El debate sobre los derechos de los animales. De Bentham a Francione.

En las últimas décadas del siglo XX, sobretodo desde la publicación en 1975 del libro "Liberación Animal" de Peter Singer, se abre un debate en la filosofí­a moral de origen anglosajón sobre el estatus moral y jurí­dico de los animales.

En las últimas décadas del siglo XX, sobretodo desde la publicación en 1975 del libro Liberación Animal de Peter Singer, se abre un debate en la filosofía moral de origen anglosajón sobre el estatus moral y jurídico de los animales. La discusión gira en torno a si los animales no-humanos deben o no estar incluidos en la comunidad moral. Pero las raíces del llamado “movimiento de liberación animal”, o movimiento por los derechos de los animales, se extienden hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX, momento en que surge una cierta preocupación por dispensar a éstos un trato más humanitario. Paladines de la Ilustración como Voltaire y Rousseau apoyan tímidamente los argumentos en favor del vegetarianismo, aunque no llegan a practicarlo personalmente.

Uno de los primeros filósofos en tratar el tema de los derechos de los animales seriamente es Jeremy Bentham (1748 - 1832), considerado el fundador del utilitarismo moderno (escuela filosófica que identifica el bien moral con el máximo bienestar para el máximo número). Bentham reivindica la idea de igualdad moral, esto es, afirma que hay que considerar por igual los intereses de todos los afectados por una acción. Pone el acento en la facultad de sentir como la característica capital que le confiere a un ser el derecho a una consideración igual, dado que es esta facultad, y no otra, el requisito ineludible para poder decir que un ser tiene intereses y, en consecuencia, ciertos derechos que protejan esos intereses. Bentham, a pesar de  rehuir la noción de “derechos naturales”, sí aboga por la protección legal de esos intereses.

En 1821 aparece el libro Thalysie, de Jean Antoine Gleïzès (1773 - 1843), donde el autor francés expone una serie de argumentos de tipo fisiológico y ético a favor del vegetarianismo. Aunque la obra pasa desapercibida en Francia, recibe una considerable atención en Gran Bretaña, donde inspirará la creación de la primera sociedad vegetariana, dos décadas más tarde. 

Es precisamente en Gran Bretaña donde se alzan las primeras voces contrarias a la práctica de la vivisección y se hacen visibles los primeros esfuerzos organizados por abolir la crueldad hacia los animales:

     -1822: El Parlamento británico promulga la primera ley contra el maltrato a un animal (Ley contra el maltrato “innecesario” a los animales domésticos de propiedad, como los caballos y los burros).

     -1824: Se crea la primera asociación protectora de animales, la SPCA (Society for the Prevention of Cruelty to Animals) que dará lugar a la actual RSPCA (Royal Society for the Prevention of Cruelty to Animals).

       -1847: Se funda la Vegetarian Society.

Charles Darwin (1809 - 1882) publica en 1859 El origen de las especies, obra en la que presenta por primera vez su controvertida teoría de la evolución, aunque en ella evita entrar en discusión sobre si la teoría es aplicable a la especie humana. Darwin esperará a que gran parte de la comunidad científica acepte su teoría para publicar, en 1871, El Origen del Hombre, donde defiende la tesis de que la evolución del hombre arranca de un animal similar al mono, idea que las autoridades religiosas consideran irreverente y blasfema. La principal conclusión de las investigaciones de Darwin es que la diferencia entre las facultades mentales de los hombres y los mamíferos superiores es de grado, y no de tipo, lo que supone un importantísimo cambio en la visión que de sí mismo y de su puesto dentro del orden natural tiene el ser humano: éste deja de ser la creación especial de Dios para convertirse en un mero animal. Sin embargo, esta nueva forma de entender el origen del hombre encontrará una gran resistencia, y no redundará, a nivel inmediato, en un cambio significativo en la forma general de relacionarnos con el resto de animales.

