Barcelona olvida cada San Joan que compartimos la ciudad con golondrinas, vencejos, perros, gatos y personas con especial sensibilidad a los petardos

Este domingo, mientras Barcelona se preparaba para la verbena del solsticio, una treintena de activistas se concentraba en la Plaça Sant Jaume con carteles que decían "Menos ruido, más empatía" y "Queremos un Sant Joan sin pirotecnia". Los convocó AnimaNaturalis. El mensaje iba dirigido al Ayuntamiento de Barcelona, que tiene competencia normativa para regular el uso de la pirotecnia y que, año tras año, delega esa decisión en la explosión colectiva. Quienes no eligieron participar en la fiesta —y que tampoco tienen forma de marcharse— pagan el precio más alto.

22 junio 2026
Barcelona, España.
Barcelona olvida cada San Joan que compartimos la ciudad con golondrinas, vencejos, perros, gatos y personas con especial sensibilidad a los petardos

Los petardos y cohetes utilizados en Sant Joan pueden superar los 150 decibelios. Esa cifra triplica con creces el umbral de 90 decibelios a partir del cual el ruido puede causar daño auditivo permanente. Para los animales de compañía, la detonación no es una señal festiva: es una señal de peligro. Los refugios y protectoras de Barcelona registran cada año un aumento de ingresos de animales perdidos o heridos en los días posteriores a Sant Joan, según denuncia la organización.

El impacto sobre la fauna silvestre urbana añade una dimensión que rara vez aparece en el debate público. La noche del 23 de junio coincide exactamente con el período de cría de algunas de las especies de aves protegidas más características de Barcelona. El vencejo común, el vencejo pálido, el vencejo real, la golondrina común y el avión común —todas ellas protegidas— están en plena fase reproductora en junio, criando en las fachadas, aleros y grietas de los edificios de la ciudad. Las grajillas, cuyas crías salen normalmente en junio y vuelan de finales de junio a mediados de julio, también se encuentran en ese momento en situación de máxima vulnerabilidad.

Las detonaciones en ese contexto no son solo un susto. Las aves juveniles, que están aprendiendo a volar, son las más afectadas por la pirotecnia; el aturdimiento puede ser tan grave que en algunos casos causa la muerte por colapso.  Investigaciones documentadas muestran que cuando se usan fuegos artificiales es habitual que la ciudadanía rescate aves aturdidas que no logran recuperarse por sí solas.

"Para los animales, los ruidos fuertes son señales de peligro y estrés. Pero no son los únicos que sufren: también lo hacen los menores con autismo, los ancianos con alzhéimer, los pacientes terminales y las personas con agorafobia", declara Patricia García, portavoz de AnimaNaturalis en Barcelona. "Ninguna fiesta debería ensuciarse con el sufrimiento de nadie. El uso de la pirotecnia tradicional supone un auténtico calvario para muchos animales y personas. Ha llegado el momento de hacer cambios en nuestras tradiciones".

La paradoja de una ciudad que protege sus nidos y luego los bombardea

El propio Ayuntamiento de Barcelona dispone de un procedimiento específico para la conservación de la fauna protegida y exige a cualquier promotor de obras que garantice que sus actuaciones no tienen impacto sobre las especies protegidas ni sobre sus lugares de nidificación. La normativa que obliga a preservar los nidos de vencejos y golondrinas —recogida en el Decreto legislativo 2/2008, el Decreto 172/2022 y la Ley 42/2007— no hace excepciones por motivos festivos. Y sin embargo, cada 23 de junio, las mismas fachadas donde esos nidos están protegidos por ley quedan expuestas durante horas a detonaciones de hasta 150 decibelios.

La contradicción es normativa, no solo moral. Causar daños o molestias a estas especies protegidas puede constituir un delito penal o una sanción administrativa según la legislación vigente. Ese marco legal no se activa durante Sant Joan. La pirotecnia incontrolada en calles y playas barcelonesas —que no requiere autorización individual— genera exactamente el tipo de perturbación que la ley prohíbe en cualquier otro contexto.

