COVID-19: Crónica de una pandemia anunciada

La crisis del coronavirus ha puesto sobre la mesa una de las mayores amenazas que se ciernen sobre la salud global: la zoonosis, que es el conjunto de las enfermedades o infecciones que pueden transmitirse entre animales y seres humanos.

COVID-19: Crónica de una pandemia anunciada

El 31 de diciembre de 2019, el gobierno chino emitió una alerta a la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre una nueva enfermedad que se estaba extendiendo por la ciudad de Wuhan. Los pacientes estaban bajando con una fiebre misteriosa, tos seca y neumonía. Muy pronto comenzaron a reportarse las primeras muertes. En un comienzo, las autoridades reportaron que el nuevo virus era SARS-CoV-2, que ya había causado estragos anteriormente, pero los funcionarios chinos de salud estaban corriendo contra reloj para encontrar la verdadera fuente.

La hipótesis principal es que el virus surgió de los animales enjaulados en un mercado de Wuhan, porque 27 de los primeros 41 pacientes habían estado ahí. Esto no es una sorpresa para muchos expertos, porque ha sucedido antes. En 2003, un virus muy similar al SARS-CoV-2 surgió de un mercado en Foshan, China. Causó la enfermedad del SARS, que se extendió a docenas de países y mató a casi 800 personas. Hasta el 6 de marzo, el SARS-CoV-2 ha llegado a 83 países y ha matado a más de 3,400 personas, la mayoría de ellas en China.

Las similitudes entre los dos virus plantean la pregunta: ¿por qué siguen surgiendo nuevas enfermedades de China?

Zoonósis

Muchos de los virus que están causando alarma en las últimas décadas provienen de los animales. Las condiciones en que la industria de la carne los cría y confina, provoca que muchas enfermedades propias de los animales pasen a los humanos. A esto se le llama zoonósis. El sida, ébola, el mal de las vacas locas, la gripe aviar, fiebre porcina, SARS... todas estas enfermedades las transmitieron los animales y llegaron a las personas que trataban con ellos en granjas, mercados o en la naturaleza.

Los virus suelen saltar de animales a humanos con cierta facilidad, pero muy pocas veces son mortales ni producen los efectos que estamos viviendo en la actualidad. Sin embargo, cada vez más enfermedades propias de cerdos, vacas y aves de corral están afectando a la población humana, aunque de manera más preocupante los que provienen de animales silvestres criados para consumo humano... y ahí volvemos al caso de China.

En 2003, las civetas -un tipo mangosta- fueron prohibidas y sacrificadas en grandes cantidades después de que se descubrió que probablemente transfirieron el virus del SARS a los humanos. En el mercado de Wuhan se estaba vendiendo serpientes, murciélagos, mapaches, puercoespines, pangolines, ciervos y una multitud de otros animales exóticos, hacinados y amontonados en pequeñas jaulas y sacrificados en directo para los compradores. "Tienes animales bajo estrés. Por lo tanto, su sistema inmunológico está debilitado y, a través del proceso de manipulación, incluido el sacrificio, es cuando se habría producido el mayor riesgo de contagio de animales a humanos", explica Steven Galster, experto en tráfico de especies de la Wildlife Alliance.

Al igual que se sospecha que el virus del VIH proviene de los chimpancés y el ébola, de los murciélagos, hay evidencia de que el nuevo virus COVID-19 nace también de murciélagos que se lo traspasaron a pangolines, que finalmente se lo transmitieron a la ciudadanos de Wuhan. "Así es exactamente como un virus puede saltar de un animal a otro", explica el profesor Peter Li de la Universidad de Houston. "Si ese animal entra en contacto o es consumido por un humano, el virus podría potencialmente infectarlos. Y si el virus luego se propaga a otros humanos, causa un brote", agrega.

Mercados vivos

Los mercados que venden animales vivos para su consumo están presentes en todo el mundo, pero en China están especialmente protegidos. El propio gobierno chino potenció este tipo de mercado de vida silvestre desde 1978, como una manera de enfrentar la crisis de alimentación que sufría el país por entonces. En un comienzo sólo se trató de pequeñas granjas rurales que criaban animales salvajes, pero ya en 1988 se tomó la decisión oficial de convertir ese mercado de subsistencia en una nueva industria. Las pequeñas granjas locales comenzaron a crecer. Por ejemplo, una explotación que tenía sólo tres osos pasó a criar más de mil. "Las poblaciones más grandes significaban mayores posibilidades de que un animal enfermo pudiera transmitir enfermedades", dice Li. "Y como se suele criar gran variedad de especies, hay mayor cantidad de virus que contagiar".

A comienzos de la década del 2000, los mercados vivos de China estaban en su punto más alto, lo que produjo lo inevitable. En 2003 aparece el SARS en un mercado al sur del país y el gobierno reaccionó con la prohibición del consumo de civeta... pero unos meses después del brote, se volvió a autorizar su crianza, junto con otras 54 especies de vida silvestre. En 2004, esta industria alcanzaba los 100 mil millones de yuanes de beneficios, y para 2018 superaba los 148 mil millones de yuanes.

Poco después del brote de COVID-19, China cerró miles de mercados y prohibió nuevamente el comercio de vida silvestre. Sin embargo, la Ley de Protección de Vida Silvestre de ese país sigue sin cambiarse y probablemente continúe este mercado después de pasada la crisis.

"La mayoría de la gente en China no come animales salvajes. Las personas que consumen estos animales salvajes son los ricos y los poderosos, una pequeña minoría", explica Galster. "Sin embargo, las consecuencias de este tipo de mercado lo pagan siempre los más desprotegidos".

¿Qué hacer?

La única razón por la que este tipo de zoonósis está apareciendo en China no tiene que ver con la cultura de ese país o porque sus condiciones sean demasiado diferentes a las que tenemos en los países de occidente. Simplemente los mercados vivos de ese país confinan gran cantidad de animales de diversas especies en condiciones terribles. Esto no es muy diferente a lo que se puede ver en cualquier granja industrial de los países más desarrollados.

El consumo de carne de animales sólo engrosa su lista de peligros y desventajas. No sólo es malo para la salud, tiene consecuencias nefastas para el planeta y produce intenso sufrimiento en los animales, sino que pone en riesgo la vida de quienes más queremos a través de pandemias que sólo estamos comenzando a conocer.

La crisis del COVID-19 ha puesto sobre la mesa una de las mayores amenazas que se ciernen sobre la salud global. El conjunto de las enfermedades o infecciones que pueden transmitirse entre animales y seres humanos es cada vez más frecuente. "Estamos alterando los ecosistemas que provocan que los animales salvajes tengan más contacto con las personas y jamás en la historia de la humanidad tuvimos tantos animales hacinados en explotaciones y mercados para ser devorados. Es una bomba de tiempo", dice Galster.

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