La caza en España

El balance anual de la afición a la caza en España es de 30 millones de animales muertos. Aunque el número de licencias de caza se ha reducido en un 61% en los últimos 25 años, siguen saliendo a cazar en nuestro país 850,000 licenciados, que, junto a aquellos furtivos y sin licencia, fácilmente doblan esta cifra.

Anualmente se da permiso para cazar 4.4 millones de conejos, 1.4 millones de liebres, 5 millones de perdices, 90,000 ciervos y 3,664 rebecos entre otros. Gran parte del territorio nacional es coto de caza. El 95% del territorio catalán, por ejemplo, es clasificado como tal.

Algunas administraciones otorgan a la promoción de esta actividad generosas subvenciones con dinero público.

¿Conservación?

La caza ha roto el equilibrio ecológico de nuestra fauna autóctona y nuestros ecosistemas eliminando especies depredadoras e introduciendo híbridos. 270 especies de vertebrados se han extinguido por en mundo a causa de esta actividad.

Los 300 millones de cartuchos que se disparan cada temporada dejan en el campo 5.000 toneladas de plomo. Junto a este plomo, quedan esparcidos en campos, montes y riberas, cantidades de latas, bolsas de plástico y papel de aluminio dejando en entredicho el manido argumento ecologista de los cazadores.

El plomo, metal pesado altamente contaminante, provoca un grave impacto medioambiental y provoca la muerte a decenas de miles de aves acuáticas.

El colectivo de los cazadores tiene como principal argumento el mejorar el equilibrio de las especies. Sin embargo tienen que repoblar el campo de animales que han sido criados de manera intensiva en granjas para luego poder matarlos.

En España existe la granja de cría de perdices más grande del mundo de las que se crían anualmente 5 millones de ejemplares en el estado español. Ésta y muchas más, algunas mantenidas por los gobiernos autonómicos -como la de Torreferrusa en Cataluña, reintroducen ejemplares semi-domesticados en los bosques que sirven de objetivo fácil a los aficionados. Los cazadores también han mezclado jabalíes salvajes con cerdos domésticos para que éstos sean más prolíferos y menos esquivos de los humanos ofreciendo a los cazadores más argumentos (la superpoblación) y facilidades para su caza.

Ante el argumento del control de poblaciones de los cazadores, se pone en duda que exista superpoblación de animales  si hemos reducido sus territorios, construido carreteras, dañado sus hábitats y contaminado sus aguas. En todo caso si hay una población insostenible de alguna especie suele ser porque los cazadores han exterminado sus especies depredadoras, como el caso de los conejos y los zorros.

Por otro lado, los cazadores llenan nuestros montes de trampas, cebos y lazos donde caen todo tipo de animales, pues no son trampas selectivas, muriendo de manera terrible miles de animales no tan sólo salvajes, sino también domésticos.

Durante las cacerías, las batidas, los perros y los disparos pueden repercutir negativamente en la fauna salvaje, debido al estrés y los ruidos. También pueden morir de inanición las crías de hembras que han sido cazadas.

Los Perros

El colectivo de los cazadores es famoso también por las miserables condiciones en las que mantiene a sus perros en realas. Precisamente éste es el colectivo responsable del mayor número de abandonos de perros en nuestro país. Sólo en Cataluña más del 60% de los perros que se encuentran abandonados en protectoras son de caza.

Las rehalas son conocidas por las pésimas condiciones en que se mantiene a los perros, desde FAADA se denuncian numerosas perreras ilegales de cazadores cada año.

Accidentes de Caza

En la última década han fallecido practicando la caza cerca de trescientos cazadores. Según un artículo publicado en Federcaza y los cálculos publicados en el portal agentesforestales.net, la media anual de muertes es de entre 44 y 54,5 (extrapolando los datos obtenidos desde las estadísticas de Mutuasport), y el número de personas heridas al año como resultado de esta afición es -según estas mismas fuentes- de entre 2.585 y 5.282. Así pues la caza pone en peligro no sólo a los propios cazadores sino también a otros usuarios de nuestros campos y montes.

Fuente: FAADA.org