Presunta raza de lidia

¿Desaparecerá la 'raza de lidia' cuando desaparezcan las corridas de toros?

Presunta raza de lidia

¿Desaparecerá la raza de lidia cuando desaparezcan las corridas de toros? He aquí­ una pregunta que nos hacemos con frecuencia los animalistas y que, con sesgo acusatorio, nos hacen los taurómacos como parte de la argumentación al uso para defender su indefendible afición. Para darnos y poder dar una respuesta razonada, lo primero es sentar la premisa de si en verdad existe el llamado "toro de lidia" como raza animal, puesto que si la respuesta fuera negativa, la disyuntiva "sin corridas no hay toros" carece de sentido, ya que no puede desaparecer lo que no existe. Pero no adelantemos conceptos, pues de lo contrario, en breve, nos verí­amos envueltos en una maraña de vocablos tales como "especie", "raza", "variedad", "encaste", etc., sin saber bien de lo que estamos hablando, que es lo que les suele ocurrir a ellos, los taurinos.

Unos conceptos básicos de taxonomí­a

El "nombre y apellido" de cualquier animal viene definido en zoologí­a por su género y especie [1]. Todos los animales que pertenecen a un mismo género tienen en común una serie de caracteres similares (caracteres genéricos). Así­, todos los animales pertenecientes al género Canis, como el perro y el lobo, tienen caracteres comunes suficientemente obvios (es este caso) pero también caracteres diferenciadores [2]. Por ello, el primero pertenece a la especie familiaris (Canis familiaris) y el segundo a la especie lupus (Canis lupus) [3]. Con los bóvidos sucede igual: la vaca y el cebú pertenecen al género Bos, pero la primera es de la especie taurus (Bos taurus) y el segundo de la especie indicus (Bos indicus). Podrí­amos por tanto decir, en términos generales, que los animales de una misma especie, además de tener los caracteres genéricos propios, se asemejan entre sí­ tanto como a sus padres, se distinguen de las demás especies del mismo género, y se reproducen entre sí­ dando descendientes fecundos.

Pero ocurre con mucha frecuencia, que grupos de animales de una misma especie presentan entre sí­ caracteres que permiten diferenciarlos claramente (por ejemplo, todos los perros son de la misma especie, pero es posible diferenciar con claridad a un caniche de un mastí­n). En este caso estamos ante un hecho que obliga a categorí­as inferiores dentro de las especies: son las especies polití­picas. Y es en estas subdivisiones donde las normas taxonómicas se muestran más oscuras: las especies se pueden dividir en subespecies y/o en variedades, y estas en subvariedades o biotopos. El uso del sinónimo "raza" por "variedad" es frecuente y correcto. Siguiendo con nuestro ejemplo canino, un galgo serí­a un Canis familiaris de raza galgo.

Estas normas taxonómicas, un tanto simplificadas para facilitar su comprensión, no tienen otro objeto para nuestros fines que dar una idea de conjunto. Pero es importante señalar que los caracteres que permiten clasificar a un grupo de animales dentro de una misma raza deben cumplir inexorablemente las siguientes reglas:

  1. Que sean diferenciadores con respecto a las demás razas de la especie (los caracteres que ya se dan en una raza no sirven para describir a otra).
  2. Que sean estables en el sentido de que se confirmen y perpetúen con la herencia (un carácter que pueda no aparecer en los descendientes, no sirve para describir una raza).
  3. Que sean susceptibles de descripción cientí­fica (un carácter como "proporcionado" no es válido para marcar alguna caracterí­stica propia de una raza, pues es una apreciación subjetiva).

Mientras que 3) es una regla de obviedad racional, 1) y 2) lo son no sólo por concepto cientí­fico, sino también por definición semántica del vocablo "raza": Cada uno de los grupos en que se divide una especie orgánica, formado por individuos que tienen ciertos caracteres comunes que los distinguen de los de los otros grupos de la misma categorí­a y que se transmiten por herencia (Marí­a Moliner).

