Cada año, millones de animales silvestres son capturados y matados en trampas para satisfacer la demanda de la industria peletera. A pesar de que más de 100 países han prohibido o restringido severamente el uso de las trampas de cepo de acero, esta práctica continúa causando un sufrimiento extremo a coyotes, zorros, linces, castores, mapaches y otras especies en países como Estados Unidos, Canadá y Rusia. Aunque representa aproximadamente el 5% del comercio global de pieles, el trampeo de animales silvestres plantea serias interrogantes sobre el bienestar animal y la efectividad de las regulaciones internacionales diseñadas para minimizar el sufrimiento.
Una práctica ancestral con consecuencias modernas
El trampeo de animales tiene raíces que se remontan al siglo XVI en América del Norte, cuando los pueblos indígenas comerciaban pieles con compañías como la Hudson Bay Company y la North West Company. Lo que comenzó como una actividad de subsistencia y supervivencia se transformó en una industria comercial que, tras la fusión de estas compañías en 1821 y el descenso en el valor de las pieles frente a la seda, obligó a las comunidades indígenas a buscar fuentes alternativas de ingresos.
Actualmente se estima que cerca de 50,000 canadienses, incluyendo 5,000 personas indígenas, participan en actividades de trampeo en todo el país, en comparación con aproximadamente 3 millones de pescadores deportivos y 1.3 millones de cazadores a nivel nacional. En Estados Unidos, Canadá y Rusia se concentra la mayor parte del trampeo mundial de animales silvestres destinados al comercio de pieles.
Entre las especies más comúnmente atrapadas se encuentran castores, ratas almizcleras, zorros, coyotes, linces, mapaches, martas, nutrias y visones. El castor es la especie más popular para atrapar, seguido por la rata almizclera, según datos de organismos reguladores de la industria.
Métodos de captura y su impacto en el bienestar animal
Las trampas utilizadas en el trampeo se clasifican en dos categorías principales: trampas de contención y trampas letales.
Trampas de contención
Las trampas de cepo están diseñadas para sujetar al animal por una extremidad. Cuando un animal pisa el resorte de una trampa de cepo de acero, las mandíbulas se cierran violentamente sobre su pata o pierna. El animal lucha frenéticamente mientras la trampa corta su carne, frecuentemente hasta el hueso, mutilando la extremidad atrapada. Algunos animales, especialmente madres desesperadas por volver con sus crías, intentan masticar o retorcer su extremidad atrapada para liberarse. Esta lucha puede durar horas hasta que el animal sucumbe al agotamiento, la exposición a los elementos, la hipotermia, el shock o la muerte.
Las trampas de jaula permiten que un animal entre por un lado, pero una vez dentro, es incapaz de escapar. Existen diferentes diseños y tamaños dependiendo de la especie objetivo.
Los lazos de alambre utilizan un aro de alambre, alambre trenzado o cable de alambre diseñado para cerrarse alrededor del cuello, torso, pata o pierna de un animal. A nivel federal en Canadá, estos dispositivos no se clasifican como trampas letales, dejando su clasificación a los gobiernos provinciales y territoriales.
Trampas letales
Las trampas de mandíbula rotatorio (también conocidas como trampas Conibear) están diseñadas para matar a un animal mediante dos mandíbulas rotatorias que se cierran alrededor de su cuerpo con fuerza, aplastando efectivamente sus órganos y huesos. Aproximadamente el 95% de los animales atrapados para el comercio de pieles son capturados en sistemas de trampas letales, según el Fur Institute of Canada.
Los sistemas de atrapamiento por sumersión mantienen al animal bajo el agua hasta que muere. Las víctimas de trampas colocadas en el agua, incluyendo castores y ratas almizcleras, pueden tardar más de nueve minutos agonizantes en ahogarse.
El sufrimiento de los animales atrapados
La evidencia científica documenta el intenso sufrimiento que experimentan los animales capturados en trampas. Los estudios sobre bienestar animal han desarrollado modelos de evaluación como el modelo de Sharp y Saunders y el Modelo de los Cinco Dominios para cuantificar los impactos del trampeo en el bienestar de los mamíferos.
El estado de bienestar de un animal surge de la suma de sus experiencias mentales, que pueden incluir dolor, dificultad para respirar, sed o miedo, entre muchas otras, según investigaciones publicadas en revistas especializadas en bienestar animal. Los animales atrapados pueden experimentar dolor severo, lesiones traumáticas, estrés fisiológico extremo, ansiedad, miedo intenso y sufrimiento prolongado.
Si los animales atrapados no mueren por pérdida de sangre, infección o gangrena, pueden ser asesinados por depredadores. Los animales que permanecen vivos hasta que llega el trampero son frecuentemente ejecutados mediante métodos como ahogamiento, asfixia, golpes o aplastamiento del pecho con un pie o rodilla para preservar la calidad de la piel.
Las investigaciones científicas han documentado lesiones severas asociadas al trampeo, incluyendo fracturas óseas, cortes de tendones y ligamentos, daño extenso en dientes y mandíbulas por morder las trampas, amputaciones autoinfligidas (conocidas como wring-off), y daños por aplastamiento de órganos internos. Los animales también pueden sufrir deshidratación, inanición, congelamiento y estrés psicológico extremo mientras permanecen atrapados.
