Activistas protestan frente al Oceanogràfic para exigir que España deje de ser el delfinario más grande de Europa

Este domingo 10 de mayo, frente a la entrada del acuario más grande de Europa, un grupo de activistas de AnimaNaturalis, FAADA, Captain Paul Watson Foundation Spain, WeWhale, ARDA, Denia Animal Save y la activista Olivia Mandle se concentraron en Valencia bajo el lema internacional #EmptyTheTanks para exigir el fin del cautiverio de delfines, orcas y belugas. Al otro lado de esa fachada, decenas de individuos llevan años sin ver el mar.

10 mayo 2026
Valencia, España.
Activistas protestan frente al Oceanogràfic para exigir que España deje de ser el delfinario más grande de Europa

Esta mañana, mientras los visitantes hacían cola para acceder al Oceanogràfic de Valencia, otro grupo esperaba también frente a sus puertas: activistas de varias organizaciones que no venían a comprar una entrada, sino a recordar lo que hay dentro. Según datos aportados por la organización, el Oceanogràfic alberga actualmente cerca de una veintena de delfines mulares y cuatro belugas en sus instalaciones, en lo que sus propios promotores describen como el delfinario más grande de Europa, con capacidad para 1.500 espectadores y entre dos y cuatro espectáculos diarios.

El centro, integrado en la Ciutat de les Arts i les Ciències, lleva operando desde 2003. Durante más de veinte años ha construido su imagen sobre el argumento de la conservación y la divulgación científica. Pero fuera de esa narrativa institucional existe otra realidad: la de individuos altamente sociales, con dialectos propios y vínculos familiares intensos, confinados en tanques de entre 7 y 15 metros de profundidad cuando en el océano pueden sumergirse hasta 90 metros y recorrer cientos de kilómetros al día.

"Estamos frente al mayor delfinario de Europa para recordar que el tamaño del tanque no cambia la naturaleza de lo que ocurre dentro: un ser sintiente privado de libertad para el entretenimiento de otros", declara Brooke Spurling, coordinadora de AnimaNaturalis en Valencia.

España ocupa, según datos recogidos por organizaciones de protección animal, el primer puesto en Europa por número de cetáceos en cautiverio y se sitúa entre los diez países del mundo con más delfinarios. Con 85 delfines, seis orcas y cuatro belugas repartidos por diferentes centros, el país acumula una herencia que contrasta con la tendencia del continente: Reino Unido cerró su último delfinario en 1993, Finlandia en 2015, y países como Alemania, Noruega, Polonia o Suiza han seguido el mismo camino. Francia prohibió la reproducción de cetáceos en cautividad en 2017.

Una ley que prometía el cambio y blindó el negocio

En 2023, la Ley 7/2023 de Protección de los Derechos y el Bienestar de los Animales generó expectativa entre quienes llevan años denunciando las condiciones de los cetáceos en cautiverio en España. La promesa era que zoos y delfinarios deberían reconvertirse en espacios de protección e investigación. La realidad que quedó escrita en el BOE fue considerablemente más tibia: la ley prohíbe la captura de cetáceos, pero no sus exhibiciones, y una disposición transitoria —introducida a última hora, según denunciaron organizaciones animalistas— permite que los individuos que ya viven en cautiverio permanezcan en sus instalaciones hasta su fallecimiento y sigan siendo utilizados en espectáculos comerciales.

Organizaciones como la Fundación Franz Weber denunciaron la paradoja: en el mismo texto legal que aspiraba a proteger a los cetáceos se legalizaba su uso continuado en espectáculos. Una enmienda impulsada por los lobbies del sector garantizó que España siguiera siendo, en la práctica, el país europeo más permisivo con esta industria.

"La ley reconoce implícitamente que encerrar a estos animales es problemático, pero luego los deja atrapados de por vida en los mismos tanques. Eso no es protección: es perpetuar el daño con la firma del Estado", señala Spurling.

Los datos científicos sobre el impacto del cautiverio en los cetáceos son contundentes. En libertad, un delfín puede vivir entre 40 y 50 años; en cautividad, según datos históricos del movimiento Empty the Tanks, el promedio de esperanza de vida se reduce drásticamente. Los cetáceos son animales profundamente sociales que eligen a sus compañeros de forma voluntaria, desarrollan dialectos regionales distintos y mantienen lazos familiares estrechos que el confinamiento forzoso rompe. Según investigadores especializados, en cautividad se han registrado casos de hembras agrediendo a sus propias crías, un comportamiento que en el entorno natural raramente se produce, consecuencia directa del estrés que genera la privación de libertad.

Un movimiento global que crece mientras los tanques siguen llenos

#EmptyTheTanks nació en 2013 impulsado por Rachel Calvary para dar visibilidad a las matanzas de delfines en Taiji, Japón, documentadas en el filme The Cove. Con el tiempo amplió su alcance para abarcar también la denuncia del cautiverio en parques marinos y acuarios de todo el mundo. Desde entonces, el movimiento se celebra anualmente con concentraciones pacíficas en decenas de países: en 2017 ya sumaba más de 60 eventos simultáneos en ciudades de España, Argentina, México, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Japón y Francia, entre otros.

En la edición de este 2026, la protesta valenciana frente al Oceanogràfic se inserta en una red de acciones simultáneas a nivel global. En España, otras ciudades y localidades también se sumaron a la convocatoria, con concentraciones paralelas en lugares como Lanzarote, donde la organización WeWhale convocó por cuarto año consecutivo frente al Rancho Texas Park.

La activista Olivia Mandle, que el año pasado entregó más de 150.000 firmas en el Congreso de los Diputados para pedir la prohibición de los delfinarios bajo la campaña No es país para delfines, participó también en la convocatoria valenciana. Su presencia conecta la acción de hoy con una movilización ciudadana que lleva meses ganando tracción y que ha obligado al debate a salir de los márgenes del activismo para instalarse en el espacio parlamentario.

El momento de alzar la voz es ahora

Este domingo, frente a las puertas del Oceanogràfic, el mismo lugar donde familias enteras pagaron más de 40 euros por persona para ver saltar a un delfín en un tanque, un grupo de personas eligió quedarse fuera. No para boicotear un día de ocio ajeno, sino para recordar que detrás de cada acrobacia hay un individuo que no eligió estar allí, que nació con capacidad para recorrer océanos y que lleva años ejecutando trucos a cambio de sardinas en un recinto que el centro denomina, con llamativa ironía, Ágora del Mar.

La misma paradoja que define el cautiverio de estos animales en España —una ley de bienestar que ampara el espectáculo, un país que lidera los rankings de cetáceos encerrados mientras el resto de Europa los va cerrando— es la que hace urgente la movilización ciudadana.

"Mientras la legislación no avance, es la ciudadanía la que tiene que hacer que esta industria no sea socialmente aceptable. Cada persona que decide no comprar una entrada, cada persona que habla de esto, cuenta", concluye Spurling.

Tú puedes ser parte de ese cambio. Puedes informarte, compartir lo que ocurre dentro de esos tanques, exigir a tus representantes políticos que España abandone el último puesto de la lista europea en materia de protección de cetáceos. Y puedes respaldar el trabajo de quienes, como AnimaNaturalis, llevan años poniendo el cuerpo frente a esas puertas para que estos individuos dejen de ser, algún día, el espectáculo de alguien más. Hazte socia o socio y suma tu voz a la de quienes ya están aquí.

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