Un toro sale de un cajón oscuro y estrecho, jadeando de miedo, hacia una plaza iluminada por antorchas. Minutos después, dos bolas de fuego arden sobre su cabeza mientras corre, ciego de dolor, contra las tablas que delimitan su propia condena. Esta escena, repetida cientos de veces cada verano en el sur de Cataluña, convive con una legislación de bienestar animal que en la práctica no protege a este animal en concreto: la ley catalana que regula los "correbous" tiene, según denuncia AnimaNaturalis, vacíos que impiden sancionar a ayuntamientos y peñas taurinas aunque incumplan la normativa.
Nuestro equipo grabó estos festejos en Sant Jaume d'Enveja y L'Ampolla, dos localidades donde ya nos identifican y donde acercarse con una cámara implica un riesgo real. "Tanto en Sant Jaume d'Enveja como en L'Ampolla algunos de los toros se enredaron con la cuerda y sufrieron fuertes caídas y tirones", relata Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España, sobre lo que presenciamos esos días.
Según cifras recopiladas por la organización en años anteriores, las Terres de l'Ebre llegan a programar más de 450 actos con toros en una sola temporada, de los cuales alrededor de un centenar incluyen embolada de fuego. Son datos que, de acuerdo con fuentes de la campaña, pueden variar de un año a otro, pero que dibujan una tendencia clara: esta práctica no desaparece, se sostiene con presupuesto público. "Tenemos una ley llena de vacíos legales que imposibilita que ayuntamientos y peñas taurinas sean sancionadas aunque incumplan la normativa", sostiene Gascón. La paradoja es esta: existen normas de bienestar animal en España, pero un toro puede seguir ardiendo legalmente en una plaza de pueblo mientras esas mismas normas se citan como ejemplo de progreso.
Lo que la ciencia veterinaria dice sobre su dolor
Durante décadas, parte del sector taurino ha sostenido que estos animales no sufren como lo haría un ser humano, que su genética los prepara para resistir el dolor sin angustia. Los informes veterinarios más recientes desmienten esa idea con datos medibles, no con opiniones. Los marcadores sanguíneos de estrés en estos animales —adrenalina, noradrenalina y cortisol— se disparan durante el transporte, la inmovilización y la propia lidia, alcanzando niveles superiores a los registrados en la mayoría de situaciones de manejo ganadero habitual.
Informes técnicos veterinarios sobre el sufrimiento de toros en festejos populares documentan también elevaciones de creatín-kinasa y otras enzimas musculares, junto con alteraciones del pH sanguíneo compatibles con un estado de sufrimiento físico y psíquico sostenido, no solo con el esfuerzo del ejercicio. A esto se suma un dato que rara vez se menciona: muchos de estos animales son reutilizados en varias ediciones del festejo, por lo que el estrés de experiencias anteriores se acumula en cada nueva exposición al fuego y al ruido de la multitud.
"Nada extraordinario... arrastrar al animal, inmovilizarlo en un poste de madera, atornillar herrajes a sus cuernos, encender bolas de esparto empapadas de combustible en sus astas y divertirse mientras el animal corre desesperado por el fuego y el terror", describe Gascón sobre lo que ha presenciado personalmente en estos años de investigación de campo. La ciencia no necesita imaginar el sufrimiento: puede medirlo en cada muestra de sangre tomada después de que se apague la última bola de fuego.
Documentar para poder prohibir
La única vía real para acabar con los toros embolados pasa por dos frentes que AnimaNaturalis trabaja de forma simultánea: la prueba y la ley. En Cataluña ya se ha presentado en el Parlament una proposición de ley, impulsada por formaciones políticas favorables a la prohibición de las modalidades de "correbous" más agresivas, entre ellas la embolada. Para que estas iniciativas prosperen, la evidencia documental que aporta nuestro equipo —vídeo, fotografía, testimonio directo— resulta decisiva ante instituciones y opinión pública.
Cada grabación se convierte también en una denuncia administrativa cuando se detectan incumplimientos del propio reglamento taurino, como sucedió con la estructura de madera rota sobre uno de los animales o con el manejo negligente de las bolas de fuego que hemos documentado en ediciones anteriores. Es un trabajo lento, hecho pueblo a pueblo, pero que ya ha logrado que algunos ayuntamientos, como el de L'Ampolla en el pasado, redujeran el número de embolados frente a otras modalidades más económicas y menos violentas.
El cambio, cuando llega, no llega solo de una sentencia judicial. Llega también de miles de personas que ven por primera vez estas imágenes y ya no pueden mirar hacia otro lado. Esa es, en el fondo, la apuesta de toda nuestra investigación de campo: convertir lo invisible en insoportable de ignorar.
Tu apoyo sostiene cada viaje hasta esos pueblos
Si has llegado hasta aquí, ya has hecho algo que mucha gente evita: mirar de frente lo que le ocurre a un toro embolado. Puedes hacer un paso más. Puedes compartir este reportaje para que estas imágenes lleguen a quien todavía no las ha visto, y puedes firmar y difundir las campañas que exigen la prohibición efectiva de esta práctica en Cataluña.
Nuestro equipo seguirá viajando a otros pueblos en los próximos días, cámara en mano, para documentar otra tradición cruel con toros que todavía no podemos anunciar por motivos de seguridad. Ya tenemos más fechas confirmadas en el calendario, y estamos preparando una investigación aún más amplia de cara a 2027. Nada de esto es posible sin el sostén económico de quienes creen, como nosotros, que la prueba puede cambiar la ley.
"Cada vez que volvemos de un pueblo donde nos han señalado como enemigas, pienso en el toro que dejamos atrás, todavía con el olor a quemado, y sé que volveremos las veces que hagan falta"], afirma Gascón. Esa determinación es la misma que sostiene a un toro exhausto, todavía con las bolas de fuego consumiéndose sobre su cabeza, buscando una salida en la oscuridad de la plaza. La diferencia es que nosotros sí podemos elegir seguir ahí, con la cámara encendida, hasta que ese fuego se apague para siempre.















