A la apasionada portavoz de PETA (Personas a favor del trato ético con los animales, en sus siglas en inglés), Pamela Anderson, hay que perdonarle que saliera de marcha en el distrito del Matadero, en Manhattan, hace unos días. Lo hizo por un buen motivo, una fiesta organizada a beneficio de PETA en el local de otra gran amante de los animales, en la boutique de Stella McCartney.
Sus largos rizos rubios caían sobre su bello rostro. Llevaba un traje ajustado negro a la altura de la rodilla y tacones finos que acentuaban su figura. Parecía contenta de ver a las camareras ofreciendo bandejas con entremeses vegetarianos, pero Pamela no estaba relajada y buscaba convertir a más gente a su ideología. No debería serle difícil, con ese traje.
"En este momento, estamos haciendo boicot a KFC", anunció. La actriz quiere que todo el mundo sepa lo que ella sobre las condiciones de los pollos en las plantas procesadoras que suministran carne a la cadena de restaurantes. "Acabo de volver de Canadá, donde hemos estado hablando de que cualquier tipo de carne o huevos debe estar etiquetado adecuadamente, y que se diga si viene de animales enjaulados. Si la gente supiera lo que hay detrás de muchos productos animales…", explicó Anderson.
Cuando la cara y el cuerpo de PETA no está haciendo campaña por los derechos de los animales, o rodando su comedia de situación Stacked, o escribiendo novelas románticas, pasa la mayor parte del tiempo con sus hijos Brendon Thomas Lee y Dylan Jagger Lee. La ex conejita de Playboy conserva una relación amistosa con su ex marido, Tommy Lee, y ha conseguido que él se una a su causa. "Todos aquellos con los que he estado el tiempo suficiente se han convencido por su cuenta. Y también mis hijos. Esto no es algo que les hago tragar", afirmó.
En la brecha, desde joven
En su currículo consta que Anderson ya hizo un anuncio por los derechos de los animales antes de hacerse famosa. Su caída en el camino de Damasco ocurrió cuando era una jovencita y vio a su padre cazar un ciervo. Al poco tiempo se convirtió en vegetariana y comenzó a mandar dinero a PETA.
A pesar de sus fuertes convicciones, Anderson se muestra paciente con algunos amigos o con su padre, que no son defensores de los animales como ella. Alan Cumming, por ejemplo, quien se mezcló con la multitud asistente a la fiesta sin esconder sus botas y chaqueta de cuero. "Bueno, a la gente le gusta el cuero", dijo la ex vigilante de la playa. "Pero no se debe llevar cuero de China o India porque ponen chile en los ojos de las vacas y les rompen la pelvis", añadió Anderson.
¿Significa eso que la actriz de 38 años sólo sale con hombres que renieguen de McDonald’s y de las alitas de pollo? "No busco una relación amorosa. Tengo a mis dos niños y requieren todo mi tiempo. También tengo un ex marido y muchos amigos. Esto me mantiene ocupada".
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