Cómo se atreven? How dare you!

El pasado lunes 23 de septiembre tuvo lugar en la ciudad de Nueva York, en la sede de Naciones Unidas la apertura de la Cumbre sobre la Acción Climática en la cual se reunieron líderes políticos de más de 70 países, líderes empresariales y miembros de la sociedad civil para presentar nuevas iniciativas y compromisos con el objetivo de alcanzar las metas fijadas en el Acuerdo de París respecto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y acciones en materia de mitigación y adaptación.

Cómo se atreven? How dare you!

El pasado lunes 23 de septiembre tuvo lugar en la ciudad de Nueva York, en la sede de Naciones Unidas la apertura de la Cumbre sobre la Acción Climática en la cual se reunieron líderes políticos de más de 70 países, líderes empresariales y miembros de la sociedad civil para presentar nuevas iniciativas y compromisos con el objetivo de alcanzar las metas fijadas en el Acuerdo de París respecto a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y acciones en materia de mitigación y adaptación.

Cabe señalar que uno de los discursos que acaparó más las noticias de la prensa mundial fue el pronunciado por la adolescente sueca Greta Thunberg, quien en agosto del 2018, comenzó en solitario una serie de huelgas escolares los días viernes frente al parlamento de su país exigiendo acciones para combatir el cambio climático y que, a raíz de ahí, surgió el movimiento hoy conocido como Fridays for Future, siguiéndola hasta en ésta última manifestación aproximadamente 4 millones de personas en más de 500 ciudades alrededor del mundo.

Pero ¿qué fue lo que dijo Greta Thunberg y lo que millones de jóvenes con pancartas manifestaron en las calles que tanto irritó e incomodó a muchas personas, provocando ataques de diversos sectores de la sociedad?

Tomo quizá el párrafo que más polémica ha generado como blanco de todo tipo de ataques: “¡Cómo se atreven! Ustedes se han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías. Y, sin embargo, yo soy una de las afortunadas. La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva y lo único de lo que ustedes pueden hablar es de dinero y de cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno. ¡Cómo se atreven!

Si entendemos el discurso de Greta no estamos hablando de otra cosa más que precisamente de justicia climática y para entender esto, aquí unos cuantos datos sobre la magnitud del problema:

  • Con datos de NACIONES UNIDAS 1600 millones de personas dependen de los bosques y su sustento, incluidos 70 millones de indígenas. Albergan más del 80% de todas las especies de animales terrestres, plantas e insectos.

  • EL WORLD RESOURCES INSTITUTE (WRI) a través de su plataforma GLOBAL FOREST WATCH señaló que el 2018 fue el cuarto peor año en términos de deforestación de la selva tropical, se destruyeron 12 millones de hectáreas. De ese total 3.6 millones eran selvas vírgenes fundamentales para la biodiversidad y el cambio climático. Los bosques tropicales primarios son ecosistemas boscosos de cientos incluso miles de años. Estos árboles almacenan más CO2 que los demás y son irremplazables cuando se trata de sostener la biodiversidad, son el hábitat de muchos animales como el orangután, gorilas de montaña, jaguares y tigres. Cuando se talan quizá nunca regresen a su estado original.

  • La última evaluación de la Lista Roja de la UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA (UICN) estimó que el 40% de los anfibios, el 25% de los mamíferos, el 14% de las aves y el 33% de los corales corren peligro de extinción.

  • La ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS MIGRACIONES (OIM) asegura que en los últimos años se han multiplicado los desplazamientos forzados por el cambio climático, siendo ya superiores a los provocados por razones bélicas. El BANCO MUNDIAL estima que para el 2050 más de 140 millones de personas en África, Asia meridional y América Latina se verán obligadas a migrar.

  • El BANCO MUNDIAL calculó el año pasado que 800 millones de personas que viven a lo largo del sur de Asia podrían terminar en la pobreza extrema en la próxima década debido al cambio climático.

  • El WORLD ECONOMIC FORUM (WEF) estima que para el 2025, 1400 millones de personas se quedaran sin acceso alguno al agua y dos tercios de la población mundial tendrán escasez de recursos hídricos. Para el 2050 cerca de 2000 millones de personas en Medio Oriente y norte de África vivirán en zonas de escasez absoluta de agua y cerca de 5000 millones de un estimado de 9700 millones vivirán en regiones con escasez física o económica de agua.

  • El informe sobre el Estado de la Tierra del IPCC de NACIONES UNIDAS señaló que casi un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo no se comen cada año, una cantidad que le cuesta a la economía global 940 mil millones de dólares, emitiendo el 8% de los gases de efecto invernadero. La impactante escala del desperdicio de alimentos demuestra la desigualdad y la insostenibilidad de nuestro sistema alimentario mundial disfuncional.

Éstos, son algunos pocos datos que permiten dimensionar el problema y que, a pesar de ellos, todavía hay quienes señalan que el exigir justicia climática es promover el socialismo llamando eco-terroristas a los jóvenes como Greta y a sus seguidores, al grado absurdo de compararlos con las juventudes nazis, ya no, hippies mariguanos como era en décadas pasadas, o que están manipulados y patrocinados por intereses perversos que quieren lucrar con el cambio climático.

Ésta ferocidad de críticas que han recibido invariablemente me hacen ir hacia las que se realizan desde hace años a los activistas por los derechos de los animales y al veganismo, acusando de ser fanáticos de secta, radicales, locos extremistas y demás adjetivos que descalifican una postura moral y ética sobre el trato a las demás especies, y en esta ocasión nuevamente, el fijar una postura moral y ética sobre cómo estamos afectando el único planeta que tenemos, se reacciona de forma ya no solo escéptica o negacionista, sino también agresiva e intolerante.

La justicia climática nos guste o no, nos tiene que poner a replantear todo el modelo económico en el que vivimos, así como en lo individual, los hábitos de consumo y estilos de vida de un sector socioeconómico que ha caído en un hiperconsumismo irresponsable y depredador, provocando que el 40% de la deforestación en el mundo se derive de los productos que consumimos a diario.

Justicia climática es que el consumo de alimentos de origen animal, además de condenar a miles de millones de animales a verdaderos infiernos, está dejando sin agua y alimento a millones de humanos en otras regiones del planeta y contribuyendo con el calentamiento global.

Justicia climática es que nuestra vanidad por la moda rápida en adquirir, utilizar y desechar se ha convertido en la segunda industria más contaminante del planeta después de los combustibles fósiles, provocando una brecha de desigualdad cada vez más grande.

Justicia climática es que nuestro desperdicio de recursos, agua, energía y alimentos afecte de manera directa ecosistemas y biodiversidad, que tenga en la desnutrición a miles de niños en el planeta y que otros se vean obligados a abandonar sus tierras y hogares.

Justicia climática es un tema de justicia social, de derechos humanos, pues los más afectados por el cambio climático son los millones de humanos que viven en pobreza y que cruelmente son los que menos contribuyen en provocar esta catástrofe que hemos iniciado.

Sí, ¡Cómo se atreven! si ser vegano y defender a los animales, al planeta y a otros humanos es ser fanático y eco-terrorista, pues sí, lo soy ¿y tú?

 

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