Corren por la mañana y mueren esa misma tarde en San Fermín

El 8 de julio, un equipo de investigación de AnimaNaturalis y CAS International documentó la segunda tarde de corridas en la Plaza de Toros de Pamplona, donde los seis toros de la ganadería gaditana Cebada Gago que esa mañana esquivaron a la multitud fueron matados a estoque pocas horas después.

13 julio 2026
Pamplona, España.

En los corrales de Santo Domingo, minutos antes de que el reloj de la iglesia de San Cernin marcara las ocho de la mañana del 8 de julio, seis toros de la ganadería de Herederos de José Cebada Gago esperaban junto a los cabestros el cohete que abre el segundo encierro de San Fermín 2026. Ninguno de esos seis animales —Manijero, Branador, Cepillito, Filósofo, Pintado y Palillero— volvería a ver un amanecer.

El equipo de investigación presenció esa mañana y esa tarde el ciclo completo: la carrera que la ciudad celebra como gesta y la muerte que las retransmisiones prefieren no mostrar en detalle. Esos toros merecen ser recordados como individuos y no sólo como una estampida. Palillero, con el número 13 encarnado en su lomo; Filósofo, número 64 y cárdeno claro; Branador, número 66, negro bragado meano; Pintado, número 70, negro mulato chorreado bragado corrido axiblanco; y Cepillito, número 78, negro, corrieron delante de la multitud durante apenas dos minutos y veinte segundos. Horas después, cinco de ellos fueron lidiados y matados a estoque en la misma plaza.

El sexto puesto de la tarde no lo ocupó ningún toro de los que habían corrido esa mañana. Uno de ellos llegó a los corrales de la plaza en condiciones que le impedían salir a lidiarse; pudo tratarse de una lesión, una caída o una fractura, percances habituales tras la carrera. En su lugar salió Manijero, uno de los toros de reserva que la organización mantiene siempre disponibles para sustituciones de última hora. También él murió esa tarde.

Dos minutos de carrera, ocho horas de sentencia

La velocidad de la carrera no evitó el sufrimiento humano: un corredor guipuzcoano de 23 años sufrió una cornada en el tramo de Telefónica, y otras dos personas fueron atendidas por una contusión en la pierna y una hemorragia tras una caída, según los partes médicos recogidos por la policía. Con esta carrera, la ganadería suma ya 64 cogidas en la historia de los encierros, la cifra más alta entre todas las que participan en la feria. Ni siquiera una lesión grave sirve de indulto: el toro que no llega en condiciones a la plaza no se libra de la muerte, simplemente la aplaza en otro animal de reserva que ocupa su puesto esa misma tarde.

"Cada mañana vendemos la épica de la carrera y escondemos la tarde en la que termina", denuncia Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España. Esa misma tarde, en la plaza, cada uno de los seis toros afrontó el mismo guion: la pica que desgarra el morrillo, las banderillas clavadas en el lomo mientras el animal, ya exhausto, intenta zafarse, y la estocada final que no siempre acierta al primer intento. No hubo nada extraordinario en esa muerte: fue una corrida ordinaria, como todas las demás.

Lo que la cámara suele evitar

Desde el tendido, la primera pica ya deja al animal jadeando: el peto del caballo empuja contra el morrillo y el toro embiste una y otra vez contra el hierro, perdiendo con cada acometida la fuerza del cuello que necesitará para sostener la cabeza el resto de la tarde. La sangre empieza a manar entonces, oscura y espesa, y se extiende por el lomo mientras el animal sigue de pie, obligado a moverse para el espectáculo.

En el tercio de banderillas, dos o tres pares más se clavan cerca de la primera herida, y el toro, con la respiración cada vez más entrecortada, busca aire con la boca abierta y la lengua fuera mientras pierde el paso. El tercio final tampoco es limpio siempre: si la espada no atraviesa bien el pulmón, hace falta una segunda estocada o un descabello con puntilla —un golpe que secciona la médula— para rematar al animal ya en el suelo, sin fuerzas, antes de que las mulillas lo arrastren fuera del ruedo.