No cabe duda de que dichas reglas son perfectamente aplicables a nuestro ejemplo canino, pero ¿lo son también a los Bos taurus que se utilizan en la lidia? Antes de dar respuesta, permí­taseme esbozar el origen y evolución de dichos animales.

El origen de los actuales toros de lidia

Su más antiguo predecesor conocido es el Bos planifrons, que vivió durante el plioceno (final de terciario). De él descienden al menos dos especies: el Bos primigenius (o uro europeo) y el Bos nomadicus (o uro afroasiático). Del Bos primigenius, cruzado posiblemente con alguna especie braquí­cera (de cuernos cortos) aparece sobre el 10000-8000 a.d.c. el Bos taurus actual, el cual empieza a diversificarse de tal forma, que ya en el Neolí­tico (unos 4000 a.d.c.) se conocen no menos de tres diferentes subespecies. A partir de entonces, y en razón de su domesticidad, sufre constantes cruces, muchas ves con la intervención del hombre, que busca variedades para carne, para trabajo y para leche. Y por no remontarnos mucho más allá, ya nos encontramos en la España del siglo XIV, de donde se tienen datos ciertos de que los toros para la lidia se compran a los carniceros [4], los cuales, en razón de su oficio, conocen a los toros que se muestran más bravos de entre las vacadas con las que comercian. Es decir, se escogen ejemplares de razas criadas para carne, no para lidia. Entre estas razas españolas eran frecuentes la Berrenda, la Cárdena, la Salmantina, la Retinta, etc. Son todas razas pertenecientes a la especie Bos taurus, con caracteres fijados a lo largo de siglos e incluso milenios.

Pero algunos ganaderos se dan cuenta de que el criar reses especialmente para la lidia puede ser tan rentable o más que para carne, y a mediados del siglo XVIII comienzan a aparecer las primeras ganaderí­as de toros para lidia. Estos vaqueros seleccionan, cruzan y mestizan de entre las razas a su alcance, y comienzan a producir toros condenados de nacimiento a la lidia. ¿Han creado por tanto una nueva raza del Bos taurus? Ahora estamos de nuevo al principio.

¿Existe la raza de lidia?

La respuesta es sencillamente NO, y podemos dar argumentos al respecto. Recordemos que para poder definir una raza se han de cumplir tres reglas, y que si no se cumple aunque sólo sea una de ellas, no puede hablarse de raza. Pues bien, el denominado ganado de lidia no cumple ninguna de las tres:

  1. No existen caracteres morfológicos propios de los toros de la hipotética raza de lidia, ya que estos (los caracteres morfológicos de los toros de lidia) son indefinibles por dispares. Descrí­base cualquier ejemplar de cualquier ganaderí­a de las que crí­an toros para lidia, y se podrá comprobar que tal descripción no es aplicable a otros ejemplares de otras ganaderí­as que crí­an ejemplares con el mismo fin [5]. Tampoco existen caracteres diferenciadores definibles entre los toros de la hipotética raza de lidia con respecto a otras razas de la misma especie.
  2. Los caracteres diferenciadores psicológicos que se le suponen a la hipotética raza de lidia (principalmente la difí­cilmente definible "bravura") no parecen perpetuarse de forma regular con la herencia, hasta tal punto que la inmensa mayorí­a carece ellos, según denuncian los propios taurómacos. De lo contrario, las tientas serí­an innecesarias, y todos los toros nacidos de padres "bravos" serí­an igualmente bravos. Tampoco parecen perpetuarse los caracteres morfológicos: observando fotografí­as de ejemplares de toros bravos de distintas épocas, incluso de las mismas ganaderí­as, puede observarse que presentan caracterí­sticas morfológicas muy diferentes.
  3. No conocemos ni una sola descripción cientí­fica de los caracteres diferenciadores de la hipotética raza de lidia. Y ello a pesar de haber consultado una muy amplia bibliografí­a. La razón es sencilla: no puede ser descrito lo que es inexistente. Tan es así­, que ni en el propio Reglamento de Espectáculos taurinos se describen, limitándose a prohibir que se lidien reses que no estén inscritas en el Registro de Empresas Ganaderas de Reses de Lidia, y que las mismas tengan las caracterí­sticas zootécnicas de la ganaderí­a a la que pertenezcan [6].

