Galgos: El refugio de los atletas jubilados

La residencia alicantina «El Galgo Senior», es el destino, en ocasiones el último, de los galgos jubilados del Canódromo Meridiana de Barcelona. Protectoras de Europa y EE UU, y ex voluntarios que trabajaron allí denuncian «los horrores» del centro y «la incompetencia» de la propietaria.

14 febrero 2004
Internacional.

[Vea más imágenes de este "refugio" aquí]

El galgo canela mira con sus ojos tristes y se alza sobre sus cuartos traseros, clavando sus patas en el visitante mientras se restriega contra su ropa pidiendo una caricia. Un segundo después, otro galgo, negro y gris, repite, mimoso, la operación. Luego, otro. Tres a la vez, cuatro... Los demás se abren paso como pueden entre la manada para arrimarse a las piernas del recién llegado y frotan su testuz contra las perneras del pantalón o meten el morro en los bolsillos del abrigo. Ladrones de cariño. Y con cada pata levantada, van dejando en la ropa del visitante recuerdos imborrables de un suelo plagado de excrementos y manchado de pis que se juntan hasta formar una masilla hedionda. Alrededor de cincuenta perros conviven juntos en el primer espacio vallado. En realidad, cuarenta y ocho. Dos se escaparon cuando se abrió la puerta principal. Hiede. Detrás de la segunda verja, otros ochenta esperan una oportunidad.
   

Peleas por una caricia

La pugna por una caricia llega a provocar una pelea. Un galgo grande, crema, magnífico, se revuelve contra uno más pequeño, también pardo, que ya carga con cinco heridas abiertas y sangrantes, algunas tan grandes como la mano de un niño. Parte el alma. «Antes les cosíamos las heridas, pero hemos aprendido que se cierran solas. Las desinfectamos y en pocos días se cierran». Quien así habla es Patricia Osborne, propietaria de la residencia canina «Perrotel» (como anuncia el cartel situado en el kilómetro 6 de la carretera que va a Aguas de Bussot, en el municipio alicantino de El Campello). «Perrotel», también conocido como «El Galgo Senior», en tiempos un criadero de conejos, es el refugio temporal de muchos galgos cazadores retirados de Almendralejo y de Albacete, y de todos los perros «jubilados» por el Canódromo Meridiana de Barcelona, el único que todavía permanece abierto, con excelentes beneficios económicos (cerca de un millón de euros en 2002), en España.
   Detrás de la segunda verja hay más sitio. La «residencia» es un espacio cerrado en las montañas del interior de la Costa Blanca entre pedregales, cactus y terrones de arcilla seca. Nada más cruzar la segunda puerta, una jauría de galgos mimosos, con el añadido de dos «bobtails», un par de chuchos y uno que no somos capaces de identificar, repite la operación y reboza al visitante. Unos metros más allá, a la derecha, un talud conduce a una terraza natural de alrededor de cien metros cuadrados llena de excrementos caninos. Al frente, la loma se convierte en una colina polvorienta. A sus pies, media docena de galgos se enroscan en huecos que ellos mismos han excavado.
   Otra pelea. Esta vez son cuatro los perros que se lanzan contra una galga que se defiende como puede, gruñendo, levantando los belfos y enseñando los dientes. La galga está apoyada contra la pared de un cobertizo, protegiendo su espalda ya señalada por muchos mordiscos.
   La señora Osborne (una persona mayor que viste, como ella dice, «con harapos») grita, en su inglés materno, que se detengan mientras llama a los cuatro perros por su nombre. No lo consigue. Entonces, ella se acerca a la puerta enrejada del cobertizo y la golpea mientras grita, siempre en inglés, que son «chicos muy malos». La pelea finaliza; pero la galga mantiene los belfos levantados. En menos de una hora, el visitante cuenta diez peleas y se cruza con más de 20 perros que sangran por sus heridas.
   «¿Oh!, los galgos siempre se muerden entre sí, pero no pasa nada ¬asegura Patricia Osborne¬. Se curan bien. Puedes tomar fotos de las instalaciones, claro. Yo no tengo problemas. Bueno, el caso es que ya sabía que vendría algún periodista por aquí, porque han empezado una campaña en internet contra mí».
   ¬¿Quiénes?
   ¬¿Oh, las mafias de las protectoras que quieren quedarse con el refugio! Hay un belga, Hans Smet, que fue voluntario aquí y lo que pasa es que tiene un tumor cerebral. Es una persona muy enferma. Tiene fotos que hizo aquí de galgos comiéndose a otro. Lo que pasó es que cogió un perro que tuvimos que «eutanasizar» y en vez de enterrarlo, se lo puso a otros para que se lo comieran y así tomar la foto.
   Sí hay una campaña. Y, en efecto, la ha comenzado el belga Hans Smet, ex voluntario en «El Galgo Senior» y autor de varias de las hirientes fotografías que ilustran este reportaje. Pero no está solo. Varios ex voluntarios estadounidenses que han trabajado en el «refugio» han confirmado a Reporter los «horrores de ese sitio terrible».
   Smet, al otro lado del teléfono, ofrece una versión diferente a la «teoría de la conspiración» que defiende la señora Osborne: «Estuve trabajando como voluntario cuatro meses en El Galgo Senior . Las fotografías las tomé la primera semana, a principios de abril de 2003. Aquella mañana, cuando llegué al refugio, me encontré con esa escena. Durante la noche, tres perros habían matado a otro de los galgos y estaban comiéndoselo. Traté de separarlos del cadáver, pero estaban cegados por el hambre y trataron de morderme. No tuve más remedio que dejar que acabaran de devorarlo. Sólo después pude sacar lo que quedaba del galgo y lo enterré. Desde luego, no era la primera vez que eso pasaba. Pat Osborne lo llama “el día de las narices rojas”».