Uno de los pioneros en la defensa de los derechos de los animales fue el británico Henry Salt (1851 – 1939), reformista social y activista vegetariano. Su primera obra, A plea for Vegetarianism (1886), un alegato a favor de la dieta vegetariana, ejerció una gran influencia sobre el líder espiritual y político hindú Mohandas Gandhi (1869 – 1948), quien ingresó en la Sociedad Vegetariana londinense tras leerlo. Salt funda en 1891 la Humanitarian League, entre cuyos objetivos se encontraba la prohibición de la caza deportiva. Un año más tarde publica Animal Rights: Considered in Relation to Social Progress, su mayor aportación bibliográfica, obra en la que denuncia el modo en que los seres humanos utilizan a los animales, basándose en la idea de que infligir sufrimiento innecesario es un acto moralmente censurable.

A medida que avanza siglo XX, el movimiento vegetariano va alcanzando una notable envergadura. Los conocimientos científicos permiten establecer sus bases dietéticas, lo que hace posible que la dieta sin carne adquiera por fin el reconocimiento como alternativa saludable. El vegetarianismo, sobretodo a partir de la segunda mitad de siglo, deja de ser una práctica marginal. Sin embargo, a partir de la Segunda Guerra Mundial se inicia un proceso de creciente mecanización de la ganadería, que hace aumentar de forma espectacular la producción -y el consumo- de carne, con el fin de evitar en el futuro el problema de posibles privaciones, similares a las sufridas durante la guerra. Este proceso se lleva a cabo sin apenas regulación del sector por parte de los gobiernos, y en las granjas industriales se desarrollan los métodos más crueles de explotación animal conocidos hasta el momento, siguiendo el criterio de conseguir la máxima producción al menor coste posible. El número de animales maltratados y asesinados como consecuencia de esta actividad se multiplica de forma espectacular, superando con creces el de individuos sometidos a cualquier otra forma de explotación.

El movimiento de liberación animal, tal y como se entenderá a partir de entonces, consiste en el propio cuestionamiento de la licitud de esa explotación, y no en la búsqueda de formas menos crueles de utilizar a los animales. Esta lucha es en parte heredera del movimiento ecologista en sus contenidos, así como del movimiento feminista en la forma de exponer sus razonamientos de carácter igualitario.[1]

La confluencia de debates éticos, políticos y legales acerca del medio ambiente, y la discusión en torno a si la ética medioambiental debe ser considerada una nueva doctrina, o simplemente la continuación de teorías éticas ya existentes, se refleja en un marcado aumento de la conciencia ecologista a nivel social, político, y académico. Durante la década de los 80, surgen en Europa numerosos partidos que hacen de la defensa de la naturaleza su principal reivindicación (los llamados partidos “verdes”). La emergencia de filósofos que denuncian la arbitraria exclusión de los animales de la esfera moral proporciona fundamentos teóricos al activismo por los derechos de los animales.

Tradicionalmente, se ha defendido la idea de que la frontera moral coincide exactamente con la de la especie, de forma similar a como, en épocas pasada, se la hacía coincidir con la de la raza o el sexo (sólo los humanos tienen derechos; sólo los blancos tienen derechos; sólo los varones tienen derechos). Pero el conocimiento científico hoy disponible supone la refutación de la idea de una diferencia esencial entre los seres humanos y el resto de los animales, en favor de una concepción de la naturaleza como una gradación continua entre las diferentes formas de vida, de más simples a más complejas. Ello no implica necesariamente la defensa de una igual consideración de todas las formas de vida, sino de aquellas que satisfacen una condición necesaria: tener la capacidad de sentir placer y/o dolor. Esto nos lleva a ampliar nuestro espectro de atención moral, situando la línea divisoria, no en el raciocinio, sino en la sensibilidad:

No debemos preguntarnos: ¿pueden razonar?, ni tampoco: ¿pueden hablar?, sino: ¿pueden sufrir?”, J. Bentham: Introduction to the Principles of Morals and Legislation.


[1] Una mezcla de ambos es el llamado ecofeminismo, movimiento que aúna las inquietudes de tipo social y medioambiental. El ecofeminismo defiende la existencia de una relación entre la opresión de las mujeres y la degradación de la naturaleza, y analiza las interconexiones entre el sexismo, el racismo, la desigualdad social, y el deterioro del medio ambiente. En esa línea se sitúa Carol Adams quien, en su obra The Sexual Politics of Meat, defiende la conexión entre el feminismo y el vegetarianismo, puesto que tanto mujeres como animales son víctimas del mismo sistema opresor.

