A Pedro Almodóvar sobre la crueldad

En rapidí­sima respuesta a la carta que el señor Josep Puy publicó en el AVUI ayer, en la que criticaba el comportamiento de quienes hemos firmado contra la última pelí­cula de Pedro Almodóvar, el presidente de VNG Amiga dels Animals, Santi Mas, me enví­a por Internet su respuesta: "No hace falta que se extrañe, señor Puy: efectivamente, los que ahora protestamos contra la última pelí­cula de Pedro Almodóvar somos los mismos que habitualmente lo hacemos contra las corridas de toros, que de vez en cuando nos manifestamos en la entrada de la Monumental, que fastidiamos a las peleterí­as y a los importadores de animales exóticos, que recordamos a muchos ayuntamientos su obligación legal de actuar en el tema de los perros y gatos abandonados, que luchamos contra el maltrato de animales en fiestas populares, etc... Y no sólo esto, sino que muchos de nosotros también somos los que participamos en ONG dedicadas a la defensa de los derechos humanos, como por ejemplo la campaña de Amnistí­a que acaba de salvar la vida de Safiya Hussaini". He reproducido entero el párrafo porque he creí­do que explicaba tan fielmente mi propio pensamiento que no hací­a falta reinventar nada. Santi Mas habla, me parece, por boca de muchos. Y por boca de muchos tiene que responder al reproche más tópico y sobado que se nos hace siempre a los animalistas: "Os preocupan dos gatos y no el hambre en el mundo", o, como dice el Sr. Puy: "¿Dónde quedan estas quejas cuando hay alguna corrida de toros?"

Quedan en la lucha diaria y a menudo anónima de mucha gente contra la barbarie, contra el incivismo, contra la tortura. Y, con la experiencia de muchos años de complicidad animalista, he de añadir que no he conocido nunca a ninguna persona entregada a la defensa de los animales que no pertenezca a mil organizaciones humanitarias, que no tenga una gran sensibilidad, que su código de valores no sea exigente. No vale intentar matar al mensajero con argumentos de este tipo, porque no lo lograrán: el animalismo es, globalmente, un movimiento muy generoso... en generosidad.

Pero para que el Sr. Puy nos pueda entender o, por lo menos, tenga más elementos para contrastar, y para que pueda entendernos cualquier otro lector, vale la pena que hablemos del tema en cuestión, la pelí­cula "Hable con ella", de Pedro Almodóvar, y el boicot que muchos ciudadanos hemos expresado a través de una firma pública. En esta pelí­cula no hay tan solo escenas de toreo, sino que lo que hay es la muerte real y totalmente gratuita de seis toros, con generosidad de plástica cinematográfica -proceso de tortura incluí­do-, y con una chulerí­a que ha llevado a Almodóvar a reí­rse de las leyes que rigen incluso en su comunidad. Según el artí­culo 6 de la ley 1/1990 de la comunidad de Madrid, la filmación de escenas con animales para el cine o la televisión que comporte crueldad, maltrato o sufrimiento requerirá autorización previa del órgano competente y que el daño al animal, en todo caso, sea un simulacro. Pero resulta que no sólo no es un simulacro, sino que el señor Almodóvar encima se mofa, en la rueda de prensa, cuando alguien le pregunta por la manifiesta ilegalidad de su actuación. "Si de pequeños colgábamos a los conejos de dos en dos", parece ser que dijo, tras expresar su convencimiento de que todo esto de los animales era literalmente una cojonada [tonterí­a]. Probablemente también percibe como una cojonada [tonterí­a] el sistema legal que deberí­a regirle como ciudadano. Huelga decir que, a pesar de las denuncias de Amnistí­a Animal-comunidad de Madrid, nadie ha abierto ningún expediente, ni ha puesto ninguna sanción, ni le ha soplado la chulerí­a. Un Oscar, aunque sea un Oscar de hojalata, siempre será un nivel superior de prepotencia...

Desde una perspectiva animalista, ¿por qué no pedir el boicot a esta pelí­cula? Hay una primera herida: la mezcla del arte con la tortura, tan recurrente por desgracia -Hemingway hizo bandera de ello- y al mismo tiempo tan pornográfica. La sangre, la tortura, la muerte siempre será plástica. Tan plástica como indecente. Y ahora que poco a poco se va entendiendo precisamente esto, que cultura y tortura no se pueden mezclar, y las leyes recogen tí­midamente esta sensibilidad -fue esta percepción legal la que prohibió la muerte de un toro en la ópera Carmen de Távora-, el señor Almodóvar no sólo hace efectiva, por puro capricho, esta perversa dualidad, sino que no se conforma con simularla. Esta es la segunda herida: la alegrí­a con que necesita matar realmente para sentirse contento. Si el cine es ficción, resulta evidente que la ficción habrí­a permitido imágenes de extrema crueldad -cada cual tiene su estética- sin necesidad de perpetrarlas. Pero, como Almodóvar es el rey del mambo, y de pequeño los colgaba de dos en dos, y se la repampinfla que los animales sufran o no, y como es un director tan bueno que no puede hacer ni una imagen que no sea real -¿también mata mujeres cuando simula que las mata?-, ha necesitado imperiosamente, el hombre, matar seis animales nobles en un largo y terrible proceso agónico. Así­ las bonitas mentes que gozan del espectáculo de la crueldad podrán estar contentas: no son simuladas. Podrán sentir el sufrimiento, tocar el sufrimiento, saber que ha habido sufrimiento. ¡Olé!

La tercera herida es la legal. Los animalistas estamos muy acostumbrados a la derrota. No en vano vivimos en un paí­s donde una fiesta inculta y cruel se considera de interés nacional, y avanzar en el camino de la defensa de los derechos de los animales es árduo, duro y lentí­simo. Pero lo que resulta una doble derrota es haber conseguido establecer alguna ley decente -e impedir la tortura real de animales para hacer pelí­culas me parece una clara decencia- y ver cómo los chulos de turno la tratan como papel mojado. Almodóvar todaví­a se rí­e. "¿Permiso, yo, para matar seis toros?, ¡de qué!", como se rí­e Távora, como se rí­e cualquiera de estos divinos la divinidad de los cuales está por encima de nimiedades terrenales. Y, sin embargo, si Almodóvar no recibe ningún tipo de castigo, el mensaje es contundente: las leyes sobre los animales importan una puñetera... Por eso es espcialmente grave lo que ha hecho: porque, aparte de la crueldad, se ha reí­do de las pocas leyes que amparan alguna cosa.

En fin, señor Puy y todos los que piensen como usted. No se preocupe por nosotros. Estamos tan locos algunos que no sólo boicoteamos a Almodóvar y lo proclamamos, sino que también querrí­amos que algún dí­a esta tierra no fuese regada con sangre torturada. Somos los mismos que estamos en muchas otras luchas y que, de hecho, luchamos casi siempre en la más absoluta indiferencia. ¿Es una lucha por los animales? No. Es una lucha por la ética.

Pilar Rahola
Diari Avui. Barcelona.

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Pilar Rahola
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