Gales y Escocia prohíben las carreras de galgos y abren una brecha histórica en Europa

En menos de 24 horas, dos parlamentos del Reino Unido votaron para cerrar para siempre las pistas donde los galgos corren, caen y mueren. Lo que parecía impensable hace una década se convirtió en ley en Gales y Escocia durante la misma semana, enviando una señal inequívoca al resto del mundo: la crueldad no puede seguir llamándose tradición deportiva. España, donde las carreras de galgos siguen siendo legales, no puede ignorar lo que acaba de ocurrir al otro lado del Mar del Norte.

01 abril 2026
Wales, United Kingdom.

Los números son difíciles de rebatir. Según datos del Consejo de Galgos de Gran Bretaña, entre 2017 y 2024 murieron 1.357 galgos en las pistas de Inglaterra y Gales, y se registraron más de 35.000 lesiones. No son accidentes imprevistos: un estudio académico de 2018, dirigido por el investigador Andrew Knight, concluyó que las pistas ovaladas son intrínsecamente peligrosas, ya que imponen una carga física extrema sobre los animales y elevan de forma estructural el riesgo de lesiones graves.

Es decir, el problema no es la mala gestión de una pista concreta. Es el deporte en sí mismo. Esta es la paradoja que los parlamentos de Gales y Escocia han decidido afrontar con claridad legislativa: no se puede regular lo que es, por diseño, perjudicial para los animales que lo protagonizan.

"Las carreras de galgos son crueles de principio a fin", expresa Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España, haciéndose eco de las palabras que ya resuenan en el debate público británico y que deberían resonar también aquí.

En Escocia, la coalición Liberar a los Galgos, integrada entre otros por el grupo Hope Rescue, celebró la votación parlamentaria como un punto de inflexión histórico. La organización subrayó una ironía significativa: mientras la industria conmemoraba 100 años de carreras en el Reino Unido, dos de sus naciones decidían que esa tradición centenaria no merece un siglo más.

En Gales, la nueva legislación establece un periodo de transición entre 2027 y 2030 para que la industria cese su actividad de forma ordenada, con sistemas de adopción para los galgos retirados. La coalición Cut the Chase, formada por organizaciones como Blue Cross, Dogs Trust, Greyhound Rescue Wales y la RSPCA Cymru, fue contundente: "Durante demasiado tiempo, los perros han pagado el precio de esta forma de entretenimiento anticuada, con lesiones y muertes que son completamente evitables".

Europa no puede seguir tolerando esto

Lo que hace especialmente relevante esta prohibición no es solo lo que ocurre en el Reino Unido, sino el contexto global en el que se inscribe. Según la RSPCA, solo nueve países en el mundo permiten aún las carreras comerciales de galgos. Entre ellos, hasta hace días, figuraban las cuatro naciones del Reino Unido. Hoy ya son dos menos. La tendencia es clara, y España forma parte todavía de ese grupo cada vez más reducido y más cuestionado.

Las carreras de galgos en España no son un fenómeno marginal ni exclusivamente rural. Son una industria que instrumentaliza a animales sintientes para el entretenimiento y las apuestas, con consecuencias documentadas sobre su bienestar físico y psicológico. Los galgos utilizados en estas actividades son sometidos a un régimen de confinamiento, entrenamiento intensivo y exposición al riesgo de lesión grave que ningún marco ético contemporáneo puede justificar.

La explotación no termina en la pista. Comienza mucho antes, en las condiciones de cría y selección, y puede terminar de forma abrupta cuando el animal deja de ser rentable. Las organizaciones de rescate en España conocen bien este final: galgos abandonados, heridos o matados al término de la temporada de caza o de competición.

"Lo que ha ocurrido en Gales y Escocia demuestra que cuando la evidencia científica y la voluntad política se alinean, el cambio es posible. España tiene los datos, tiene la sociedad civil y tiene la responsabilidad de actuar", añade Gascón.

Lo que debemos aprender de esta prohibición

La prohibición aprobada en Gales y Escocia no surgió de la noche a la mañana. Fue el resultado de años de presión sostenida por parte de organizaciones animalistas, de estudios científicos acumulados y de una consulta pública que evidenció el cambio de valores en la sociedad. El modelo es replicable.

En España, el debate sobre el maltrato a los galgos lleva años presente en el activismo animalista, pero no ha alcanzado aún la dimensión legislativa que merece. La Ley de Bienestar Animal de 2023 supuso un avance en algunos ámbitos, pero no abordó de forma explícita y contundente la prohibición de las carreras de galgos como actividad comercial. La brecha entre lo que la ciencia recomienda, lo que la ciudadanía demanda y lo que la ley permite sigue siendo demasiado amplia.

Lo que ha ocurrido en el norte de Europa ofrece una hoja de ruta: legislar con base en evidencia, establecer periodos de transición razonables para la industria y garantizar sistemas de adopción para los individuos que han sido utilizados en estas actividades. No es una utopía. Es lo que Gales y Escocia acaban de hacer.

La League Against Cruel Sports ya ha pedido al Gobierno del Reino Unido que extienda la prohibición a Inglaterra. El mismo argumento vale para cualquier gobierno europeo que aún permita estas carreras: la coherencia entre los valores declarados de protección animal y las leyes vigentes no puede seguir siendo opcional.

El momento de actuar es ahora

En menos de 24 horas, dos parlamentos cambiaron la vida de miles de galgos. Esa velocidad no fue espontánea: fue el resultado acumulado de firmas, campañas, denuncias y presión ciudadana sostenida durante años. Cada acción cuenta. La tuya también.

Exige a tus representantes políticos que España se sume a los países que han prohibido las carreras de galgos como actividad comercial. Comparte esta información en tu entorno. Apoya a las organizaciones de rescate que trabajan cada día para sacar a los galgos del sistema de explotación. Y si estás pensando en ampliar tu familia, considera la adopción de uno de estos animales que, liberados del confinamiento y del riesgo, son compañeros extraordinarios.

Hace apenas unos días, en los parlamentos de Cardiff y Edimburgo, se escucharon los votos que cerraron las pistas. Ese sonido puede repetirse en Madrid. Depende también de lo que hagamos hoy. "Cada galgo que deja de correr en una pista es una victoria. Pero necesitamos que dejen de correr todos, y para eso necesitamos a más personas dispuestas a exigirlo", señala Gascón.

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