 

Cronología:

        -1962: la escritora ecologista Rachel Carson (1907-1964) publica Silent Spring, donde advierte del peligro que los productos químicos representan para el medio ambiente, y solicita una revisión de los planteamientos desde los cuales nos relacionamos con la naturaleza. 

       -1968: aparece la obra The Population Bomb, del biólogo norteamericano Paul Ehrlich, que supone un aviso sobre los problemas medioambientales derivados de la superpoblación humana.

        -1973: formulación de la llamada “Deep Ecology” (ecología profunda), por parte del filósofo noruego  Arne Naess, quien publica este año un artículo en el que contrapone dos corrientes de la ecología a las que denomina, respectivamente, “movimiento de ecología profunda de largo alcance” (long-range deep ecology movement), y “movimiento de ecología superficial” (shallow ecology movement). Para Naess, la característica fundamental del movimiento "Deep Ecology" radica en el reconocimiento del valor inherente de todos los seres vivos y el valor intrínseco de la diversidad biológica, y se opone a la explotación y destrucción del mundo natural como consecuencia del consumismo de la sociedad occidental moderna. 

La Deep Ecology aparece como contraste a las tímidas propuestas del ecologismo anterior, al que Naess acusa de no llegar hasta la raíz de los problemas, y da un paso más allá en cada una de las ideas defendidas por esa forma superficial de ecología:

  1. Shallow Ecology: El valor de cada ser vivo se basa en su  utilidad para los humanos. Deep Ecology: Todo ser vivo tiene un valor intrínseco, independientemente del que los seres humanos otorguen a cada uno de ellos.
  2. Shallow Ecology: Las criaturas más complejas (como los humanos) son más importantes que las simples. Deep Ecology: La diversidad de seres vivos, tanto simples como complejos,  contribuye por igual a la riqueza de la vida.
  3. Shallow Ecology: Los seres humanos tienen derecho a utilizar todos los recursos naturales para su beneficio material y económico. Deep Ecology: Los seres humanos sólo deberían utilizar los recursos naturales para satisfacer sus necesidades vitales. 
  4. Shallow Ecology: No es necesario poner restricciones al crecimiento de la población humana. Deep Ecology: La proliferación y conservación de la vida no-humana del planeta depende de una disminución en el número de seres humanos.
  5. Shallow Ecology: La base para resolver los problemas medioambientales está en el progreso tecnológico. Deep Ecology: La interferencia de los seres humanos en el mundo es excesiva y perjudicial, y sólo reduciéndola frenaremos el deterioro del medio ambiente.
  6. Shallow Ecology: El materialismo y el consumismo son dos indicadores del buen funcionamiento de las sociedades industrializadas. Deep Ecology: Las políticas llevadas a cabo por los seres humanos (en los ámbitos económico, tecnológico, e ideológico) deben cambiar radicalmente, reduciendo de forma drástica el nivel de consumo.
  7. Shallow Ecology: El nivel de vida debería continuar creciendo. Deep Ecology: La calidad de vida es más importante que la cantidad de bienes acumulados (nivel de vida).
  8. Shallow Ecology: Hay que dejar que sean los expertos quienes resuelvan los problemas medioambientales. Deep Ecology: Todos aquellos que suscriban estos puntos tienen la obligación de luchar para preservar la naturaleza.

La Shallow Ecology o ecología superficial tiene una visión antropocéntrica de la naturaleza, y se basa en el uso de los recursos naturales para posibilitar un aumento ilimitado de la población humana, cuyas eventuales dificultades con el entorno serán resueltas gracias a los avances tecnológicos. Por ejemplo, este tipo de ecologismo promueve el reciclaje de los desechos industriales, en lugar de reducir, en primer lugar, el volumen de basura que se genera. También fomenta una mayor demanda de tierra cultivable para producir más alimentos, en vez de abogar por el control de la natalidad. La Deep Ecology, en cambio, afirma que es necesario realizar cambios fundamentales en nuestro sistema de valores y prácticas, minimizando nuestro impacto en el entorno para evitar la desaparición de la biodiversidad del planeta, y promueve el cambio social y el crecimiento personal (basado en el concepto de ampliación de la conciencia, buscando un “yo” más abierto que trascienda nuestro ego).

