La falacia de los niños toreros

¿Temeridad y valentía? Si enseñamos a los niños que para obtener un triunfo el primer requisito es perder la piedad hacia los animales, nosotros seguiremos en la lista de sus requerimientos.

“Si enseñamos a los niños que para obtener un triunfo el primer requisito es perder la piedad hacia los animales, nosotros seguiremos en la lista de sus requerimientos”. ¿Hay algo más que se pueda decir para intentar “abrir las mentes” de quienes se empeñan obstinadamente en seguir reconociendo a las corridas de toros como un arte que deba ser aceptado y merezca ser impulsado? Lo cuestionable de este asunto es la promoción de esta triste actividad entre los niños. Sorteando las leyes que existen de protección a la infancia, padres y madres de familia, empresarios taurinos, medios de comunicación y autoridades incapaces de dar respuesta efectiva a la protección de la niñez se unen voluntaria o involuntariamente para tratar de resucitar una actividad que en la mismísima España está en agonía.

La prohibición de esta cruel práctica por parte de menores de edad en ese país viene a ser aquí, en este nuestro México, asunto incipiente gracias a la ignorancia, la falacia de los conceptos de gloria, fama y valor que inteligentes personajes pretenden promover en nuestra niñez, poniendo en peligro la natural empatía de los pequeños hacia los animales.

¿Puede un niño emocionalmente sano disfrutar con la tortura de cualquier animal? ¿Acaso no son los niños los primeros en defender al gato, al caballo o al perro malherido? Inducir y enseñar que se puede vivir segando otras vidas, que se puede gozar a costa de la tortura de un ser doliente, que son sinónimo de belleza las heridas sangrantes de una majestuosa bestia, que para obtener la gloria y el reconocimiento es necesario arriesgar la vida de manera estúpida son enseñanzas mezquinas para quienes su primer aprendizaje debería ser el respeto a la vida: la de cualquier ser.

En este mundo que está sediento de buenos sentimientos, eliminar la compasión inocente de los chiquillos a los seres que comparten el planeta con ellos es artero, alevoso y absurdo.

¿Pueden los niños percibir por la inmadurez propia de su edad que se están entrenando para causar dolor a los toros? ¿Pueden comprender el significado de la palabra “matar”? ¿Pueden diferenciar entre los términos “temeridad” y “valentía”? Transmitir que el poder que se tiene para sanar en lugar de herir es condenable, utilizar a los niños para saciar la sed de visiones sangrientas de unos pocos y los bolsillos de otros es infame.

Sin embargo, lo peor es que aún se acepte un ritual en que la muerte tenga que ser convocada para que alguien pueda ser declarado vencedor.

Marcia Lara de Moreno para Diario de Yucatán
marcysugar@yahoo.com.mx

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Autor
Marcia Lara de Moreno
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