Por todo ello, habrí­a que decir que la raza de lidia sólo existe como idea u objetivo a alcanzar por los ganaderos interesados, y ello aceptando que exista un fenotipo [7] ideal, lo cual no es cierto en tanto que el concepto de "toro de lidia", tanto en el aspecto morfológico como en el psicológico, viene cambiando a lo largo de los tiempos de acuerdo con las modas taurómacas de cada momento.

La afirmación de que no existe la raza de lidia, no es evidentemente sólo nuestra. Por ejemplo, el que es posiblemente el más completo y documentado trabajo publicado sobre las razas autóctonas españolas [8], dice al efecto: "El ganado de lidia constituye en España una heterogénea población bovina a la que es bastante dudoso integrar dentro de raza, ya que la única caracterí­stica que se les puede asignar en común es su capacidad para mostrar un temperamento agresivo, que los aficionados a la fiesta de los toros llaman bravura... Por ello, es dudoso integrar esta diversa población bovina dentro del concepto de raza."

¿Qué son entonces los toros de lidia?

Es indudable, y ya lo hemos señalado anteriormente, que las actuales razas bovinas españolas son el resultado de cruces de otras razas más antiguas, y éstas el resultado de cruces y/o diversificación de especies aún anteriores. Es decir, que en un momento dado se partió de animales mestizos hasta que sus caracteres (aquellos que sus "creadores" consideraron idóneos para sus fines) se fijaron por selección artificial para dar lugar a una raza propiamente dicha. La razón por la que los caracteres de las razas autóctonas se fijaron en su dí­a y los de los toros de lidia no, hay que buscarla no ya en el tiempo que necesariamente tiene que transcurrir para que ello ocurra (con más de dos siglos ha habido tiempo suficiente para ello) sino en los propios intereses del negocio taurino.

Si desde un primer momento (o incluso en tiempos posteriores) se hubiera decidido el prototipo de toro que se querí­a alcanzar, a buen seguro que hoy existirí­a una raza de toro de lidia. Pero las modas y los intereses han conducido a los ganaderos a continuar mestizando continuamente [9], de forma que los toros de lidia de hoy no se parecen a los de ayer, estos a los de anteayer, y tampoco se parecerán a los de mañana de continuar en el mismo camino.

En definitiva: los toros de lidia actuales no son sino animales mestizos que no pertenecen a ninguna raza determinada, y sólo para fijar un concepto que sirva de referencia, me permito definirlos como "animales pertenecientes a diversas pseudorrazas de Bos taurus, con la caracterí­stica frecuente, indefinible cientí­ficamente, de manifestar una agresividad instintiva cuando son provocados o acosados", caracterí­stica que comparten con otros muchas especies e incluso con ejemplares de otras razas bovinas.

¿Son los taurinos sinceros cuando se preocupan de su posible desaparición?

Es evidente que a los taurinos lo que les preocupa es la desaparición de las corridas, no de los toros: a unos, los simples aficionados, porque perderán su divertimento; a otros -ganaderos, crí­ticos, matadores, etc.- porque perderán su negocio. Pero ni a unos ni a otros les interesa la suerte de las pseudorrazas de lidia. Y para hacer esta afirmación me baso en las siguientes evidencias:

  1. Muchas pseudorrazas se han perdido ya y otras se seguirán perdiendo, de forma provocada, y no por ello ponen el grito en el cielo [10].
  2. Varias razas bovinas autóctonas (verdaderas razas) han desaparecido en estos últimos años (campurriana, pasiega, lebaniega, etc.) y otras muchas se encuentran en peligro eminente de desaparición (albera, blanca cacereña, cachena, murciana, etc.) y no son precisamente los taurinos los que destacan pidiendo su protección.

¿Desaparecerán las pseudorazas de lidia cuando desaparezcan las corridas?