        -1974: Christopher Stone publica un innovador ensayo sobre legislación medioambiental llamado Should Trees Have Standing? donde, por primera vez se plantea el debate sobre  la posibilidad de otorgar derechos legales a los objetos naturales. Stone sugiere que las entidades naturales no-humanas deberían tener derechos legales. Para que tal cosa sea posible, es necesario que se den tres condiciones fundamentales:

  1. Que exista la posibilidad de iniciar un litigio legal en nombre del propio objeto natural.
  2. Que en los hechos considerados relevantes para resolver una disputa legal se incluyan los daños directos causados al objeto natural o ecosistema, y no sólo aquellos daños que afectan indirectamente a seres humanos.
  3. Que, en caso de juicio favorable, el beneficiario directo sea el objeto natural.

Sólo la concurrencia simultánea de estas tres condiciones suficientes y necesarias nos permitiría hablar de la existencia de derechos legales de los objetos naturales.

Stone llega a la conclusión de que podemos promulgar leyes para preservar el medio ambiente, pero el entorno nunca estará realmente protegido hasta que los habitantes de las sociedades industriales experimentemos un radical cambio de conciencia, superando el falso sentido de división respecto a la naturaleza que nos hace creer que ésta es propiedad de la humanidad.

La polémica propuesta de Stone es respondida, entre otros, por el filósofo norteamericano Joel Feinberg (1926 – 2004), quien afirma que sólo se puede pedir derechos legales para aquellos seres que tienen intereses, puesto que son los intereses del representado lo que se defiende en los procedimientos legales y los debates morales. Así, el movimiento de liberación animal, que emerge con fuerza en esta década, tiene por objetivo la defensa de los intereses de los animales, ignorados hasta entonces.

[:PAGE:]

        -1971:  se publica Animals, Men and Morals, una colección de ensayos editada por Stanley y Roslind Godlovitch, y John Harris, que trata el tema de los derechos de los animales desde una perspectiva filosófica que revigoriza el movimiento e inspira a autores posteriores a desarrollar sus ideas al respecto. Es precisamente en una reseña de este libro donde el filósofo australiano Peter Singer introduce la expresión "Liberación Animal", que poco después daría título a su célebre obra.

       -1975: se publica  Animal Liberation, donde Singer expone la idea de que los humanos otorgamos consideración moral a otros humanos, no sobre la base de la inteligencia (ya que tenemos el caso de los niños, o de los mentalmente discapacitados), de la capacidad moral (caso de los enfermos mentales), ni de cualquier otro atributo que sea inherentemente humano, sino de nuestra capacidad para sufrir. Puesto que los animales también disponen de esta capacidad, argumenta Singer, excluir a los animales de nuestra consideración moral es una forma injustificada de discriminación denominada “especismo” (término acuñado por el psicólogo británico Richard D. Ryder). Aunque Singer suele ser considerado el fundador ideológico del actual movimiento de liberación animal, su aproximación al estatus moral de los animales no se basa en el concepto de derechos, sino en el principio utilitarista de igual consideración de intereses.

Este mismo año, el norteamericano Tom Regan publica The Moral Basis of Vegetarianism, donde niega las tesis de quienes manifiestan que matar animales es moralmente aceptable si al hacerlo no se les causa dolor (Singer duda en este punto). Para Regan, el acto de matar a un animal, aunque se le dispense una muerte indolora, es moralmente condenable, puesto que los animales tienen, como los humanos, derecho a la vida.

       -1977: se celebra, del 21 al 23 de septiembre, la Tercera reunión sobre los derechos del animal, en la que la Liga Internacional de los Derechos del Animal adopta la Declaración Universal de los Derechos del Animal, proclamada el 15 de octubre de 1978, y finalmente aprobada por la UNESCO y por la Asamblea General de la ONU.

