El domingo 5 de julio, horas antes de que sonara el primer chupinazo, un centenar de activistas se plantó frente al Ayuntamiento de Pamplona con un mensaje que golpeaba directamente el corazón simbólico de los Sanfermines: la tauromaquia es pecado. La consigna no era gratuita. Detrás de la Plaza de Toros de Pamplona —la tercera más grande del mundo, construida en 1922— no hay una empresa privada, sino la Casa de Misericordia, una fundación católica dedicada a la beneficencia que administra el coso y organiza los encierros de San Fermín, según datos históricos recogidos por la propia organización de las fiestas.
Ahí reside la paradoja que AnimaNaturalis y PETA vinieron a señalar: una institución nacida para socorrer a los más vulnerables financia su labor social con la muerte de animales en la plaza. "Es inaceptable que una institución de carácter religioso, fundada en la caridad cristiana, se lucre con el sufrimiento y la muerte de animales. El mandamiento No Matarás no incluye excepciones para el espectáculo", afirma Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España.
La denuncia tiene, además, respaldo histórico dentro de la propia Iglesia. En 1567, el papa Pío V promulgó la bula De salute gregis Domini, en la que prohibía las corridas de toros bajo pena de excomunión, calificándolas de espectáculos propios de demonios e incompatibles con la piedad cristiana. Felipe II frenó su aplicación en España y Gregorio XIII suavizó la prohibición para los laicos en 1585, pero la condena moral original sigue en pie como argumento histórico. "Da la impresión de que los valores cristianos que dicen seguir se pueden ignorar si se lucra lo suficiente", agrega Gascón.

El dinero público sigue fluyendo
Los números respaldan la urgencia del reclamo. Cada año, durante la Feria del Toro de San Fermín mueren 48 toros y 6 novillos en los festejos de tarde, de acuerdo con registros de la organización de los Sanfermines. A nivel nacional, el Anuario de Estadísticas Culturales del Ministerio de Cultura confirma que los festejos taurinos cayeron un 62% entre 2009 y 2023, pasando de 2.684 a solo 1.021 eventos anuales.
El respaldo ciudadano se desploma al mismo ritmo. Un estudio de la Fundación BBVA de 2025 concluyó que el 77% de los españoles exige el fin de las corridas, y que la valoración media de la tauromaquia cayó de 2.7 sobre 10 en 2008 a 1.8 sobre 10 en 2025. Una encuesta de Sigma Dos para El Mundo revela que el 78% de los ciudadanos no se consideran taurinos, y un 48% apoya eliminar su estatus de patrimonio cultural. Incluso en Pamplona, según una encuesta municipal de junio de 2025, el 71% de los vecinos reconoce no seguir habitualmente las corridas y el 68% no acude a verlas, un rechazo especialmente marcado entre mujeres y personas de 15 a 44 años.
La política, sin embargo, no ha acompañado ese giro social. El 7 de octubre de 2025, el Congreso rechazó tramitar la ILP #NoEsMiCultura —que había reunido 664.777 firmas validadas por la Junta Electoral Central, muy por encima del umbral legal de 500.000— con solo 57 diputados a favor, el voto en contra de PP y Vox, y la abstención del PSOE. "Que el Congreso haya rechazado en octubre de 2025 la ILP #NoEsMiCultura gracias a la abstención del PSOE y los votos de PP y Vox demuestra que la brecha entre la política y la sociedad no ha hecho más que crecer", sostiene Gascón.
Mientras tanto, el dinero público sigue sosteniendo el negocio. En Navarra, el Gobierno regional destinó en 2020 un total de 750.000 euros en ayudas al toro bravo, y el Ayuntamiento de Tafalla firmó un contrato de casi un millón de euros para organizar festejos taurinos entre 2022 y 2023. En abril de 2025, el Ayuntamiento de Tudela rechazó una moción para cesar esa financiación. El Ayuntamiento de Pamplona, por su parte, reserva 81.750 euros para actividades abiertas de las peñas, pero excluye explícitamente de esas ayudas los abonos taurinos.

Un San Fermín posible sin sangre
El propio dato municipal pamplonés ofrece una pista de por dónde puede avanzar el cambio: la mayoría de vecinos ya vive unas fiestas que no giran en torno al ruedo. Las peñas, la música, la gastronomía y la vida en la calle —actividades que el propio Ayuntamiento subvenciona al margen de los toros— demuestran que San Fermín puede sostenerse sin depender del espectáculo de la muerte.
El propio Parlamento de Asturias ha dado un paso en esa dirección al aprobar una proposición no de ley que declara las corridas como maltrato animal y exige al Gobierno central retirarles el blindaje de patrimonio cultural. Cataluña e Islas Baleares ya lo intentaron antes: el Tribunal Constitucional anuló sus normas amparándose en la Ley 18/2013, la misma que la ILP #NoEsMiCultura pretendía derogar. El debate, pese al revés en el Congreso, sigue abierto.
Redirigir el dinero público que hoy financia festejos taurinos —los 750.000 euros de Navarra, el contrato millonario de Tafalla— hacia programas sociales o hacia la propia labor asistencial que la Casa de Misericordia dice defender no es una utopía: es, simplemente, coherencia. "Es una paradoja que se sigan invirtiendo millones de euros de fondos públicos en un espectáculo que una inmensa mayoría de la ciudadanía no quiere y considera una crueldad", concluye Gascón.

Pide que se acabe esta contradicción
La brecha entre lo que Pamplona celebra y lo que Pamplona realmente piensa ya está medida: siete de cada diez vecinos no sigue las corridas. Tú puedes ayudar a que esa mayoría silenciosa se convierta en política pública. Comparte esta información, súmate a las campañas de AnimaNaturalis y exige a tu ayuntamiento y a tus representantes que dejen de financiar con dinero de todos un espectáculo que rechaza casi el 80% de la sociedad.
Frente al Ayuntamiento de Pamplona, el domingo 5 de julio, el mensaje quedó dicho con claridad: no hay caridad cristiana posible en la sangre del ruedo. "Es hora de dejar de malgastar el dinero de todos en una práctica en declive y escuchar el sentir de la sociedad", remató Gascón. Hazte socio o socia de AnimaNaturalis y ayúdanos a construir el San Fermín que la mayoría ya quiere: uno sin sufrimiento animal.
