PACMA: Defensa de los sin voz.
Por primera vez en la historia se presenta a las urnas un partido animalista. Nada menos que en 16 provincias presenta su candidatura al Senado para estas próximas Elecciones Generales el Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal , (PACMA), indiscutible pionero en llevar al terreno político la problemática de billones de seres sintientes esclavizados por el animal humano. Y, es digno de reflexión que sea en España, país con una nefasta herencia cultural de desprecio hacia los animales, quien dé este paso generoso, reclamando poner sobre el tapete el sufrimiento de los sin voz, un tema al que no podemos cerrar los ojos en una sociedad evolucionada: Madrid, Sevilla, Valencia, Burgos, Valladolid, Navarra, Barcelona, Vizcaya, Las Palmas de Gran Canaria y así, hasta 16 provincias presentan sus candidatos para el Senado bajo el anagrama de un toro en agonía. Cantabria también concurre en este frente solidario, siendo nuestra región autonómica la primera que secundó la creación del flamante partido animalista. Y como candidato cántabro contra el Maltrato Animal se presenta Gustavo Sáinz Fernández de la Cotera (Gustavo Cotera) , conocido por sus trabajos de investigación y divulgación de nuestra mitología, costumbres, indumentaria, etc. Así como por sus carteles y dibujos en pro de la cultura tradicional de Cantabria, al que le preguntamos:
¿Cómo nace el Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal y cuál es su objetivo?
El objetivo último no es otro que la absoluta Liberación Animal que algún día habrá de llegar, tarde o temprano, Surgen la creación del PACMA al fusionarse distintos grupos sociales , todos con el común denominador de la lucha contra la injusticia y contra el sufrimiento evitable ; y siendo que los animales sufren dolor físico y psíquico de una forma similar a la nuestra, creemos un deber grave e inaplazable denunciar el monstruoso comportamiento del animal humano sobre el resto de las criaturas sintientes.
¿Tan mal se comporta el hombre con los animales?
Mucho peor de cuanto podamos imaginar; si por un momento nos fuera dado ser plenamente conscientes del océano de dolor que causa el hombre a sus compañeros mudos del planeta, ya nunca podríamos dormir tranquilos: hacinados en los barracones de exterminio que son las granjas peleteras o de ganadería intensiva, mutilados por los más sádicos tormentos en siniestros laboratorios de experimentación, obligados a rendir , enfermos y acosados...sus vidas, bajo la codicia e insensibilidad humana, son un auténtico infierno.
Pero el mundo está lleno de dolor, de niños que mueren, de hambre , de guerras, y los animales, con sus problemas, pertenecen a otra especie.
Ahí está el quid de la cuestión: el animal racional siempre ha estado marginando e infravalorando al prójimo, por razones tan estúpidas y arbitrarias como la raza y el sexo; de ahí, también, el discriminar en función de la especie, causa del triste especismo que condena al martirio y al desamparo total a billones de criaturas, que , repito, sienten el dolor, el pánico, la soledad, la angustia o el estrés de un modo parecidísimo al animal humano que los desprecia.
¿No estamos, acaso, los hombres primero?
Ante el dolor evitable no caben distingos: no hay un dolor de varón murciano ni un dolor de monja belga; no hay dolor de animales bípedos y un dolor de cuadrúpedos: existe el fenómeno desagradable del dolor, y basta. Habría , pues , que estudiar y entender el problema al unísono, empezando a admitir algo que nos cuesta mucho, por más que la ética elemental lo dicte, y es que valores como la compasión y el respeto deben aplicarse a todos los seres capaces de sufrir, y no sólo al animal humano. Únicamente la compasión universal hará posible la verdadera justicia.
¿Mejoraría la humanidad si actuásemos con total respeto hacia el dolor animal?
Mejoraría tan profunda y radicalmente que la violencia y el hambre desaparecerían del planeta. Y eso lo han pronosticado bien claro personajes de la talla intelectual de Pitágoras, Ovidio, Goethe, Humboldt, Nietzche, Darwin, Rosa Luxemburgo, Schopenhauer, Rousseau, Bernhard Shaw, Margarita Yourcenar, Kafka, Dostoyewski, Kant.. y un largo Etcétera. Recordemos dos de las máximas repetidas pro Tolstoi:” Mientras existan mataderos habrá campos de batalla” y “De torturar animales a torturar hombres hay sólo un paso”.
Eso se comprende en cuanto a la violencia , pero ¿ por qué acabaría el hambre?.
