Catalunya y los toros

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El gobierno catalán ha redactado un manual de buena conducta con los toros, mediante el que pretende compatibilizar la Ley de Protección de los Animales y el hecho de que en Catalunya existen treinta y ocho municipios (38) que celebran los correbous con a
Luchy Núñez, escritora

Catalunya y los toros

El gobierno catalán ha redactado un manual de buena conducta con los toros, mediante el que pretende compatibilizar la Ley de Protección de los Animales y el hecho de que en Catalunya existen treinta y ocho municipios (38) que celebran los correbous con asistencia masiva. La creencia popular es que éstos son menos agresivos que las corridas de toros bravos. En lugar del toro y el torero, en el correbou son mogollón de valientes los que achuchan al animal, después de prenderle dos bolas de fuego en las astas (el toro embolat), o de atarle por los cuernos a un paredón o árbol (el toro capllaícat). Y, ale, ya está organizada. A reirse y a pasarlo guay con los mugidos y espantadas del toro que, por supuesto, nada tiene que ver con el toro bravo de las corridas. El manual de buena conducta con los toros dispone que hayan veterinarios antes y después del espectáculo para evaluar el grado de estrés, si es que lo padecen.

A mí­ no me vale lo que digan los veterinarios. Yo sé que lo padecen. El otro dí­a, en L’Ampolla, los mozos del pueblo tení­an a una vaquilla acorralada en el espigón del puerto. La toreaban, le tiraban del rabo, corrí­an delante y detrás de ella, la empujaban, se colgaban de los cuernos... En una de ésas, el animal, presa de espanto, pegó un brinco perfectamente calculado y se lanzó al mar. Era tristí­simo ver su cabeza negra nadando contracorriente, empeñada en dar la vuelta al espigón para salir a mar abierto, mientras algunos mozos la seguí­an en lancha motora. La alcanzaron. La subieron con mucho esfuerzo. Volvió a echarse. Costó sudores que ascendiese por la rampa de madera. Se resbalaba, se abrí­a de patas y daba con la testuz en el suelo. De nuevo las risas y los silbidos. El animal temblaba. A mi lado, un niño de unos cinco años gritaba con todas sus fuerzas: "¡Será tonta!".

O dio las peleas de gallos en México, la caza del zorro en Inglaterra y las corridas de toros en España. Pero en este sufrimiento gratuito patrocinado por la estulticia del hombre, todaví­a se puede caer más bajo. Basta añadirle la humillación y la chavacanerí­a, dos ingredientes sin los que la horda humana no parece divertirse. No se entiende que, al mismo tiempo que presumimos de una Barcelona antitaurina y de que la mayorí­a de los catalanes desean erradicar la corrida, se consienta con toda impunidad la salvajada de los correbous. Cuando desde la Generalitat se trabaje efectivamente para erradicarlos, habrá quedado claro que en Catalunya, ante todo, se tiene en cuenta el sufrimiento de los animales. Entretanto, no me gusta pensar que se denosta la corrida de toros porque se trata de la fiesta nacional española. No me gusta pensarlo, pero lo pienso.

Luchy Núñez
Escritora

Fuente: http://barcelona.metrodirecto.com/nx.asp?noti=36851