Con motivo de que la Asociación Mexicana por los Derechos de los Animales y México Antitaurino (Amedea/ Mant) iniciaron en noviembre de 2008 un trabajo coordinado con Humane Society International (HSI) para conocer los alcances del apoyo gubernamental a las corridas de toros, además de corroborarse que cuando las autoridades utilizan los recursos del pueblo para promover espectáculos cruentos inciden negativamente en los campos de la ética, la sicología, el ambiente, la salud y la violencia social, se ha podido saber con certeza que la inmensa mayoría de los mexicanos desea un mejor uso de sus impuestos.
El contexto normativo de nuestro país muestra el reconocimiento legislativo a la importancia de promover un trato ético para los animales no humanos, por bien de éstos, pero también en beneficio de nuestra especie. No obstante, sin haber una sola expresión que lo justifique en las exposiciones de motivos, nuestras leyes dejan sin sanción a espectáculos crueles como las corridas, novilladas e, incluso, las becerradas. En 1871, siendo presidente don Benito Juárez, el Código Penal sancionaba todo tipo de crueldad a los animales y no existía tal inconsistencia, pues no se hacían esas excepciones que hoy en día obedecen a la prevalencia de intereses de grupo sobre el bien común. Analicemos lo siguiente:
1. Hace unos años, el gobierno de Aguascalientes envió a varios de sus burócratas, desde luego, con cargo al erario municipal, a “capacitarse” en tauromaquia a España.
2. Meses atrás, la Secretaría de Educación Pública (federal), conjuntamente con el gobierno del estado de Aguascalientes, creó y mantiene con dinero público a una secundaria taurina, es decir, una escuela en la que se enseña a preadolescentes y adolescentes a torturar y matar crías de bovinos.
3. Se han publicado en la Gaceta de la UNAM algunos anuncios de clases de tauromaquia en nuestra máxima casa de estudios.
4. Es frecuente el apoyo por parte de ayuntamientos diversos a la tauromaquia, incluyéndose la participación de niños toreros.
5. El canal del IPN mantiene al aire un programa de tv que hace apología de la crueldad a los animales (incluido el fenómeno de los niños toreros, que ni en España se permite). Tal emisión, en varios sentidos, viola los derechos del televidente.
Estos ejemplos sobre la forma en que suelen aplicarse los recursos de los contribuyentes muestran un pobre sentido del servicio público, frente a un escenario no atendido de declaraciones y convenciones internacionales sobre los derechos del niño, así como de legislación administrativa y penal mexicana que tutela potestades esenciales de los menores de edad para evitar su corrupción o deformación sicológica; pero, además, se incumple con los principios rectores de la normatividad ambiental y protectora de animales y se ignoran los estudios criminológicos que vinculan al maltrato animal con el desarrollo de personalidades criminales.
De especial trascendencia resultan las recientes recomendaciones y medidas cautelares sobre derechos de los niños y la tauromaquia, emitidas por los ombudsman de Yucatán y Chiapas, al igual que la reciente encuesta encargada a Parametría por parte de HSI y Amedea/ Mant para conocer lo que piensa la sociedad sobre el uso de recursos públicos en favor de la tauromaquia. Es clara la voluntad ciudadana.
Hoy en día, casi 90% de los mexicanos considera incorrecto que el gobierno utilice sus impuestos para apoyar corridas de toros o para crear y mantener escuelas taurinas; más de 80% está en desacuerdo con que las autoridades permitan y promuevan la participación de niños toreros; y (atención Once TV) 86% considera incorrecto que el gobierno utilice medios públicos para promover corridas de toros.
Esta encuesta, que tiene un margen de error de +/- 2.8 %, muestra coincidencia entre el sentir ciudadano y el razonamiento jurídico de las comisiones de Derechos Humanos antes referidas, siendo consistente además con los estudios éticos y sicológicos de expertos que estiman nocivo para una sociedad el fomentar la crueldad hacia los animales. Por otra parte, no debemos olvidar el deterioro ambiental ocasionado por los cambios de uso de suelo para la crianza de ganado. El metano producido por las reses que irán a parar a una plaza para su tortura y muerte “artística” es uno de los más importantes generadores del calentamiento global.
Cabe preguntar a nuestros gobernantes si reaccionarán ante este escenario o permanecerán silenciosos, dejando que los intereses de grupo sigan poco a poco mermando nuestro patrimonio ambiental, deformando el desarrollo sicológico y emocional de los niños y jóvenes e ignorando la voluntad de una abrumadora mayoría de mexicanos, que desea una mucho más consciente aplicación de sus recursos. Reflexionemos sobre nuestros valores. Ninguna escala seria antepone la estética sobre la ética (eso en caso de atribuir algún valor estético a la destrucción lenta y dolorosa de seres sintientes); menos aún se justifica que el Estado subvencione violencia, procurando masacres como espectáculo.
La vulnerabilidad en la que nuestra especie ha colocado al planeta por ambición y egoísmo reclama un urgente replanteamiento en modelos de desarrollo y consumo. Necesitamos ser de verdad sustentables y compasivos, por ética y por supervivencia. La indiferencia ante el sufrimiento ya no es sostenible. El egoísmo no sólo ha contaminado a la Tierra, también lo ha hecho con la mente de algunos; ha generado humanos incapaces de ponerse en el lugar de los demás, otorgando mayor valor a sus gustos sangrientos que a la vida o a la salud del planeta. Corresponde al Estado poner los límites.
Leonardo Boff ha dicho que el opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia. Los ciudadanos nos estamos expresando y proponiendo con bases sólidas, necesitamos de servidores públicos comprometidos y éticos que escuchen y actúen.
Presidente y fundador de Amedea
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