Los toros bravos no existen porque existan las corridas, sino al revés: las corridas existen porque existí­an toros bravos. Recordemos que los primitivos ganaderos de bovino intentaron durante siglos erradicar ese carácter de bravo de entre su ganado, seleccionando a los animales más mansos y, por tanto, más manejables. Y aun así­, en el siglo XVIII los primeros ganaderos de reses para lidia se encontraron con ejemplares cuyo gen de bravura no habí­a desaparecido. Todaví­a hoy existen ejemplares entre las ganaderí­as de toros de carne, que manifiestan una instintiva agresividad cuando son acosados o provocados [11]. No hay, por tanto, motivos para dudar de que dicho carácter se perpetuará aún durante mucho tiempo, de forma natural, sobre todo si no se selecciona en sentido contrario.

Por tanto es primordial velar por la conservación de las razas bovinas autóctonas españolas, verdadera riqueza zoológica y zootécnica de nuestro paí­s, antes que por las pseudorrazas de lidia. Se calcula que el 32% de las primeras se encuentran en inminente peligro de desaparición, y el 38% en peligro moderado de desaparición [12].

En cuanto a las pseudorrazas de lidia, con un valor ecológico mucho menor que las anteriores, su supervivencia a las corridas es un simple problema de voluntad. De momento habrí­a que decidir qué fenotipos se desean perpetuar para impedir a los ganaderos que continúen haciéndolos desaparecer. No olvidemos que el propio negocio taurino es en estos momentos su peor enemigo. Una vez establecidos los caracteres diferenciadores de la raza de lidia, sólo deberí­an ser inscritos en el Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia los ejemplares que lostuvieran, y en pocos años ya sí­ podrí­a hablarse de la raza de lidia.

Y existiendo una raza de lidia, su protección en dehesas al efecto serí­a económico y sencillo. Mucho más que la protección de otros animales en peligro de extinción (como linces, lobos u osos [13]) que se ha mostrado posible.

Y tampoco hay que olvidar que, incluso sin ser utilizados para la lidia, las actuales pseudorrazas de lidia son económicamente rentables como productoras de carne, o al menos tan rentables como muchas razas españolas de crí­a extensiva [14]. Es decir, son una verdadera alternativa de producción para terrenos que no permiten mantener otras razas más delicadas, aunque su manejo resulte mucho más complicado.

En resumen: las pseudorrazas de lidia no tiene porqué desaparecer si las corridas fueran abolidas, y no hay duda de que quienes ahora abogamos por su abolición serí­amos los que a partir de entonces lucharí­amos por la protección de tan bellos y magní­ficos animales.

 



Referencias

 