   –Pero perro no come carne de perro, dicen.
    –Créame. Cuando no se atiende a los perros, cuando no se entienden sus jerarquías, cuando se juntan perros dominantes con otros enfermos, o machos con hembras en celo, cuando pasan hambre porque su comida está cubierta de moho o porque se las comen las ratas... pueden llegar a ocurrir cosas como esas. Lo que yo vi en aquel sitio en la primera semana fue una pesadilla.

Un triste relato

El relato de Hans Smet es triste y larguísimo. En un resumen de urgencia, Smet señala perros aterrados que buscaban abrigo en los cactus, otros a los que nunca se les curaron las heridas infectadas cuando se veían forzados a echarse sobre los excrementos que cubrían el suelo de las jaulas «hasta no poder ver el piso».
    Basura en toda la finca, mantas en las jaulas empapadas de orina, perros hacinados a la máxima capacidad de una jaula «para reducir la limpieza», nula atención a los perros que volvían del veterinario, infestación de garrapatas, periodos de escasez de agua y comida provocados por una pésima administración de los recursos, proveedores que entregaban comida rancia sin ninguna reclamación por parte de Patricia Osborne; perros convalecientes a los que no se protegía, hembras preñadas «porque Pat decía que la naturaleza se encargaría de todo», bolsas llenas de cachorros muertos...
    –¿Por qué ha tardado seis meses en contar todos estos horrores?
    –No ha sido fácil. He pasado muchas noches sin dormir pensando qé debía hacer. Mi deseo era el de seguir ayudando a los pobres animales que caen en manos de esa incompetente. Durante un tiempo creí que era lo que había que hacer. Cuando yo estaba allí, las cosas mejoraban, pero cuando me marchaba, y volvía, veía cómo todo había vuelto al horror inicial. No pienso volver. He tomado la decisión, repito, después de muchas noches sin dormir, de no volver a ayudar a que Pat pueda mantener a los perros en esa situación desgraciada. Lo que pido es que las autoridades investiguen y cierren ese terrible refugio.
    –Puede que la señora Osborne actúe de buena fe.
    –No, no es cierto. Ella no tiene nada, sólo ese refugio. Quiere ser la jefa de la manada. Lo único que ella busca es tener poder sobre algo, en este caso sobre los galgos. Pero sus conocimientos sobre los perros son mucho más que insuficientes; no está en condiciones físicas de atender a 150 o 200 perros por ella misma. Además, no tiene amor por los perros, sólo por sus «favoritos», ni tiene ningún sentido de la responsabilidad. Le digo una cosa: en ese centro muere o hay que sacrificar un perro al día por su incompetencia. ¡Un perro al día! Haga cuentas de todos los perros que han muerto por su incompetencia.