Víctimas no objetivo: animales de compañía y especies protegidas
Un aspecto particularmente preocupante del trampeo es su naturaleza indiscriminada. Las trampas capturan al primer animal que pisa sobre ellas, lo que resulta en la captura accidental de innumerables animales de compañía, aves, venados y otras especies, incluyendo especies amenazadas y en peligro de extinción.
Los tramperos llaman a estos animales trash kills (muertes basura) porque no tienen valor económico. En una carta al Congreso de Estados Unidos, el Dr. Collin Wolf, veterinario de Nuevo México, escribió: "Estos dispositivos que aplastan huesos son inherentemente indiscriminados e inhumanos", y señaló que en su estado natal "ha habido un número exasperantemente grande de informes de lesiones relacionadas con trampas en animales no objetivo, incluyendo gatos, perros y humanos".
Los usuarios de lazos en el Reino Unido aceptan que más del 40% de los animales capturados en algunos ambientes serán animales no objetivo, aunque las capturas no objetivo varían entre el 21% y el 69% dependiendo del entorno. En Estados Unidos, las capturas no objetivo reportadas por usuarios de lazos en Michigan fueron del 17% en promedio.
Perros y gatos domésticos resultan frecuentemente atrapados, sufriendo lesiones tan graves que en muchos casos requieren la amputación del miembro atrapado. En un caso documentado en Carolina del Sur, una perra llamada Delilah sufrió durante al menos cinco días después de que una trampa se cerró sobre su pata, y sus rescatadores lucharon para atraparla y ayudarla. Una vez capturada finalmente, su pata tuvo que ser reconstruida. En otro incidente en Pittsburg, veterinarios amputaron la pata de una perra mezcla de Labrador llamada Nittany después de que estuvo atrapada durante horas.
Marco legal y regulatorio: esfuerzos insuficientes
Prohibiciones y restricciones internacionales
Más de 100 países alrededor del mundo han prohibido la trampa de cepo de acero debido al sufrimiento extremo y el dolor que causa a los animales. La Unión Europea aprobó en 1991 el Reglamento 3254/91, que prohíbe el uso de cepos en la Comunidad Europea y la importación de pieles de países que capturen animales silvestres mediante cepos o métodos de captura que no cumplan con los estándares internacionales de trampeo humanitario.
Sin embargo, en países como Estados Unidos, Canadá y Rusia, las trampas de cepo siguen siendo legales y ampliamente utilizadas. En Estados Unidos, estados como Arizona, Colorado, California y Washington han prohibido o restringido severamente el uso de la trampa de cepo de acero. En 2019, California se convirtió en el primer estado en prohibir el trampeo con fines comerciales y recreativos.
El Acuerdo sobre Normas Internacionales de Captura Humanitaria (AIHTS)
En 1997, Canadá y la Unión Europea firmaron el Acuerdo sobre Normas Internacionales de Captura Humanitaria (AIHTS, por sus siglas en inglés), al que se unió la Federación de Rusia en 1998. Estados Unidos firmó un acuerdo bilateral equivalente con la UE ese mismo año. El AIHTS requiere que todas las trampas utilizadas en la obtención de recursos peleteros de animales portadores de piel sean probadas según los estándares establecidos por el AIHTS y deben ser certificadas por una autoridad competente designada.
El acuerdo estableció que las trampas certificadas debían cumplir con los estándares AIHTS inicialmente para el otoño de 2007. Sin embargo, la efectividad de este acuerdo ha sido ampliamente cuestionada por científicos y defensores del bienestar animal.
Críticas científicas al AIHTS: En 2020, un grupo de biólogos de vida silvestre liderado por el experto canadiense-francés en trampeo Gilbert Proulx publicó una revisión que cuestionaba fundamentalmente los estándares del AIHTS. Los investigadores cuestionaron incluso los términos descriptivos fundamentales en los propios estándares: "Mientras que el AIHTS se refiere a estándares 'humanitarios', creemos que este término es inapropiado porque, como profesionales de la vida silvestre, deberíamos estar constantemente esforzándonos por mejorar".
Los autores argumentaron que el término "humanitario" implica que una vez que una trampa ha sido certificada como "humanitaria", no hay necesidad de mejoras adicionales, lo cual es problemático dado que la naturaleza inherentemente cruel del trampeo impide cualquier afirmación de que sea verdaderamente humanitario en cualquier sentido de la palabra.
Los estándares solo se aplican a 12 animales rutinariamente matados por su piel (castor, rata almizclera, nutria, comadreja, marta, pescador, mapache, tejón, coyote, lobo, lince y lince rojo). Notablemente ausentes del acuerdo están visones, zorros y glotones. Además, aunque la trampa de cepo de mandíbula de acero ya no está permitida, versiones superficialmente alteradas de la trampa siguen siendo el estándar, contrario a un propósito central del acuerdo, que era prohibir completamente la trampa de cepo.