Porque, si dejásemos de alimentarnos de animales, todas esas cifras astronómicas de cereales y legumbres que los países pobres cultivan para engordar el ganado de los países ricos irían destinadas al consumo humano. Pensemos que con el coste de producir un kilogramo de carne podrían vivir 16 familias al día. Nadie debería morir de hambre. El agua, tan escasa en el Tercer Mundo, se malgasta igualmente: para lograr un kilo de carne se necesita 100 veces más de agua que para cosechar un kilo de cereal o verdura.
¿Abogáis , pues, por el vegetarianismo?
Sí. Se trata de ser consecuente con nuestra conciencia y con la protección animal. Llegaría un día en que la raza humana, en el transcurso de su desarrollo hacia una relación armoniosa con el entorno, dejará de comer animales, lo mismo que ciertas tribus antropófagas dejaron de comer carne humana al entrar en contacto con culturas más evolucionadas. Pero, en tanto llega ese mañana, ya sólo con que redujésemos un 10% el consumo de carne y de pescado, habríamos evitado el sufrimiento y la muerte de infinitas vidas desamparadas, al tiempo que 100 millones de personas del Tercer Mundo podrían ser alimentadas por añadidura. ¡Ah, , y nuestra salud lo iba a agradecer¡ Está demostrado, aunque médicos llenos de perjuicios o “vendidos” digan lo contrario, que una dieta vegetariana variada reduce a la mitad el riego de múltiples enfermedades: “La dieta vegetariana es superior a cualquiera”, afirma, rotunda y desapasionadamente Miguel Aguilar, doctor en Ciencias Físicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y del Centro Científico de UBM de Zurcí. Así pues hay muy buenas razones para no comer carne, o para comer menos carne de la que comemos, tanto por cuestiones de dolor animal como por motivos de salud, de solidaridad humana o por razones ecologistas.
¿Es lo mismo ser animalista que ecologista?
No, no, aunque la gente lo confunde; el término “animalista” es tan nuevo que creo aún no lo recoge el diccionario, pese al gran auge que el movimiento animalista está cobrando en el mundo. Ser animalista es luchar contra el sufrimiento evitable de los animales, como seres que son capaces de sentir dolor , y rechazamos igual el daño que se inflija a un águila que a una gallina, a un lince o a un gato callejero, siempre hablando en términos de injusticia y de sufrimiento. Ser animalista tampoco conlleva que nos gusten los animales, de una forma especial, del mismo modo que quienes luchamos contra el racismo no implica que tengan que atraernos las personas de otras etnias; si defendemos la causa animal es, lisa y llanamente, por ética. Me gustaría que quedase claro este concepto de lo que significa ser animalista.
Creo que queda bastante claro. Y en lo que no cabe duda alguna es en vuestro posicionamiento antitaurino. ¿Somos en España tan aficionados a las corridas de toros?
En absoluto. Encuestas realizadas por prestigiosas empresas de sondeo público como Demoscopia o Itergallup, demuestran que al 90% de los ciudadanos no les gustan semejantes torturas de animales, por más que haya mucho interés económico y estratégico para fomentar la violencia taurina embrutecedora. Todos sabemos que el lema de los tiranos para entontecer y envilecer a las masas era “pan y circo”.
¿Y cuál es la afición a las corridas de toros en Cantabria?
Menor aún que en el resto de España, y esto lo observa Unamuno cuando describe al pueblo montañés, al pueblo cántabro, como un pueblo de civismo innato (él acuña la expresión de “civilidad sobre almadreñas”), señalando como una característica propia de la “civilidad” cántabra , la repulsa que el montañés castizo siente por las corridas de toros. Hora es ya de exigir a los políticos que no acudan a tales espectáculos crueles, pues su presencia en ellos supone una afrenta al civismo cántabro. Y hora es, también, de levantar el grito, reclamando que Cantabria se declare región antitaurina, como ya se hace , por ejemplo en Barcelona o en Bilbao.
¿Qué añadirías para finalizar?
Que , en lugar de preguntarnos si los animales son capaces de hablar o de discurrir, nos preguntemos sinceramente: “¿Son capaces de sufrir?” Y, después, el 14 de marzo, obrando en conciencia, de los tres votos que nos corresponden por cabeza en la papeleta de color para el Senado, demos dos al partido que cada uno quiera, reservando el tercer voto para marcar con una “equis” la defensa de los sin voz.












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