Caza de focas en témpanos flotantes

Boicot. Activistas de EE.UU. quieren detener la matanza

La controvertida matanza de focas con fines comerciales en Canadá se extendió desde el 12 de este mes a los témpanos flotantes en el sur de la península del Labrador, ante el rechazo de activistas en favor de los derechos de los animales.

En en el golfo de San Lorenzo, al sudeste de Canadá, al comienzo de la temporada de caza comercial se prevé obtener unas 319 mil focas arpa (Phoca groenlandica), así llamadas por la forma de una gran mancha negra sobre la blanca piel de los adultos.

El 12 de este mes, los cazadores se desplazaron hacia hielos flotantes, unos 100 kilómetros mar adentro, donde no actuaban desde comienzos de los años 80 debido a la distancia y el peligro.

Crueldad inaudita

Se llevan a cabo "crueldades inimaginables, con focas heridas que se ahogan en su propia sangre o son despellejadas vivas", destacó Rebecca Aldworth, de la Sociedad Humana de Estados Unidos (USHS son sus siglas en inglés), que impulsa un boicot de toda la producción pesquera canadiense.

"Es la mayor matanza de animales marinos en el mundo", aseguró a Tierramérica la activista, quien presenció la caza este año y en seis anteriores.

Las víctimas de la cacería son ejemplares destetados de 12 a 90 días de edad, que permanecen en las superficies heladas cercanas a su lugar de nacimiento hasta que son capaces de comenzar a buscar alimento por sí mismos bajo las aguas.

Los cazadores van en busca de sus pieles, que poseen una capa impermeable de pelo corto.

El gobierno canadiense considera que se trata de la legítima explotación comercial de un recurso natural relativamente abundante. En 2002, calculó que había en su territorio unos cinco millones de focas arpa, y autorizó para los siguientes tres años la caza de unas 950 mil.

Derechos de los animales

Ransom Myers, biólogo de la Universidad de Dalhousie, piensa que la actual caza es sustentable, y que no es un problema de conservación, sino de derechos de los animales.

A fines de los años 70, la difusión internacional de imágenes de crías apaleadas hasta morir llevó al colapso el mercado de pieles de foca, pero en aquel momento la población de focas arpa había caído bruscamente a menos de dos millones.

Activistas como Aldworth ponen en duda la sustentabilidad de la caza, pero sobre todo la rechazan por considerarla extremadamente cruel.

Los palos empleados para matar a las pequeñas focas, llamados hakapiks, tienen una púa en el extremo con que se golpea a los animales en la cabeza, cuando no se les dispara desde botes.

En 2002, la Asociación Médica Veterinaria de Canadá investigó el uso de hakapiks y concluyó que, pese a las apariencias, eran una herramienta eficaz y tan piadosa como los métodos de mataderos comerciales, si se manejaban correctamente.

Sin embargo, Aldworth arguyó que la utilización correcta de los hakapiks es difícil sobre el hielo, y con mal tiempo. "También es difícil acertar a las crías cuando se les dispara desde un bote, y muchas yacen heridas y en agonía durante horas", afirmó.

El IFAW, que documenta la matanza de focas desde hace tres décadas, sostiene que pocos cazadores se molestan en averiguar si las crías están muertas antes de despellejarlas. En ocasiones, un solo cazador golpea y junta hasta ocho crías heridas y va arrancándoles la piel por turnos, por lo que el coro de gritos y lamentos es indescriptible.

El autor es colaborador de Tierramérica.

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