La humanidad debe aprovechar esta oportunidad para encontrar una nueva normalidad y salvaguardar nuestro planeta

Recomendamos este interesante artículo de opinión publicado en The Guardian. “Los riesgos y las oportunidades climáticas deben incorporarse al sistema financiero, así como a la formulación de políticas públicas”.

La humanidad debe aprovechar esta oportunidad para encontrar una nueva normalidad y salvaguardar nuestro planeta

Se habla mucho de volver a la normalidad después de que la crisis del Covid-19 haya terminado. Y, sin embargo, lo normal es lo que ha hecho que nuestro planeta y nuestra sociedad sean vulnerables a estas crisis.

Normal significa talar grandes extensiones de bosque para plantar cultivos. Normal significa ganado excesivo, destruyendo los ecosistemas naturales a expensas de los hábitats para los animales salvajes. Lo normal es impulsar el cambio climático, lo que aumenta el estrés en las especies silvestres y sus hábitats y hace que las personas sean más susceptibles a las enfermedades zoonóticas (que se propagan de los animales a los humanos).

Se puede construir un futuro sólido a partir de un contrato social para la naturaleza que conduzca a una nueva normalidad que nos ponga en armonía con el medio ambiente, que minimice el brote de epidemias zoonóticas, reviva una economía rentable y garantice que los servicios del ecosistema estén disponibles para todas las personas.

Los científicos estiman que al menos seis de cada 10 enfermedades infecciosas conocidas en las personas se han propagado de los animales. Más importante aún, tres de cada cuatro enfermedades infecciosas nuevas o emergentes que afectan a los humanos provienen de animales. La zoonosis tiene sus raíces en elementos de nuestro modelo actual de desarrollo, particularmente en agricultura y minería, y en la forma en que desarrollamos y planificamos el crecimiento urbano.

Grandes cambios en el uso de la tierra y la pérdida de hábitat debido a estas prácticas han puesto a las personas y al ganado en contacto más cercano con especies silvestres. Han expuesto a nuestras sociedades a enfermedades para las cuales aún no se ha desarrollado inmunidad.

Más del 70% de la superficie terrestre ya ha sido alterada significativamente. Para 2050, el cambio en el uso de la tierra afectará al 90% de los sistemas terrestres de la Tierra si continuamos con actuando como de costumbre, según el Informe de evaluación global sobre la biodiversidad y los servicios de los ecosistemas. Si seguimos el mismo camino, una futura pandemia podría ser aún más mortal y costosa en términos de vidas y medios de subsistencia.

Sin embargo, podemos crear una nueva normalidad con el tipo de cambios transformadores que nos permitirán reconstruir nuestra relación con la tierra, la biodiversidad y el sistema climático.

Algunos de esos cambios ya se han destacado en acuerdos internacionales sobre clima, biodiversidad y degradación de la tierra. Estos incluyen, entre otros, el Acuerdo de París sobre el cambio climático de 2015, el Plan Estratégico para la Biodiversidad, la Convención de las Naciones Unidas para Combatir el Marco Estratégico 2018-2030 de la Desertificación y la Agenda 2030, un plan compartido para la paz y la prosperidad de las personas y el planeta, ahora y hacia el futuro

El logro de los objetivos en estos acuerdos ayudará a las comunidades a recuperarse mejor del Covid-19 y a construir un futuro limpio, verde, saludable, seguro y justo para todas las personas.

Pero, ¿es nuestra destrucción de la naturaleza responsable del Covid-19?

En su reciente discurso para celebrar el 50 aniversario del Día de la Tierra, el secretario general de la ONU, António Guterres, compartió seis acciones relacionadas con el clima para ayudar a las naciones a mejorar su recuperación e invertir en un futuro más sostenible y resistente.

Esta visión de proteger la salud a largo plazo de nuestro mundo natural es vital.

La naturaleza proporciona "servicios ecosistémicos" que son esenciales para la vida: comida, agua, polinización, el mismo aire que respiramos. Los servicios de los ecosistemas valen al menos $ 125.000 millones por año. Esto es aproximadamente 1,5 veces el producto interior bruto de todos los países, según WWF y Axa Report Into the Wild: integrando la naturaleza en las estrategias de inversión.

Invertir en servicios ecosistémicos terrestres, por ejemplo, podría ahorrar hasta $ 50 mil millones, según el informe. El coste asociado de no hacer nada podría ser igual al 7% del PIB mundial para 2050.

En la nueva normalidad, los riesgos y las oportunidades climáticas deben incorporarse al sistema financiero, así como a todos los aspectos de la formulación de políticas públicas.

Cualesquiera que sean las elecciones que tomemos ahora para ayudar a que la economía se recupere, se bloquearán en el futuro crecimiento económico y vías de desarrollo. Volver a construir mejor, más fuerte y más inteligente significa emprender un viaje donde creamos las condiciones para que la naturaleza nos cuide; un nuevo contrato social para la naturaleza.

Luchar contra el Covid-19 a menudo se compara con pelear una guerra. Después de las guerras, los líderes exitosos reinventaron y construyeron mejores futuros para su gente. La primera oportunidad que tenemos de hacer esto juntos es cuando los jefes de estado y de gobierno se reúnan en septiembre en la Cumbre de Biodiversidad de la ONU en Nueva York.

Este es el momento de poner al mundo en el camino hacia un futuro más ambicioso y seguro: el momento de actuar en un contrato social para la naturaleza que rediseñe nuestro destino a uno más saludable y próspero para las personas y el planeta para las generaciones venideras. Nuestros hijos e hijas no se merecen menos.

 

• Artículo escrito por Elizabeth Maruma Mrema, secretaria ejecutiva en funciones de la Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, Ibrahim Thiaw, secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas para Combatir la Desertificación, y Patricia Espinosa Cantellano, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

 

Fuente: The Guardian

Traducido por Cristina Ibáñez García

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