Sin papeles

En declaraciones a este suplemento, Pat Osborne no sólo reconoce su incapacidad física «en verano, cuando hace mucho calor, me quedo sin fuerzas», sino también que ha quemado e inhumado ilegalmente a muchos perros en su «propiedad privada» porque no disponía de «los 40 euros que hacen falta para incinerarlos como manda la ley». En lo que se refiere a las inspecciones oficiales que reclama Hans Smet, la propietaria de «Perrotel» asegura que «el Servicio de Protección a la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil ha inspeccionado varias veces el refugio. Bueno, siempre tienen la amabilidad de avisar y así puedo recoger.
    Al final, lo único que me dicen es que no puedo tener mantas en las jaulas, porque son un foco de infecciones. Pero yo las lavo en una lavadora magnífica que tengo». Osborne asegura que el refugio no es una asociación protectora, y eso a pesar de los beneficios que podría recibir en forma de subvenciones, «porque no me gustan los políticos» y que, por eso, «El Galgo Senior» sólo está reconocido como «núcleo zoológico». Por último, también admite que no tiene los papeles de los perros en regla y que no dispone de veterinario en El Campello («tenía uno, pero ahora se ha convertido en una autoridad mundial en reptiles»), sino que lleva a los perros enfermos a un veterinario de Elche (a más de 45 kilómetros de su casa).
    –¿El veterinario viene hasta aquí?
    –No. Yo los llevo a Elche. Como señalamos antes, Hans Smet no está solo en su denuncia. Merrie West, miembro de la asociación estadounidense «GreyHounds of Eastern Michigan», visitó durante tres días el refugio en octubre de 2002, y reconoce, entre sollozos, que ella vio el mismo panorama que describe Smet, aunque aporta más detalles: «Pat golpeaba a los perros cuando se peleaban, o cuando le molestaban. Muchos perros estaban traumatizados y se escondían donde podían. A las pocas horas comprendí que los perros que estaban malheridos no tenían ninguna oportunidad de sobrevivir siquiera una noche. Durante aquellos tres días, en el interior de su coche hubo un perro muerto. El hedor era tremendo. Muchos galgos se movían alrededor de las hogueras donde se quemaban los cadáveres tratando de sacar algún resto para comérselo».
    –¿Y por qué no lo denunció?
    –Porque la veterinaria que iba en nuestro grupo nos ordenó que no nos enfrentáramos a ella. Que viéramos lo que viéramos, no debíamos causar problemas. Nuestro objetivo era el de traernos todos los perros que pudiésemos a los Estados Unidos. La veterinaria nos dijo que si nos enfrentábamos a Pat Osborne, sólo conseguiríamos irnos sin un solo perro. A los tres días, apiñamos como pudimos diecisiete perros en la furgoneta y los llevamos en avión hasta Chicago. Pero no crea que ha sido fácil callarse. He tenido muchísimas pesadillas y no pienso volver allí. Ahora me siento aliviada de poder contarlo.
    Otra voluntaria del mismo grupo que visitó «El Galgo Senior», Colleen Green, confirma las declaraciones de West, y añade que «algo debe hacerse lo más pronto posible para cerrar ese refugio e impedir los horrores de los que fui testigo». A estas alturas, la «conspiración» denunciada por Patricia Osborne es un clamor en el que participan asociaciones en defensa de los animales de Cataluña, Valencia, Reino Unido, y, sobre todo, de Estados Unidos. Incluso hay testimonios de la «incompetencia» de la señora Osborne que se remontan a 1995, cuando «Perrotel» sólo funcionaba como residencia canina. «Una vergüenza» Así, Heidi Henze, ex presidenta de la Protectora de Animales de Calpe, asegura que aquel año utilizaron la residencia de Pat Osborne como refugio temporal donde colocar los perros que debían ser retirados del asilo «Pago Mina», cerrado por orden del veterinario estatal. Sin embargo, una plaga de garrapatas llevó a Pat Osborne, que se encontraba recibiendo tratamiento médico en Inglaterra, a pedir que retiraran los perros de su residencia.
