El Partido Animalista PACMA y las organizaciones FAADA, AnimaNaturalis y Fundación Contra Maltrato Animal ya nos hemos pronunciado al respecto y consideramos que, pese al fallo absolutorio, la propia resolución judicial recoge hechos de "extrema gravedad" ocurridos en el laboratorio de experimentación animal, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo en 2021 y generaron una oleada de indignación sin precedentes.
La sentencia concluye que no ha quedado acreditado con suficiente certeza que las actuaciones enjuiciadas provocaran lesiones graves o la muerte de los animales, requisito exigido por el Código Penal vigente en el momento de los hechos para imponer condena por maltrato animal.
Sin embargo, la resolución hace referencia expresa a las acusaciones formuladas por el Partido Animalista PACMA, que sostuvo que existió ensañamiento y crueldad hacia los animales utilizados, de modo que el magistrado sí considera probado que uno de los acusados realizó procedimientos dolorosos sobre varias ratas sin anestesia adecuada, provocándoles “dolor y sufrimiento innecesario”, y llega incluso a apreciar un delito leve de maltrato animal. No obstante, el juez entiende que dicha infracción había prescrito al año, antes de iniciarse el procedimiento judicial.
Desde las entidades denunciantes recordamos que el procedimiento se ha prolongado durante más de cinco años y lamentamos que, pese a la gravedad de los hechos recogidos en la sentencia, los acusados hayan resultado absueltos y la empresa haya continuado operando con normalidad durante todo este tiempo.
Qué es Vivotecnia y qué ocurrió en su interior
Vivotecnia es un centro de experimentación con animales ubicado en Tres Cantos (Madrid) que realiza ensayos de toxicidad en fármacos con perros, roedores, conejos y otras especies para la industria química, cosmética, biotecnológica, agroquímica y farmacéutica. Se trata de una empresa privada de las llamadas de contract research, es decir, que ofrece sus servicios a terceros.
Las imágenes grabadas por Carlota Saorsa mostraban manipulaciones bruscas, golpes, burlas hacia los animales y conductas descritas por las organizaciones denunciantes como completamente incompatibles con los estándares legales de bienestar animal vigentes. La difusión de esos vídeos generó protestas en toda España y abrió un debate público sobre el control y la supervisión de los laboratorios que utilizan animales en investigación.
La reacción institucional fue, según las activistas que siguieron el caso de cerca, decepcionante. La Comunidad de Madrid suspendió temporalmente la actividad del centro, pero levantó esa suspensión el 1 de junio de 2021, apenas semanas después. Según explicaron integrantes de la Asamblea Antiespecista consultadas por medios de comunicación, aquella suspensión de tres meses no impidió que Vivotecnia continuara con los encargos ya contratados ni que facturara durante ese período. Las organizaciones animalistas denunciaron al ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso por ocultar información sobre la situación en el laboratorio.
Fue la vía judicial, impulsada por AnimaNaturalis, FAADA, Cruelty Free International y PACMA, la que mantuvo vivo el caso hasta hoy.
Un millón de animales al año
El caso Vivotecnia no es una excepción aislada: es una ventana abierta hacia una práctica masiva y en gran medida invisible. Según los últimos datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), durante 2024 se reportaron 887.241 usos de animales en investigación y docencia en España, lo que representa una reducción del 22,5% respecto a 2023. Sin embargo, los datos europeos del año anterior sitúan a España entre los países con mayor volumen de experimentación del continente.
En 2023, España realizó cerca de 1,1 millones de ensayos con animales, según estadísticas de la Comisión Europea, figurando junto con Francia, Alemania y Noruega entre los territorios donde más se experimenta. Solo Francia, con dos millones de experimentos ese año, superó esa cifra en la Unión Europea. En el conjunto de la UE y Noruega se realizaron 9,1 millones de experimentos con animales en 2023, con un descenso global del apenas 3%.
En España, el ratón encabeza la lista de especies utilizadas, representando en torno al 37-47% de los usos según el año consultado. Le siguen los peces y las aves domésticas. Los mamíferos, en conjunto, continúan siendo el grupo más empleado. El número de procedimientos que causaron sufrimiento moderado o grave a los animales en Europa fue de 3,7 millones solo en 2023, según la misma fuente.
La organización Cruelty Free Europe ha criticado que el descenso en las cifras europeas es insuficiente, y ha reclamado mayor ambición en la implementación de la hoja de ruta de la Comisión Europea para la eliminación progresiva de la experimentación con animales en las evaluaciones de seguridad química. En ese contexto, los casos como el de Vivotecnia adquieren una dimensión que va más allá de la responsabilidad penal de sus directivos: señalan la necesidad urgente de reforzar los sistemas de inspección y control de estos centros.
El problema de las inspecciones
El debate sobre el control de los laboratorios en España no es nuevo, pero el caso Vivotecnia lo volvió ineludible. Si las imágenes de Carlota Saorsa pudieron grabarse durante 18 meses, la pregunta que flota en el aire es sencilla: ¿dónde estaban los inspectores?
La normativa europea y española exige que los centros de experimentación con animales cuenten con comités de ética, veterinarios responsables y supervisión administrativa. Sin embargo, activistas y organizaciones de protección animal han señalado sistemáticamente las deficiencias en la frecuencia y profundidad de las inspecciones. El propio investigador Lluís Montoliu, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), admitió públicamente en declaraciones recientes que el sector científico había hecho durante años «dejación de funciones» en cuanto a transparencia y comunicación con la sociedad.
El acuerdo de transparencia de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), creado en 2016, ha mejorado la divulgación de información: según su último informe, el 80% de las instituciones adheridas publica información sobre el uso de animales en sus páginas web. Sin embargo, este avance en transparencia comunicativa no implica una mayor supervisión efectiva de las condiciones reales en que viven y son tratados los animales dentro de esos centros.
Lo que demostró Vivotecnia es que la transparencia declarada y la realidad cotidiana pueden divergir radicalmente. Y que esa divergencia, sin inspecciones robustas e independientes, puede prolongarse durante años sin consecuencias.
Este juicio también es tuyo
En aquella primavera de 2021, miles de personas salieron a la calle en Tres Cantos, en la Puerta del Sol, ante la Fiscalía de Medio Ambiente y ante los juzgados de Colmenar Viejo. Lo hicieron porque unas imágenes grabadas en secreto les mostraron lo que ocurría detrás de las puertas de un laboratorio que nunca debería haber visto la luz pública de esa manera. Cinco años después, esas mismas personas, y muchas más, esperan que la justicia complete lo que ellas empezaron.
Tú puedes ser parte de ese mensaje. Comparte este artículo, habla de este juicio, exige que los medios lo cubran. Cada vez que el maltrato animal en un laboratorio deja de ser invisible, la presión para cambiar las cosas crece. Vivotecnia llegó a los tribunales porque no hubo silencio. Que tampoco lo haya ahora.
Si quieres que organizaciones como AnimaNaturalis puedan seguir llevando estos casos ante los tribunales, investigando lo que otros prefieren mantener oculto y dando voz a quienes no pueden hablar, considera hacerte socia o socio o realizar una donación. Tu apoyo sostenido es lo que hace posible este trabajo.
