En los ríos Ter y Onyar de Girona, los coipús llevan años convirtiéndose en un símbolo involuntario: animales de origen sudamericano, introducidos en Europa por la industria peletera a partir de los años veinte y expandidos por el territorio tras los escapes y abandonos de granjas de cría, que han encontrado en los humedales catalanes un ecosistema sin depredadores naturales. No llegaron solos. Los trajeron los humanos, los criaron para arrancarles la piel, y cuando ya no fueron rentables, la naturaleza hizo el resto. Ahora la Generalitat de Catalunya acaba de responder a esa responsabilidad humana con una prueba piloto que autoriza a agricultores y cazadores del Alt y el Baix Empordà a abatirlos con armas de fuego, una medida que podría extenderse a todo el territorio si se declara al coipú especie cinegética a partir de 2027.
Ayudanos a exigir la suspensión de las autorizaciones de abatimiento mediante arma de fuego y la adopción urgente de un modelo de gestión basado en:
- Métodos no letales de control poblacional.
- Evaluación pública de los informes técnicos y científicos que justifican la medida.
- Transparencia sobre el impacto real de la especie y las alternativas disponibles.
- Protocolos que prioricen el bienestar animal en todas las actuaciones de gestión de fauna.
Cada persona puede pedir a la Generalitat que revise esta decisión. Tu mensaje será enviado directamente a las autoridades responsables para exigir una gestión ética de la fauna.
El problema ecológico que plantea el coipú es real y documentado. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo incluye entre las 100 especies exóticas más dañinas del mundo. Compite por recursos con animales autóctonos como la rata de agua, excava galerías que desestabiliza riberas y diques, daña cultivos de arroz y trigo, y actúa como reservorio de patógenos como la Fasciola hepatica. Lo que no está documentado es que las medidas letales estén funcionando: entre 2023 y 2025, brigadas especializadas financiadas con fondos europeos capturaron y mataron cerca de 3.500 individuos en Catalunya. La especie sigue presente, sigue expandiéndose y, según los propios expertos del Centre de Recerca Ecològica i Aplicacions Forestals (CREAF), es poco probable que se detenga su avance hacia las cuencas del Besòs y el Llobregat. Cuando la subvención europea se agotó a finales de 2025, la respuesta institucional fue habilitar escopetas en lugar de invertir en alternativas.
Desde AnimaNaturalis consideramos inaceptable que la gestión de especies introducidas se base en la eliminación de animales como herramienta de control. La caza no es una solución legítima ni eficaz. La respuesta debe orientarse siempre hacia métodos no letales, basados en la evidencia científica, la prevención de daños y el respeto por la vida de los animales.