La escena se repite ocho tardes por feria, pero conecta cada vez con menos gente. Solo el 8% de la población española acudió a algún espectáculo taurino en el último año, según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales que publica el Ministerio de Cultura. Siete de cada diez personas rechazan como inaceptable el uso de animales en las corridas, de acuerdo con estudios recientes.

La distancia entre la fiesta y la calle también aparece en otras encuestas: un 78% de los españoles no se declara taurino, según una encuesta de Sigma Dos para El Mundo, y ese rechazo crece entre las mujeres y las personas menores de 30 años. Pese a ello, la Iniciativa Legislativa Popular "No es mi cultura", que reunió más de 715.000 firmas para retirar a la tauromaquia su estatuto de patrimonio cultural, fue rechazada el pasado octubre en el Congreso de los Diputados.

La Misericordia que cobra entrada

La plaza donde murieron esos seis toros no la gestiona el Ayuntamiento, sino la Casa de Misericordia, una institución benéfica centenaria cuyo propio nombre remite a la compasión. Sus beneficios, generados por una Feria del Toro con un presupuesto cercano a los 4,9 millones de euros este año, se destinan a la atención residencial de personas mayores en situación de vulnerabilidad. El alcalde de Pamplona, Joseba Asirón, preside además el patronato de esa misma institución.

"Ningún negocio que rechaza el 78% de la sociedad debería sostenerse con dinero público ni presentarse como caridad", añade Gascón. A la contradicción se suma el respaldo económico al sector: según denuncias de asociaciones veterinarias como AVATMA, ganaderías de la cabaña brava —entre ellas apellidos vinculados a las grandes dehesas del toro de lidia, como Cebada Gago— se benefician de las ayudas europeas de la Política Agraria Común, un fondo pensado para sostener la actividad agrícola del territorio, no la muerte de animales en un ruedo.

La buena noticia es que la alternativa no es hipotética. Varios municipios españoles ya han sustituido los festejos con sufrimiento animal por celebraciones populares sin toros de lidia, sin perder ni la fiesta ni la identidad local. Las 715.000 firmas de "No es mi cultura" demuestran que existe una base social amplia dispuesta a exigir el fin del estatuto de patrimonio cultural que blinda la tauromaquia frente a cualquier regulación de bienestar animal.

El propio Parlamento Europeo debate en paralelo si el toro de lidia debe seguir recibiendo fondos agrícolas comunitarios, y la presión ciudadana en esa discusión ya obliga a las instituciones a justificar públicamente cada euro. Cada firma, cada denuncia y cada campaña de comunicación acercan el momento en que San Fermín pueda celebrarse sin que ningún animal tenga que morir para sostenerlo.

El dinero que sí puede cambiar de bando

AnimaNaturalis y CAS International trabajan para que ese dinero público y esas ayudas agrarias se reorienten hacia programas de bienestar animal, educación en tenencia responsable y desarrollo rural que no dependa de la muerte de un animal en una plaza. La experiencia de otras comunidades autónomas, donde algunos ayuntamientos han retirado subvenciones a festejos taurinos sin que la fiesta popular desaparezca, demuestra que la transición es posible sin coste social.

El objetivo no es solo Pamplona: es el conjunto de un sistema de subvenciones —estatales, autonómicas y europeas— que hoy blinda una actividad rechazada por la mayoría de la sociedad que la financia con sus impuestos. Tú también puedes ayudarnos a saber cuánto dinero público se dedica a la tauromaquia: escribe a tu ayuntamiento para preguntar si destina fondos públicos a festejos taurinos y exigir que esa partida se redirija a programas de bienestar animal. Cada mensaje individual se convierte, sumado a miles de otros, es la única manera de hacer presión real.

Hoy es la última corrida de toros del año en Pamplona, y ninguno de los seis toros que corrieron esta mañana seguirá con vida cuando el sol se ponga. "Cada firma, cada euro donado, acerca el día en que Pamplona reciba vivos a los toros del encierro y los despida vivos también" , sostiene Gascón. Hazte socia o socio de AnimaNaturalis, o realiza una donación puntual, para financiar la investigación de campo, las campañas legislativas y la presión social que necesita este cambio. La próxima carrera puede terminar de otra manera.