        -1980: Ingrid Newkirk y Alex Pacheco fundan PETA (People for the Ethical Treatment of Animals).

        -1983: Tom Regan publica The Case for Animal Rights. Mientras Singer se preocupa principalmente por mejorar el trato a los animales, aceptando que, por los menos a nivel hipotético, algunos de ellos (humanos y no-humanos), en circunstancias concretas, podrían ser utilizados para conseguir determinados fines, Regan cree que debemos aplicar a todos el principio kantiano según el cual se debe considerar al otro siempre como un fin en sí, y nunca como un medio. (Cabe remarcar que Kant no creía que los seres humanos tuviésemos ningún tipo de obligación moral respecto a los animales, puesto que éstos no eran sujetos de la llamada “ley moral”; consideraba, sin embargo, que es bueno sentir compasión hacia ellos, pero principalmente porque la crueldad hacia los humanos nos haría proclives a la crueldad con otros seres humanos, y no porque dañar a un animal esté mal en sí).

El movimiento por los derechos de los animales, según Regan, debería ser considerado una parte del movimiento por los derechos humanos. Según él, los animales no-humanos tienen un valor intrínseco, puesto que tienen sentimientos, deseos, preferencias, recuerdos, expectativas, etc. A todos los individuos que reúnen estas características los denomina “sujetos de una vida”, porque a todos ellos les importa lo que les suceda.

Así, Regan afirma que los animales no-humanos, en tanto que “sujetos de una vida”, son poseedores de derechos como lo son los seres humanos. Esto significa que los animales tienen un valor inherente como individuos, y no pueden ser considerados meros recursos a disposición de los seres humanos (teoría del “deber directo” hacia los animales). Regan no hace extensible su teoría a todos los animales, sino sólo a aquellos que pueden ser considerados “sujetos de una vida”, entre los que incluye a todos los mamíferos con capacidades normales y de al menos un año de vida.

A pesar de sus diferencias a nivel teórico, tanto Singer como Regan coinciden en lo que se debe hacer en la práctica: por ejemplo, los dos están de acuerdo en que se debe adoptar una dieta vegetariana y se debe, asimismo, abolir la práctica totalidad de las diferentes formas de experimentación animal que se dan en la actualidad.

        -1995: el profesor de Derecho norteamericano Gary L. Francione publica Animals, Property and the Law, partiendo de la siguiente premisa: mientras los animales no-humanos sigan siendo considerados propiedad de los humanos, todo derecho que se les conceda seguirá estando minado por ese estatus de propiedad. Pone así de manifiesto que pedir que los intereses de “nuestra propiedad” sean considerados de forma igualitaria, es decir, como nuestros propios intereses, es una idea absurda. Sin el derecho básico a no ser tratados como propiedad humana, los animales no-humanos no tienen en realidad ningún derecho. Para Francione, la sensibilidad (facultad de sentir) es el único determinante válido del estatus moral de un individuo, a diferencia de Regan, quien distingue niveles cualitativos en función de las experiencias subjetivas de los individuos “sujetos de una vida”.

Para Francione, en EE.UU. no existe un movimiento por los derechos de los animales propiamente dicho; se trata tan sólo de un movimiento pro-bienestar animal. En línea con sus posiciones filosóficas y su trabajo a favor de la creación de una legislación que defienda verdaderamente los derechos de los animales, Francione subraya la idea de que cualquier esfuerzo que no esté destinado a abolir el estatus de propiedad de los animales estará mal encaminado, y dará como inevitable resultado la institucionalización de la explotación animal. Una sociedad que considera a  perros y gatos partes integrantes de la familia mientras, al mismo tiempo, mata vacas, pollos, cerdos, etc. para convertirlos en comida hace gala, según Francione, de una preocupante “esquizofrenia moral”.

Apóyanos

Sólo tus donaciones nos permiten continuar trabajando por los animales.

Apoya nuestro trabajo por los animales

Actúa por los Animales

Recibe nuestras alertas de accción en tu correo.