Terroristas de la naturaleza

Un gestor de un coto de Lleida, primer condenado en Catalunya por usar veneno en el área de caza. Los cebos envenenados se usan para atacar a los depredadores que se alimentan de piezas de caza menor. El veneno aniquila especies protegidas y amenaza también a los animales domésticos.

Un gestor de un coto de Lleida, primer condenado en Catalunya por usar veneno en el área de caza. Los cebos envenenados se usan para atacar a los depredadores que se alimentan de piezas de caza menor. El veneno aniquila especies protegidas y amenaza también a los animales domésticos. 

El veneno vuelve a amenazar a la fauna. Casi un siglo después del uso indiscriminado de la estricnina para aniquilar al lobo, el negocio de la caza ha vuelto a poner de moda una práctica que parecía olvidada. El uso de cebos envenenados para acabar con los depredadores que amenazan las piezas de caza menor está causando estragos en la fauna, incluidas tanto especies protegidas como animales domésticos. En Lleida se acaba de dictar la primera sentencia condenatoria contra el gestor de un coto que fue “cazado” por agentes rurales cuando esparcía carne envenenada por esa área.

 En España se ha recogido información, entre los años 1990 y 2003, de más de 6.500 casos de envenenamientos de aves y mamíferos. El 44 por ciento de las especies que fueron víctimas de esta práctica estaban protegidas o en peligro de extinción. Y el 94 por ciento de estos casos se ha detectado a partir del año 1996.

Son datos facilitados por Llorenç Ricou, responsable de los agentes rurales de Lleida, que no duda en calificar a las personas que usan estos venenos como “terroristas de la naturaleza”.

Ricou explica que hasta mediados de los años noventa “el problema estaba muy localizado en las áreas de caza (donde se registraban el 78 por ciento de los casos), pero en los últimos años se ha detectado un preocupante incremento de estos envenenamientos en otros campos, como la agricultura o la ganadería”.

En el caso de los cotos, el veneno se coloca para atacar a las alimañas y depredadores que se alimentan de piezas de caza menor, como puede ser la perdiz. El móvil es puramente económico, ya que lo único que se busca es que los clientes que pagan por cazar en esos cotos tengan suficientes piezas para ver cumplidos sus objetivos.

Ahora se han sumado a esta práctica, revela Llorenç Ricou, ganaderos y agricultores. Los primeros, para prevenir ataques a sus ganados de perros salvajes, osos y, desde hace muy poco, también lobos. En cuanto al sector de la agricultura, el veneno se usa para proteger a las colmenas de abejas o a determinados cultivos de las aves y mamíferos que buscan ese alimento.

El responsable de los agentes rurales de Lleida alerta de que el uso de veneno contra los animales provoca graves consecuencias. “Es una práctica indiscriminada que afecta a toda la fauna y ese veneno, una vez se ha tirado, ya no tiene fronteras”, explica.

La muestra son los casos de muertes fulminantes y sin explicación de animales domésticos, como perros y gatos. “Y el peligro –recalca Llorenç Ricou– también amenaza a los seres humanos, ya que no hay que olvidar que el riesgo se cierne igualmente contra los dueños, niños o personas que viven con estos animales domésticos.”

El veneno, al igual que se hizo con la campaña de aniquilación del lobo, se mezcla con carne. Ahora no hay estricnina, pero cualquiera puede acceder a las nuevas sustancias letales del siglo XXI. Suelen ser potentes pesticidas que se adquieren sin mayor problema. El carbofurano o el alicarbo son dos de estas sustancias, calificadas por las autoridades como “muy tóxicas”.

Y estos dos productos fueron precisamente los que utilizó el gestor de dos cotos de Artesa de Segre y Ponts, Benjamín C.P., en esas áreas de caza. Es la primera persona condenada en Catalunya por realizar este tipo de prácticas. Un juez de Lleida le ha impuesto una pena de seis meses de prisión y otra de tres años de inhabilitación para la práctica de la caza como autor de un delito contra la fauna.

El hombre ahora condenado esparció en caminos de paso de fauna y abrevaderos trozos de grasa, botifarra y longaniza, mezclados con veneno. El objetivo de esta acción, recoge la sentencia, no era otro “que eliminar a las alimañas que atacaban a la especies objeto de caza de estas áreas”. Entre los animales muertos que han sido recogidos por los agentes rurales hay un gato y un perro doméstico, un zorro, una garduña y una jineta.

Atrapar a estos delincuentes no es tarea fácil. “Hay que montar muchas horas de vigilancia, ya que sólo hay prueba condenatoria si los atrapas con las manos en la masa”, añade Ricou.

Y los agentes rurales de Lleida están siendo pioneros en este tipo de actuaciones. A lo largo del último año han instruido una decena de casos de este tipo y cinco de ellos (entre los que se encuentra el de esta inédita sentencia) se encuentran ya en los juzgados.

“Cuando vimos que la práctica del envenenamiento estaba mucho más extendida de lo que jamás habíamos imaginado, creamos en Lleida una especie de grupo dedicado prácticamente en exclusiva a este tipo de investigaciones”, concluye Llorenç Ricou.

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