    Como relata Henze, «esto resultó más difícil de lo que pensamos en un principio ya que muchos de los perros estaban enfermos de moquillo, parvovirosis, erliquia, leishmania y filaria; además, cada perro albergaba cientos de garrapatas y las heces presentaban gran cantidad de lombrices. Desgraciadamente, sólo se pudo tratar con éxito a una pequeña parte de los perros enfermos. Eliminamos manadas de cadáveres de perros incinerados de las perreras de Pat Osborne. Un tratamiento básico en el momento de la llegada a las instalaciones podría haber salvado la vida a muchos de estos animales.
    Además, encontramos perros con las extremidades rotas y mal soldadas por falta de atención veterinaria. El resultado fue que de los 120 perros que el centro tenía en ese momento, sólo pudimos salvar a 25. Es una vergüenza que la señora Osborne siga teniendo perros a su cuidado». Eleonor González, la actual presidenta de la Asociación Protectora de Animales de Calpe, y la encargada en aquellos años de la adopción en Alemania de los pocos perros que pudieron salvarse, confirma en todos sus extremos la denuncia de Henze y comparte la vergüenza de ver cómo Pat Osborne sigue teniendo perros, «pero, claro, esto es España. Las autoridades no demuestran ningún interés».
    Esa desidia oficial la ratifica otra vecina de la zona, Ángeles Rico, presidenta de la Asociación alicantina El Zorro, quien entregó hace dos años un escrito a la Generalitat valenciana y a la Policía Local de El Campello denunciando lo que ella había podido ver en una visita a «El Galgo Senior». Rico asegura que la respuesta que recibió, tanto del delegado de la Generalitat en Alicante como de la Policía de El Campello fue que «bueno, comparado con otras, no estaba tan mal». Más dinero Para quien sí está mal la situación de «Perrotel» (o «El Galgo Senior») es para Anne Finch, presidenta de la poderosa organización «Greyhounds in Need» de Inglaterra.
    En declaraciones a Reporter, Finch asegura que Pat Osborne contactó con la organización en marzo de 2000 ofreciéndose a albergar galgos durante los siete meses que las leyes del Reino Unido exigen de cuarentena antes de permitir la entrada de un perro en la isla. «Greyhounds in Need» contrató los servicios de «Perrotel» por 90 libras esterlinas al mes por perro, hasta un máximo de 40 galgos. «Pero después del verano nos dijo que tenía recogidos 100 perros. Nosotros le dijimos que nuestro acuerdo era sólo para un máximo de 40, pero le pagamos por los 100 hasta enero de 2001. Ella se negó a reducir el número de galgos. No contestaba a nuestras llamadas y cuando lo hacía se negaba a discutir la situación y lo único que hacía era pedir y pedir. Estábamos sometidos a un chantaje de silencio inaceptable. En enero tuvimos que contratar un abogado que dio un ultimátum a Patricia Osborne y terminó con el acuerdo. Además, las condiciones en las que tenía a los perros no eran las adecuadas. Nunca entendimos por qué forzó la situación de esa manera, como no fuera por el dinero o por su propia locura».
    En lo que respecta al dinero, Hans Smet añade que «Pat no era capaz de controlar con cuidado sus finanzas. Quiero decir que, a menudo, me encontraba dinero, monedas o incluso billetes de 50 euros, pegados con chicle al suelo de su habitación (Pat, según Hans duerme dentro de una jaula). El dinero que llevaba caía al suelo o dentro del retrete. Para los perros era divertido jugar con las monedas...». Osborne aseguró a Reporter que no tenía dinero. «Ya ve cómo visto. Ojalá lo tuviera para poder contratar a alguien que me ayude».
    Cuando visitamos «El Galgo Senior», había una voluntaria española –también llamada Patricia–, vecina de El Campello, quien aseguró que los galgos estaban «muy bien, relajados. ya los puede ver. Ahí tumbados. Un estrés terrible –añadió con ironía–». Por ahora, y hasta que las autoridades locales no investiguen la verdad de lo que hay detrás de todos estos testimonios (las protectoras espera que «esta vez, los inspectores no avisen de que van a ir»), el estrés lo tiene casi en exclusiva la Asociación «Alianza Americana y Europea de Galgos», con sede en Boston.
    Su presidenta, Louise Coleman, en contacto permanente con protectoras de Cataluña y de Valencia «para seguir el curso de los acontecimientos en todo lo que rodea a las horribles condiciones denunciadas en “El Galgo Senior”», asegura que su organización está dispuesta a afrontar los gastos de reubicación de todos los animales que se encuentren en la residencia de Pat Osborne.