  • [1] Es la llamada nomenclatura binominal o linneana. Consiste en dos palabras latinas o latinizadas, de las cuales la primera se escribe en mayúscula y designa el género, y la segunda en minúsculas y designa la especie. Estas normas internacionales están recogidas en el Código Internacional de Nomenclatura Zoológica.
  • [2] Aunque no tantos como, por ejemplo, entre el lobo y el zorro o el perro y el zorro. Es por ello que las tres especies pertenecen a una misma familia (la de los cánidos) pero sólo el perro y el lobo son del mismo género (el zorro pertenece al género Vulpes).
  • [3] La especie es la más representativa de las categorí­as taxonómicas, y se puede definir como "un conjunto de poblaciones naturales que pueden hibridarse entre sí­, real o potencialmente" (Mayr). En lenguaje común, la especie se designa por un sustantivo concreto: perro, lobo, vaca, etc.
  • [4] Por ejemplo, en 1487, en Sevilla se dió una corrida de toros "ocho de los cuales se tomaron al carnicero Juan Ruí­z, pagándoselos a 2.500 maravedí­s cada uno" (Los Caireles de Oro, de Pascual Millán).
  • [5] La descripción usual de una raza bovina incluye, al menos, la alzada, peso medio, proporciones, forma de la cabeza, forma de la cornamenta, capas y colores. Frecuentemente, también, color de las mucosas, forma del morrillo y la papada, etc. Como cualquiera puede comprobar, todas estas caracterí­sticas son muy dispares en los toros que se crí­an para lidia. Para muchos autores taurinos, los caracteres diferenciadores de los toros de lidia no son morfológicos, genéticos o fisiológicos, sino ¡psicológicos! Por ejemplo, para Filiberto Mira un toro de lidia es aquél que tiene "una salida alegre y pronta del chiquero, remata a tope en los tres burladeros, dobla humillado y con recorrido al ser torreado de capa..., etc.,". Estos criterios son evidentemente inaceptables taxonómicamente. Otros, como Manuel Prieto y Prieto, señalan los que deben ser los caracteres tí­picos de las razas vacunas de lidia, pero terminan recomendando para distinguirlas ¡las señales o marcas y las divisas!.
  • [6] Hay que señalar que lo de "caracterí­sticas zootécnicas" es un camelo semántico: zootecnia es "el conjunto de conocimientos relativos a la crí­a de animales domésticos y práctica de esos conocimientos" y, por tanto "caracterí­sticas zootécnicas" no tiene sentido. También hay que señalar que para inscribirse en el Registro de Empresas Ganaderas de Reses de Lidia, al interesado no se le exige que cuente con reses de la raza de lidia, sino con reses inscritas en el Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia, en el cual se inscriben las reses pertenecientes a las ganaderí­as inscritas como Empresas Ganaderas de Reses de Lidia. Una pescadilla que se muerde la cola, precisamente por no poder definir cientí­ficamente las caracterí­sticas de la hipotética raza de lidia.
  • [7] Fenotipo: conjunto de propiedades genéticas, estructurales y funcionales de un organismo.
  • [8] Miguel A. Garcí­a Dory, Silvio Martí­nez Vicente y Fernando Orozco Piñán, Guí­a de campo de las razas autóctonas españolas (Madrid, editorial: Alianza Editorial, 1990), 228.
  • [9] Es suficientemente conocido que las "figuras" del toreo escogen o vetan ganaderí­as según sus toros se acomoden o no a sus formas de torear. Y esto ya ocurre desde la aparición de las primeras ganaderí­as de toros de lidia, siendo famoso el memorial suscrito por Illo y Costillares (dos famosos matadores del siglo XVII) exigiendo a la autoridad que no comprara toros de la raza castellana para los espectáculos donde debí­a intervenir. Estas exigencias de las "figuras" han ido llevando a los ganaderos a producir toros al dictado de las modas.
  • [10] Hasta tal punto, que de las ocho pseudorrazas del siglo XVII (diez, según otros autores) -y por pseudorrazas originarias nos referimos a las ocho o diez ganaderí­as que comenzaron a criar toros con el exclusivo fin de dedicarlos a la lidia, y que estaban formadas por ejemplares de razas autóctonas españolas- no queda hoy una sola ganaderí­a que conserve ejemplares no mestizados varias veces: es decir, que han desaparecido todas. Inclusive se puede afirmar que de algunas de aquellas, ni la sangre en sus descendientes queda por haberse extinguido en las ganaderí­as que las llevaban: por ejemplo, de la vazqueña, de la raso-portillo, de la jijonesa, etc.
  • [11] Tan es así­, que en muchos festejos populares, hasta la entrada en vigor del nuevo Reglamento Taurino -que lo prohibe para velar por los intereses de los poderosos ganaderos de bravo-, se vení­an utilizando toros de ganaderí­as de carne, los cuales, si estaban bien elegidos, mostraban tanta bravura como los criados como bravos.
  • [12] En la actualidad quedan 27 razas bovinas autóctonas españolas. De 9 de ellas quedan menos de 1.000 ejemplares. Se tienen datos ciertos de que no menos de 4 razas ya han desaparecido.
  • [13] Los osos fueron utilizados en España, durante siglos y hasta bien avanzado el siglo XX, en espectáculos taurinos. Abolida dicha "manifestación cultural", los osos no han desaparecido.
  • [14] El rendimiento cárnico de las reses de ganaderí­as de lidia está en torno al 57%. Las de carne en pastoreo, en torno al 55%.

Autor: Luis Gilpérez

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