¡Esperando a ser convertida en un producto de consumo, por el día del veganismo!

"Desde mi bandeja, esperando a ser convertida en un producto de consumo, pude ver cómo muchas personas se quedaban para contemplar la escena completa..."

¡Esperando a ser convertida en un producto de consumo, por el día del veganismo!

He tenido la suerte de participar en una acción de protesta que para mí fue muy especial. Hace ya casi veinte años, cuando hacía muy poco que había dejado de comer animales, vi una imagen que me impactó profundamente y que aún hoy me acompaña. Se trataba de una foto en la que aparecían dos personas desnudas y ensangrentadas; con sus cuerpos en posición fetal, aparentemente sin vidaEstaban dentro de una gran bandeja de poliestireno, cubierta de film plástico, donde una enorme etiqueta decía "carne humana", junto a un código de barras. Esa imagen ilustraba a la perfección la sección de carnicería de muchos supermercados en ese momento, y lamentablemente, se ha ido haciendo cada vez más vigente con el paso de los años.

El sábado 31 de octubre, desde Anima Naturalis y para conmemorar el día mundial del veganismo, reprodujimos bandejas de carne humana como las de aquella foto que tanto me impactó. Lo hicimos frente a la puerta del mercado de abastos de Alicante, como si fuera una promoción de un nuevo producto que pudiéramos adquirir en sus instalaciones, y no tan lejano a su actual oferta como nos gustaría creer.

Mientras preparábamos la escena, observaba las reacciones de la gente: aún con mascarillas, podía ver miradas de incomprensión, de rechazo, algunas curiosas, y otras... otras mostraban comprensión, complicidad, empatía, receptividad... Desde mi bandeja, esperando a ser convertida en un producto de consumo, pude ver cómo muchas personas se quedaban para contemplar la escena completa y entonces, escucharon el manifiesto. Ese manifiesto explicaba a la perfección todas las precuelas y secuelas de la imagen que representábamos: desde el sufrimiento de los animales que comemos, hasta su repercusión en nuestra salud; pasando por la contaminación que genera la ganadería, la defosteración que conlleva alimentar al ganado, el gasto de recursos que implica, o la escasez y el encarecimiento de cereales para el consumo humano, especialmente en los países empobrecidos. Tras la lectura de esa detallada reflexión, escuché un gran aplauso que me hizo olvidar el frío que sentía en mi cuerpo ya casi entumecido y me inundó la felicidad de pensar que, como yo hace más de quince años, alguna de esas personas que esperaron pacientes, con mirada cómplice y comprensiva, podrá hacer suya esa reflexión y así podrá cambiar alguno de sus hábitos de consumo para hacer de este planeta un lugar un poco mejor para todos los seres que lo habitamos ahora y los que también lo harán en el futuro.

Gracias por dejarme formar parte de ello.
 

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