Elogio del canódromo a «Perrotel»

En lo que se refiere a la relación de «Perrotel» con el Canódromo Meridiana de Barcelona, el pasado 11 de enero, este suplemento publicó un reportaje sobre adopción internacional de galgos titulado «Los últimos “refugiados” españoles». El reportaje motivó una contundente carta de protesta por parte del gerente del Canódromo Meridiana S.A. (publicada el 18 de enero), José Luis Navarro Garich, en la que aseguraba: «Entendemos que los galgos que tratamos reciben todas las mejores atenciones posibles, pues, no en vano, son atletas y, como tales, deben estar en sus mejores condiciones físicas y anímicas para poder competir adecuadamente.
    En este contexto, no es posible afirmar alegre- mente que el destino final de los galgos es la horca, tal y como se desprende del artículo referido, sino todo lo contrario. En realidad, todos los galgos (sin excepciones) que terminan su etapa de competición son enviados a la Asociación El Galgo Señor (sic) –antes, Perrohotel– (sic), ubicada en el municipio de Campello, Alicante, la cual está dirigida por la Sra. Patricia Osborne. Desde dicha asociación, y gracias al convenio existente con nuestra entidad, se les busca a todos y cada uno de los galgos una familia de acogida para que puedan estar sus últimos años en las mejores condiciones. Claro debe quedar pues, que los galgos de canódromo en España no terminan su vida deportiva en la horca. Ni que decir tiene que nosotros también nos sumarnos al elogio que se desprende del artículo hacia algunas asociaciones españolas que se dedican a promover la adopción a los galgos, en general, y los galgos de canódromo, en particular, y muy especialmente a El Galgo Señor (sic)».
    Reporter ha tratado de contactar con José Luis Navarro para saber si tenía conocimiento de la «campaña» de acusaciones contra Pat Osborne. Al cierre de esta edición, esa comunicación no ha sido posible. Sin embargo, desde el Canódromo Meridiana de Barcelona se nos asegura que «aunque eso es un asunto que lleva directamente la gerencia, no tenemos constancia alguna de irregularidades en la gestión de “El Galgo Senior”».


Cartas Tipos

Ayto. de EL CAMPELLO
C/. Alcalde Oncina Giner, 1
03560 EL CAMPELLO (Alicante)
Tel.: 0034-965 63 72 00
Fax: 0034-965 63 29 82
jalaves@ajuntament.org
cadem@elcampellodigital.com

Excma.  Señora Alcaldesa

El periódico LA RAZÓN  (http://www.larazon.es/noticias/noti_rep44.htm)  ha  publicado en su edición del domingo día 1.2.2004 un articulo que contiene pruebas gráficas sobre el enorme maltrato y la negligencia que sufren los animales de la residencia canina PERROTEL (también conocido por EL GALGO SENIOR), propiedad de Sra. Patricia Osborne Warr, en El Campello.

También consta que hubieron varios casos de canibalismo entre los canes y que la propietaria admite no tener los medios para incinerar perros muertos los cuales han sido enterrados en el terreno de las instalaciones o calcinados allí mismo.

Este sitio es vergonzoso para toda España y por esto exigimos la clausura inmediata de la residencia canina PERROTEL y el traslado de todos los animales a refugios y residencias adecuadas. Asociaciones internacionales y nacionales estarán dispuestas de correr con todos los gastos para  salvar estos pobre perros.

Atentamente,

Direccion completa pero por minimo : Nombre, Apellidos y localidad incl. pais

Necesitamos tu apoyo

AnimaNaturalis existe porque miles de millones de animales sufren en manos humanas. Porque esos animales necesitan soluciones. Porque merecen que alguien alce la voz por ellos. Porque los animales necesitan cambios. Porque en AnimaNaturalis queremos construir un mundo más justo para todos.

Las donaciones puntuales y periódicas de nuestros socios y socias son la principal fuente de nuestros fondos.