A escala institucional, el debate empieza a moverse, aunque despacio. La Associació de Comerciants de Focs Artificials d'Espanya (ACFAE) impulsa desde 2023 un plan estratégico sectorial para apostar por una pirotecnia más sostenible e inclusiva, con artefactos más visuales y menos potentes. En esa línea, ACFAE y la empresa CIALFIR han entregado 100 kits de apoyo sensorial a la Fundación AMPANS, dirigidos a personas con hipersensibilidad sensorial. Son pasos, pero no sustituyen una regulación municipal efectiva.

"El sector pirotécnico ya reconoce que debe evolucionar. Lo que no puede ser es que el Ayuntamiento se quede atrás mientras otras ciudades y el propio sector se mueven hacia soluciones menos dañinas", señala García.

Lo que otras ciudades ya hicieron y Barcelona todavía no

El argumento de que regular la pirotecnia es técnicamente imposible o culturalmente inaceptable choca con precedentes concretos y cercanos. El Ayuntamiento de Alcobendas (Madrid) contrató fuegos artificiales de bajo nivel acústico en sus fiestas de San Isidro, sustituyendo el estruendo por efectos de luz para proteger a vecinos con hipersensibilidad, a los animales de compañía y a la fauna silvestre. En Granada, los vecinos de Cijuela votaron en consulta popular a favor de un espectáculo pirotécnico silencioso para 2025. En Toledo, Izquierda Unida solicitó formalmente en julio de 2025 la creación de espacios sin ruido en todos los programas de fiestas patronales.

A nivel internacional, el municipio italiano de Collecchio fue pionero al aprobar una ordenanza que obliga a que todos los fuegos artificiales sean silenciosos en sus celebraciones de fin de año. La tecnología existe: espectáculos de drones, luz láser y pirotecnia de bajo impacto acústico ofrecen un resultado visual equiparable sin el componente sonoro que provoca el daño. Según datos del sector pirotécnico, la venta de petardos y fuegos artificiales genera en Catalunya unos 40 millones de euros anuales, de los cuales cerca de 15 millones corresponden a Sant Joan, lo que indica que el mercado tiene tamaño suficiente para absorber una transición ordenada.

AnimaNaturalis exige al Ayuntamiento de Barcelona cuatro medidas concretas: regular el uso de pirotecnia con ruido durante Sant Joan, establecer zonas libres de detonaciones, promover alternativas de bajo impacto acústico y reforzar la vigilancia del cumplimiento de la normativa acústica vigente. No se trata de prohibir la fiesta. Se trata de que la fiesta deje de imponerse sobre quienes no han podido decidir si participan.

Una ciudad entera podría celebrar sin que nadie pague el precio

Puedes sumarte a la campaña ahora. AnimaNaturalis mantiene abierta una recogida de firmas en animanaturalis.org/SinPirotecnia para pedir la transición hacia una pirotecnia sin ruido en municipios de toda España. Firma, comparte y escribe a los responsables del Ayuntamiento de Barcelona para exigir que la próxima verbena de Sant Joan sea la primera que no deje víctimas entre quienes no eligieron la fiesta.

Si quieres ir más allá del gesto puntual, hazte socia o socio de AnimaNaturalis y contribuye a sostener la campaña durante todo el año, no solo la noche del solsticio.

"Sant Joan puede ser una fiesta de luz, fuego y comunidad sin que nadie salga herido. Solo falta que el Ayuntamiento tome la decisión", concluye García.

Este domingo en la Plaça Sant Jaume, los carteles decían "Menos ruido, más empatía". En los aleros de los edificios de Barcelona, mientras la verbena se preparaba, los vencejos seguían en sus nidos. Ignoraban que la noche que se acercaba no iba a distinguir entre quienes celebran y quienes simplemente viven aquí.

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