La realidad de la lana expuesta a más de tres millones de personas en prime time

La aparición de AnimaNaturalis en Equipo de Investigación destapó ante la mayor audiencia televisiva española las prácticas que se esconden detrás de cada prenda de lana: mutilaciones sin anestesia, millones de kilos abandonados y un mercado inundado de sintéticos disfrazados de fibra natural. ¿Qué hay realmente detrás de la etiqueta que dice "merino"?

03 marzo 2026
Madrid, España.

A 17.000 kilómetros de España, las ovejas australianas no descansan. Australia exporta 325 millones de kilos de lana al año, abasteciendo al 88% del mercado mundial. Son animales seleccionados genéticamente para producir más: más pliegues en la piel, más lana, más rendimiento. Un diseño deliberado que convierte sus cuerpos en herramientas de producción.

Pero ese diseño tiene consecuencias. Los pliegues artificiales acumulan humedad y atraen a la mosca Lucilia cuprina, que anida entre la lana y provoca infecciones graves en la piel de los individuos. La respuesta de la industria no fue buscar una solución que protegiera a los animales. Fue encontrar una que protegiera la lana.

Esa solución tiene nombre: mulesing. O, como se la conoce en los círculos de defensa animal, lana de sangre.

"Podemos ver cómo a los animales se les corta la cola o se les esquila la zona anal perfectamente sin ningún tipo de anestesia", explica Jaime Posada, coordinador de AnimaNaturalis en Madrid, que participó en el programa de La Sexta. "Hay una mosca que anida dentro de la lana y les provoca heridas dentro de estos pliegues. Para evitar esto, rasuran la zona de la cola y el ano y les provocan heridas de forma que la mosca, en vez de ir a la lana, se acerca a esas zonas. Les llega a provocar necropsias y enfermedades bastante graves", añade.

El resultado: miles de ovejas sometidas a una mutilación sin analgesia para que la fibra llegue intacta a las fábricas. Y desde las fábricas, a las tiendas. Y desde las tiendas, a los armarios.

Por qué este problema nos concierne a todos

El mulesing no es una práctica marginal ni clandestina. Es un estándar industrial. Dado que el 88% de la lana que se comercializa en España procede de Australia, es razonable asumir que la gran mayoría de las prendas de lana que se venden en nuestro país han pasado por este proceso.

La práctica está prohibida en algunos países europeos. Alemania la ha vetado expresamente. En España no existe esa prohibición, aunque, según Posada, no se utiliza en la cabaña nacional. El problema es que el mercado no distingue. Una etiqueta que dice "lana merina" no informa al consumidor de si el animal que la produjo fue sometido a una mutilación.

Y hay alternativas. Posada lo señala sin ambigüedad: "Una medicación que se puede dar a la oveja para que no sea atacada por esta mosca, pero es más costosa y tienes que estar oveja por oveja dándole esta pastilla". La industria las conoce. Y, en la mayoría de los casos, las descarta por motivos económicos.

La paradoja es que, mientras las ovejas australianas son sometidas a este trato para sostener un mercado global, en España la lana no vale nada. Cristian Jimeno, ganadero ovino, lo expresa sin rodeos: cada campaña de esquila le cuesta 15.000 euros. De su rebaño de 7.000 ovejas salen alrededor de 20.000 kilos de lana que, literalmente, no sabe qué hacer con ellos: "No se puede destruir, no se puede quemar, no se puede tirar a ningún sitio. Entonces no sabemos qué hacer con ello".

Carlos Esteban, ganadero de Teruel, acumula la lana junto al estiércol: "Esto es un residuo. No se puede tirar a ningún lado. Es ignífuga, no arde tampoco". Solo este año, España ha generado más de 20.000 toneladas de lana sin destino.

Mientras tanto, las tiendas online venden prendas "de lana merina" que, al llegar a casa del consumidor, resultan ser poliéster. Un engaño que afecta tanto a quienes compran como a quienes crían ovejas, y que evidencia la falta total de trazabilidad en un sector que mueve miles de millones.

Para Aïda Gascón, directora de AnimaNaturalis en España, el problema va más allá de la etiqueta: "Estamos ante un sistema donde el sufrimiento de los animales es invisible por diseño. La industria no quiere que sepas lo que hay detrás de cada prenda. Por eso, cada vez que esta información llega a millones de personas en prime time, algo cambia".

Cuando tres millones de personas se enteran de lo que no debían saber

El pasado mes de marzo, Equipo de Investigación, el programa de investigación periodística de La Sexta presentado por Glòria Serra, emitió un reportaje sobre la crisis de la lana en España. La aparición de Jaime supuso que, por primera vez en mucho tiempo, un programa de máxima audiencia conectara la crisis económica del sector ganadero con el sufrimiento de los animales que lo sostienen.

Más de tres millones de personas vieron ese programa.

No fue un accidente. Detrás de esa aparición hay meses de trabajo de documentación, contacto con medios y posicionamiento institucional. Y detrás de ese trabajo, una red de coordinadores locales voluntarios repartidos por toda España que, sin remuneración, amplifican la voz de AnimaNaturalis en sus territorios: hablan con periodistas locales, organizan acciones, forman a activistas y abren puertas que desde la sede central serían imposibles de abrir.

Gascón reconoce el valor de este trabajo invisible: "Llegar a un programa de prime time no ocurre porque llamemos un día a la puerta de una televisión. Ocurre porque llevamos años construyendo credibilidad, relaciones y conocimiento. Nuestros coordinadores son parte fundamental de ese proceso. Son los que hacen que AnimaNaturalis no sea solo una organización, sino una comunidad presente en cada rincón del país".

La campaña contra el mulesing ya tiene apoyos internacionales. El actor Joaquín Phoenix se ha sumado públicamente a la denuncia de esta práctica. Marcas como Mango o Zara han prometido eliminar de sus colecciones la lana vinculada a mutilaciones en un plazo de cinco años. Son compromisos que no existirían sin la presión sostenida de organizaciones como AnimaNaturalis.

"Estos hitos comunicativos no son el objetivo final, son la palanca", sostiene Gascón. "Cada vez que el sufrimiento de los animales llega a los hogares de millones de personas, se abre una grieta en la normalización. Y por esas grietas entra la posibilidad del cambio".

Porque la visibilidad sin acción no basta

El mulesing existe porque es más barato que la alternativa. Y es más barato porque la demanda de lana no exige transparencia. Eso puede cambiar, y empieza por decisiones individuales que, sumadas, se convierten en presión de mercado.

Antes de comprar una prenda de lana, puedes exigir trazabilidad: ¿de dónde viene? ¿qué certificaciones tiene? Sellos como ZQ Merino o Responsible Wool Standard (RWS) implican compromisos verificados contra el mulesing. Puedes también optar por fibras naturales de origen local y certificadas, o explorar alternativas de origen vegetal que no impliquen explotación animal.

Y puedes hacer algo más: contribuir a que esta información siga llegando a millones de personas.

AnimaNaturalis es una organización que trabaja los 365 días del año. Eso significa tener equipos disponibles cuando llaman los medios, investigadores que documentan lo que nadie quiere mostrar y coordinadores que mantienen viva la presencia territorial sin cobrar por ello. Todo eso requiere recursos estables.

Lo que tres millones de personas vieron ese miércoles por la noche no fue solo un reportaje. Fue el resultado de años de trabajo colectivo. El próximo capítulo de esa historia también puede ser el tuyo.