Regulaciones fragmentadas y débilmente aplicadas
Las regulaciones sobre trampeo varían enormemente entre jurisdicciones, con diferentes estados y provincias estableciendo sus propias reglas con poca supervisión. En Estados Unidos, aproximadamente una docena de estados requieren que las trampas se revisen solo cada 72 horas (3 días) y algunos no tienen tiempos de revisión de trampas en absoluto para ciertas especies o ciertos tipos de trampas.
En Canadá, los requisitos de verificación de trampas varían desde una vez cada 24 horas hasta una vez cada 14 días, dependiendo de la provincia o territorio. Quebec, por ejemplo, no tiene requisitos de verificación para trampas de contención ni letales. La mayoría de los estados y provincias tienen pocos o ningún límite en el número de especies portadoras de piel comunes que los tramperos pueden matar, y muchos animales pueden ser atrapados durante todo el año.
La señalización de trampas se considera parte de una "buena gestión de líneas de trampeo" pero no es un requisito obligatorio en la mayoría de las jurisdicciones. Esto ha resultado en la captura innecesaria de animales de compañía y animales no deseados en trampas.
Cuestionamientos éticos y científicos
Desde una perspectiva ética, el trampeo plantea serias interrogantes sobre la proporcionalidad entre el beneficio humano y el sufrimiento animal. Los estudios muestran que aproximadamente el 75% de los tramperos en Canadá atrapan principalmente por deporte y recreación, mientras que solo el 20% lo hace por empleo o ingresos.
El mito de la gestión de poblaciones: Contrariamente a la propaganda de la industria peletera, no existe una razón ecológicamente sólida para atrapar animales para la "gestión de la vida silvestre". El trampeo interrumpe las poblaciones de vida silvestre al matar animales sanos necesarios para mantener a sus especies fuertes, y las poblaciones se dañan aún más cuando se matan a los padres de animales jóvenes. Dejadas solas, las poblaciones animales pueden y regulan sus propios números. Incluso si la intervención humana o un suceso natural inusual causara que una población animal aumentara temporalmente, el grupo pronto se estabilizaría a través de procesos naturales.
Conflicto con principios de caza ética: El trampeo entra en conflicto directo con los principios de la caza ética y el concepto de fair chase (persecución justa). Los cazadores éticos buscan una muerte limpia y rápida, mientras que el trampeo es inherentemente cruel debido al sufrimiento y las lesiones que inflige. El trampeo viola directamente el Principio 2 (el comercio de vida silvestre muerta está eliminado) del Modelo Norteamericano de Conservación de Vida Silvestre, que es un sistema de políticas y leyes que tiene como objetivo restaurar y salvaguardar peces, vida silvestre y sus hábitats.
Además, no hay elementos de persecución justa presentes en el trampeo. La persecución justa significa que los cazadores no utilizan ninguna ventaja injusta sobre la caza silvestre, lo que "equilibra" las habilidades y el equipo de los cazadores con la capacidad del animal para escapar. El trampeo es indiscriminado porque una trampa no puede ser dirigida como un rifle.
Subsidios gubernamentales y realidad económica
A pesar de las afirmaciones de que el trampeo genera ingresos para los gobiernos mediante licencias y tarifas de registro, la realidad es que la industria peletera de Canadá a menudo recibe subsidios del gobierno federal y dinero de los contribuyentes. Según datos del gobierno de Canadá, entre 2015 y 2019, se proporcionaron casi 11.5 millones de dólares canadienses en pagos a diversas operaciones de peletería y trampeo en todo Canadá. En los mismos años, el gobierno de Canadá proporcionó 9.2 millones de dólares en subvenciones y subsidios a la industria peletera dentro de Canadá.
El trampeo de animales silvestres para el comercio de pieles representa una práctica que, a pesar de los avances en la conciencia sobre el bienestar animal y los esfuerzos regulatorios internacionales, continúa causando un sufrimiento extremo e innecesario a millones de animales cada año. Las trampas, ya sean de contención o letales, infligen dolor intenso, lesiones traumáticas, estrés psicológico severo y muertes prolongadas y angustiosas.
La naturaleza indiscriminada de las trampas compromete no solo a las especies objetivo sino también a animales de compañía y especies protegidas. Las regulaciones fragmentadas, la supervisión inadecuada y la aplicación deficiente de las normas existentes perpetúan este sufrimiento. Incluso los estándares internacionales diseñados para mejorar el bienestar animal, como el AIHTS, han sido criticados por científicos especializados por ser inadecuados y por perpetuar prácticas crueles bajo una etiqueta engañosa de "humanitario".
Desde una perspectiva de derechos de los animales, el trampeo para satisfacer demandas de moda frívola no puede justificarse frente al inmenso sufrimiento que causa. La evidencia científica sobre la capacidad de los animales para experimentar dolor, miedo y angustia, combinada con la disponibilidad de alternativas sintéticas y materiales sostenibles en la industria de la moda, plantea serias interrogantes sobre la continuación de esta práctica en el siglo XXI. La protección efectiva de los animales silvestres requiere no solo regulaciones más estrictas, sino un reconocimiento fundamental de que estos seres sintientes merecen protección frente al sufrimiento innecesario causado por intereses comerciales.
