Esta mañana, a las once en punto, la acera frente a la plaza más famosa de España se llenó de lápidas. No eran de mármol, pero llevaban nombres reales: los de los toros sacrificados durante la última temporada en los cosos del país. La imagen era tan solemne como perturbadora, y condensaba una contradicción que ningún presupuesto puede disimular: la Comunidad de Madrid destinará en 2026 un total de 7,2 millones de euros a Asuntos Taurinos —un 59,7% más que el ejercicio anterior— mientras tres de cada cuatro españoles rechazan las corridas de toros.
De esa cifra, 3,7 millones irán a obras de rehabilitación y modernización de Las Ventas, a lo que se suma un plan de reforma integral valorado en más de 40 millones de euros de cara al centenario del coso en 2031. A eso se añade que Telemadrid ha presupuestado 3,1 millones de euros para retransmisiones taurinas en 2025, un incremento del 113% respecto al año anterior. Y en los últimos meses, la Consejería de Medio Ambiente financió trabajos de mantenimiento en Las Ventas por valor de 439.522 euros para dejar el recinto a punto para la Feria de San Isidro.
"Madrid financia la muerte de miles de animales al año con dinero de todos y lo llama cultura. Hoy ponemos nombre a esos animales porque invisibilizarlos es la primera condición para que esto siga ocurriendo", declara Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España.
La maquinaria institucional no se detiene ahí. La Fundación Toro de Lidia recibe 1,7 millones de euros en subvenciones públicas, y la televisión autonómica abona cerca de 100.000 euros por festejo retransmitido durante San Isidro. El gasto crece. La afición, no.
Una afición en declive sostenida artificialmente por el erario público
Los datos del Ministerio de Cultura no dejan margen a la interpretación. Según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales, la asistencia a espectáculos taurinos ha caído un 18% en los últimos veinte años, pasando del 9,8% de la población en 2006 al 8% en 2025. Si se acota solo a las corridas con muerte del animal —corridas de toros, novillos y rejones—, el descenso en la última década alcanza el 15%, del 6,9% al 5,9%.
Sin embargo, el sector genera titulares de "éxito" temporada tras temporada gracias a lo que los analistas describen como una trampa estadística: la asistencia se desploma entre adultos y mayores —especialmente en el grupo de 65 a 74 años, con una caída de 1,8 puntos porcentuales—, pero crece entre jóvenes de 15 a 24 años, con un aumento de 3,8 puntos entre los adolescentes de 15 a 19 años. Ese repunte coincide exactamente con la inclusión de la tauromaquia en el Bono Cultural Joven, una ayuda directa del Gobierno central de 400 euros para jóvenes que cumplen 18 años.
La tauromaquia quedó inicialmente excluida de ese bono, diseñado para dinamizar el sector cultural tras la pandemia. La Fundación Toro de Lidia recurrió la exclusión ante el Tribunal Supremo, lo ganó y obligó al Ejecutivo a rectificar. A esa palanca nacional se suman las autonómicas: la gestora de Las Ventas ofrece a los menores de 25 años entradas al precio de abonado. El resultado, según AnimaNaturalis, es un sector que no crece por demanda espontánea, sino por una ingeniería de captación sostenida con dinero público, dirigida a la generación que, según todas las encuestas disponibles, es la que más rechaza la tauromaquia.
"Cada euro que se mete en esta plaza es un euro que no va a comedores sociales, a salud mental o a vivienda. Y lo hacen mientras el 77% de los españoles rechaza los toros. La operación es política, no cultural", añade Gascón.
El rechazo ciudadano tiene respaldo estadístico sólido. Una encuesta de Ipsos realizada en nombre de CAS International reveló que el 77% de los encuestados en España, Francia y Portugal considera que la tauromaquia inflige demasiado sufrimiento a los animales, y que el 58% apoya su prohibición. El estudio de la Fundación BBVA de 2025 apunta en la misma dirección: tres de cada cuatro españoles repudian las corridas de toros.
En el plano legislativo, la ILP #NoEsMiCultura recogió 715.606 firmas y obtuvo 664.777 avales certificados por la Junta Electoral Central. Llegó al Pleno del Congreso en octubre de 2025. El resultado fue de 169 votos en contra, 57 a favor y 118 abstenciones. La abstención del PSOE, que días antes había mostrado disposición a apoyar la iniciativa, impidió que la propuesta siguiera su tramitación parlamentaria. La derrota dejó intacta la Ley 18/2013, que blinda la tauromaquia como patrimonio cultural e impide que comunidades autónomas y ayuntamientos puedan prohibirla por su cuenta.
Cuando poner nombre a alguien es el acto más radical
Frente a ese muro institucional, AnimaNaturalis y CAS International han elegido hoy la vía más sencilla y más poderosa a la vez: la de nombrar. Porque cada toro que muere en una plaza tiene un nombre. Porque ese nombre existió antes del espectáculo, antes del cartel, antes del aplauso. Y porque la invisibilización de esos seres sintientes —reducidos a símbolo, a tradición, a producto— es precisamente el mecanismo que permite que la matanza continúe financiada con dinero de todos.
La acción de hoy no propone una alternativa de mercado ni un sustituto cultural. Propone algo más incómodo: que miremos lo que hay. Que veamos en cada lápida a un individuo, no a un recurso. Que entendamos que el debate sobre subvenciones, presupuestos y patrimonio tiene, en su base, un cuerpo que sufre y una muerte que nadie eligió por él.
Ponle cara a lo que tus impuestos financian
Este domingo, mientras las lápidas ocupaban la acera de Las Ventas, cada nombre grabado en ellas era también una pregunta sin respuesta oficial: ¿cuántos animales más tienen que morir antes de que el dinero público deje de pagar por ello?
Tú puedes contribuir a que esa pregunta tenga respuesta. Puedes compartir esta acción, explicar en tu entorno qué hay detrás del presupuesto taurino, exigir a tus representantes que dejen de financiar con fondos comunes un espectáculo que la mayoría rechaza. Y puedes respaldar el trabajo de quienes, domingo tras domingo, se plantan frente a las plazas para recordar lo que las instituciones prefieren no nombrar.
"Mientras el debate político se atasca, los animales siguen muriendo con nombre propio. Necesitamos que más personas se sumen a esta lucha, porque cada voz cuenta y cada acción importa", concluye Gascón.
Hazte socia o socio de AnimaNaturalis y forma parte de quienes ponen nombre a lo que otros prefieren callar. Porque hoy, frente a Las Ventas, cien lápidas recordaron lo que ningún presupuesto debería poder comprar: la vida de un ser que no tuvo elección.
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