La empatía no es sólo para seres humanos

Los roedores también sienten el dolor de los demás. El sentimiento de padecer el dolor de los demás cuando sufren no sólo evolucionó en los homo sapiens sino que es característico en otros mamíferos tan variados como el elefante y el ratón.

El sentimiento de padecer el dolor de los demás cuando sufren no sólo evolucionó en los homo sapiens sino que es característico en otros mamíferos tan variados como el elefante y el ratón.
 
Tanto en cautiverio como en el mundo salvaje de la jungla, los animales sufren y sienten el dolor. Sin embargo, un nuevo estudio asegura que, muchas veces, observar el dolor de un ratoncito de la familia es mucho peor para estos roedores que ver a un ratón extraño atrapado entre los colmillos de la nueva perrita de la casa.

No es nada nuevo para los científicos, cuya observación de animales en cautiverio, desde elefantes hasta chimpancés, ya les había enseñado que la empatía ha venido evolucionando en los mamíferos durante millones de años.

Y aunque las calles de los laboratorios continúen repletas de miembros de PETA que luchan para que se cumplan los derechos de los animales, los ratoncitos en el laboratorio no sólo sienten su propia pena sino que se hacen eco del dolor de otros.

“Llamamos a este fenómeno el contagio emocional y es un necesario precursor de la empatía humana”, explicó en el diario Science, Frans D. M. de Waal, de la Universidad de Emory, uno de los autores del estudio y del libro “El simio interior”.
 
“Es un estudio que pone en duda la creencia de que la empatía es una emoción exclusiva en el ser humano”.

Por mucho tiempo, los investigadores han observado el extraño fenómeno en bebés, cuando uno escucha a otro llorar, comienza a llorar también. La empatía en los humanos nos llevó a reunirnos en comunidades y a ayudar a otros más allá de nuestros clanes.

La ayuda entre familiares no se discute, pero ese poder humano para beneficiar a extraños es lo que podría salvar a la raza en el futuro y el hecho de descubrir la empatía en roedores nos dice que este sentimiento hace mucho que ha venido evolucionando en animales con el objetivo, quizás, de ayudar a la especie en general.

Tanto los delfines como los simios han demostrado sentir empatía hacia otros animales de su especie y muchas veces este sentimiento puede extenderse hacia otras especies; los seres humanos, por ejemplo, podemos dedicar nuestras vidas a salvar a otros animales de especies muy distantes a la nuestra.

“Muchas veces, calentábamos el suelo de la jaula y esperábamos a ver hasta cuando lo resistían sin brincar. Fue espectacular ver cómo los animalitos que eran testigos de otros sufriendo aguantaban por menos tiempo el dolor, la empatía no sólo los hacía más sensibles al dolor del otro sino al que ellos mismos podían sentir”, explicó de Waal. 

Transmisión de mensajes químicos por la vista

Los roedores parecen enviarse mensajes químicos que dicen, “siento tu dolor”, sin embargo, estos mensajes eran bloqueados significativamente cuando la vista era obstaculizada.

“Si poníamos a uno de los ratoncitos en otro lugar donde no podía ver al otro ratón que sufría el dolor de estómago, la pena del ratón bloqueado disminuía bastante lo que nos dice que el dolor es transmitido visualmente. Creemos que los ratones leen el dolor en el rostro del otro que sufre pero no estamos seguros”, conluyeron los científios en el laboratorio del colegio de medicina de la Universidad de McGill.

Un intenso dolor de estómago

En uno de los experimentos, que es seguro enfurecerá a muchos defensores de los animales, los investigadores inyectaron a dos ratoncitos conocidos una sustancia que les provocaba un dolor en el estómago que duraba unos treinta minutos.

Los científicos notaron que los animalitos sufrían más si el animal que andaba con ellos era el compañero de jaula que si un extraño era inyectado con la sustancia.

“Lo importante era notar que la empatía no era particular a los animales familiares, es decir, los ratones sentían más pena si conocían al individuo aunque también sentían empatía si no lo conocían, aunque mucho menos”, explicó Jeffrey S. Mogil, de la Universidad de McGill.

Fuente: Glenys Alvarez, El Caribe CDN

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