales que necesitan su saludo tradicional de desearse buena caza y que en el canibalismo de animales ven y experimentan entre otras cosas su agradecimiento por la caza. Según la ley “a toda acción le sigue una reacción” o “a cada causa le sigue un efecto correspondiente”, los hombres que matan alevosamente a animales sufren a su vez su propia muerte “ética y moral”. El asesinato a los animales es la muerte de los hombres.

De esta manera puede extinguirse también el señorí­o feudal de la humanidad, de forma que en la Tierra paulatinamente despierten la libertad y la fraternidad, también para con los animales, que son los hermanos pequeños de los hombres.

El comportamiento de muchos cazadores, que reúnen animales en comederos que han puesto ante sus puestos de caza, recuerda la escena de la pelí­cula. “La lista de Schindler”, que obtuvo tantos premios. En esta pelí­cula el comandante de un campo de concentración convirtió en un deporte el salir temprano por la mañana al balcón de su casa, que superaba como un puesto de caza el amplio campo de concentración. Mirando a través de la mira telescópica de su fusil de caza, elegí­a con toda tranquilidad entre los presos a una o varias de sus ví­ctimas, que él después mataba cada vez de un solo disparo.

No se pueden comparar a las ví­ctimas humanas en los campos de concentración con las ví­ctimas en los bosques, ni a los vigilantes del campo de concentración con los cazadores, pero la forma de asesinar y el placer de hacerlo son de un parecido macabro. En la pelí­cula a la que nos referimos las ví­ctimas estaban a merced de los asesinos, viniera lo que viniera, y el asesino presumí­a de ser el amo sobre la vida y la muerte. El marcial y certero tirador no dejaba que nadie cuestionara su derecho a matar; el poder del Estado le protegí­a, hasta que finalmente él mismo acabó más tarde en la horca.

Nadie debe pensar que esto ya ha acabado. Este escenario sigue teniendo validez para con los animales y tiene sus efectos. ¿Cuándo serán alcanzados por ellos los alemanes vivientes? Pues lo que hemos sembrado también lo cosecharemos. Con las pestes de los animales esto ya ha empezado. El potencial de agresión que siempre ha estado latente.

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